Crónica

El histórico castillo de los últimos reyes de Hannover fue vendido por 1 euro al Estado alemán

El histórico Castillo de Marienburg, propiedad centenaria de la Casa de Hannover en Baja Sajonia (Alemania), fue vendido por la suma simbólica de 1 euro debido a que los descendientes de la dinastía no pueden hacerse cargo de la mantención de la residencia, de 135 habitaciones. El príncipe Ernst August Jr. vendió el castillo a la empresa al Estado alemán pero será la empresa privada “Liemak Immobilien GmbH” la que se encargará de administrar la que fuera residencia de verano de los reyes y príncipes de Hannover.

Construido en 1867 y con 135 habitaciones, el magnífico edificio externo está en malas condiciones desde hace mucho tiempo y el Ministerio de Cultura alemán estima que las obras de reparación costarían entre 27 y 30 millones de euros, de los cuales 13,6 serán aportados por el parlamento alemán. Algunos expertos señalan, sin embargo, que para evitar que el castillo se convierta en una ruina deben gastarse más de 60 millones. Los antiguos propietarios del castillo recibirán a cambio el permiso de utilizar el castillo tres veces al año con fines privados o caritativos.

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El castillo fue construido por el rey Jorge V de Hannover (1819-1878), primo de la reina Victoria de Gran Bretaña, para su esposa, la reina María de Sajonia-Altenburg, de la que toma su nombre, en su cumpleaños número 39. El rey soñaba con un castillo con decenas de salones y pasillos, torres de cuento de hadas de más de 30 metros de altura, una gran capilla, establos, un moderno sistema de calefacción y cocinas con agua corriente caliente, una magnífica biblioteca, mobiliario, pinturas y rarezas histórico artísticas del valioso “tesoro de los Hannover“.

Mientras se construia, el rey Jorge V dejó apenas huellas en Marienburg. Nunca pudo ver el impresionante complejo, porque era ciego desde la infancia, y solo pudo palparlo gracias a una maqueta de corcho. Lamentablemente, un par de años antes de la finalización de su construcción el castillo fue abandonado por la familia real cuando el Reino de Hannover fue anexado por Prusia durante la creación del Imperio alemán, gobernado por los Hohenzollern, enemigos históricos de la Casa de los Welfos. El rey Jorge escapó al exilio con su hijo Ernesto Augusto y su hija Federica en Austria, pero la reina María no pudo separarse de su castillo de cuento de hadas y se mudó durante dos años con su hija María y una corte de 40 miembros a Marienburg.

ABANDONADO DURANTE 80 AÑOS

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Después de eso, el castillo estuvo abandonado durante casi 80 años hasta que el príncipe Ernesto Augusto III, que fue duque de Brunswick hasta que la revolución le obligó a abdicar en 1918, se mudó a Marienburgo junto a su esposa, la princesa Victoria Luisa de Prusia. La familia había huido del avance de las tropas soviéticas del castillo de Blankenburg. “Mi esposo y yo ya habíamos visitado Marienburg antes durante un par de días, un verano, y teníamos dispuestas dos habitaciones en el castillo, que había sido construido en estilo gótico en el pasado siglo”, escribió ella dos décadas más tarde. “Había comenzado en 1857 pero jamás fue completamente terminado, y en otra época constituyó el lugar veraniego de retiro de la reina María de Hannover”.

“Las dos habitaciones eran todo lo que teníamos”, prosigue la princesa en sus Memorias, y debíamos hacer el castillo presentable como morada permanente, lo cual representaba una ardua labor, ya que los materiales eran muy difíciles de encontrar en los primeros años de la posguerra. Como siempre, mi esposo planeó la adaptación. La pequeña cocina fue arreglada y cocinábamos todo en un pequeño fogón. Nunca dejó de maravillarme cómo logramos preparar comidas para toda la familia , huéspedes y refugiados que se vinieron con nosotros, con un fuego en miniatura como aquel. Pero lo conseguimos”.

“No había luz en la mayoría de las habitaciones, aparte de las velas, ya que la electricidad no se había vuelto a conectar, pero todo nos lo tomábamos con buen ánimo”, dijo Victoria Luisa. “Al fin y al cabo, no habíamos caído en manos de los soviéticos y eso era lo principal. La mayor parte de las habitaciones del edificio estaban ocupadas por refugiados, y todo el lugar parecía un cuartel (…) A medida que el tiempo fue pasando, los refugiados se marcharon de aquel fortín… y mi esposo logró sacar nuestras pertenencias y una vez más nuestras pinturas, porcelanas y gobelinos quedaron a la vista. Por fin podíamos sentir que Marienburg era nuestro hogar”.

UNA DINASTÍA MUY ANTIGUA

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JORGE V DE HANNOVER CON LA REINA MARÍA Y SUS HIJOS.

Un generación más tarde, el príncipe Ernesto Augusto IV abrió la residencia familiar al público en 1954 con un museo que expone las colecciones familiares. En octubre de 2005, los Hannover subastaron gran parte de los tesoros artísticos de Marienburg, unos 20.000 objetos, en una venta que superó los 44 millones de euros en medio de críticas feroces de parte de muchos alemanes que aseguran que el castillo es parte de la historia alemana.

Poco antes, la propiedad había sido entregada al príncipe hereditario por su padre, el príncipe Ernesto Augusto V, célebre por haber sido el tercer esposo de la princesa Carolina de Mónaco. El actual príncipe hereditario vive en una casa en Londres y en el Furstenhaus (“Casa Principesca”) en los jardines Herrenhausen, cerca de Hannover, y se ocupa de administrar el patrimonio de su dinastía.

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Los Welfs son considerados la familia noble más antigua de Europa, y siguen siendo una familia rica e influyente. No se sabe cuán grande es la riqueza de los Welfs, que tienen grandes propiedades y tesoros artísticos, especialmente en Alemania y Austria. A lo largo de los siglos, los Welfs dieron a Europa emperadores, reyes, duques y electores y emparentaron con numerosas dinastía. Su historia está estrechamente vinculada a la historia de Hannover: Georg von Calenberg hizo de la ciudad su residencia en 1636 y menos de un siglo después, en 1714, el los electores de Hannover se mudaron a Londres, donde se sentaron en unión personal al mismo tiempo en el trono de Gran Bretaña.

Después del final de la unión personal en 1837, el trono de Hannover pasó a ser ocupado por el príncipe Ernesto Augusto de Inglaterra, duque de Cumberland, y más tarde por su hijo Jorge V. Después de la Primera Guerra Mundial, cuando la nobleza alemana fue abolida, los príncipes tuvieron que abdicar. Dado que los Welfs habían perdido su reino desde 1866, todavía son los únicos de las dinastías anteriormente gobernantes que nunca han declarado oficialmente una renuncia al trono.

SC/DS

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