España

Luisa Isabel, la “mujer más desagradable” de Francia se convierte en la “Reina Loca” de España

En 1715, al morir el rey Luis XIV de Francia, su nieto Felipe V de España recordó que él mismo era un príncipe de sangre real francesa y duque de Anjou, y que por eso podía pretender ser el regente del nuevo y joven rey francés, su sobrino Luis XV, cuya precaria salud parecía indicar que muy pronto dejaría el trono vacante.

Así, a fin de calzarse la corona francesa (parece que la de España le aburría mucho), el 15 de enero de 1724 Felipe V abdicó y le cedió el trono a su hijo mayor, el rey Luis I. Mala idea. Luis I fue el más breve de los monarcas españoles y ascendió al trono junto a su joven esposa, Luisa Isabel de Orleáns (1709-1742), la que fuera la reina más escandalosa de todos los tiempos.

Sí, ni Letizia la ha superado.

Como los Borbones de España, Luisa Isabel también era francesa. Era la quinta hija del matrimonio de Felipe de Orleáns, mientras su madre era una de las hijas bastardas de Luis XIV, María Francisca de Borbón. Ser hija de parientes tan cercanos parece haber hecho mella en la salud mental de la pobre Luisa.

Los duques de Orleáns esperaban un hijo varón después de haber tenido dos niñas, por lo que el nacimiento de Luisa Isabel fue una decepción para todos. Su llegada al mundo fue tan desagradable que sus padres ni se tomaron la molestia de bautizarla.

Tan poca atención le prestaron a la niña que, cuando se comenzó a hablar de su compromiso matrimonial con el Príncipe de Asturias, se dieron cuenta de que ella ni siquiera tenía nombre. Hasta entonces había sido conocida como “Mademoiselle de Montpensier” y nada más.

En menos de una semana, Mademoiselle tuvo que ser bautizada y recibió el bonito nombre de Luisa Isabel. Pese a haber sido criada en la corte más fastuosa y esplendorosa de su tiempo (asistía a la ópera desde los cuatro años), Luisa Isabel fue dejada a la buena de Dios.

Al momento de su compromiso, Mademoiselle desconocía los buenos modales, la cortesía, el protocolo, no sabía leer ni escribir, no le interesaban ni el arte ni la música y fue adquiriendo poco a poco costumbres que desagradaban a cualquiera que se encontrara en su presencia.

Su abuela paterna, Madame de Orleáns, no la quería mucho, y prueba de ello es lo que escribió sobre ella en una carta: “No puede decirse que Mademoiselle de Montpensier sea fea; tiene los ojos bonitos, la piel blanca y fina, la nariz bien formada y la boca muy pequeña. Sin embargo, a pesar de todo esto, es la persona más desagradable que he visto en mi vida; en todas sus acciones, bien hable, bien coma, bien beba, os impacienta”.

Luisa Isabel llegó a Francia en un cortejo compuesto por dieciocho carruajes y cientos de sirvientes. Para escándalo de todos los presentes, coqueteó con su futuro marido apenas lo vio por primera vez. Según el duque de Saint-Simon, uno de los testigos, “la princesa de Asturias no puede disimular su carencia de educación. Se muestra engreída con sus damas y abusiva con la bondad de los reyes”.

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FELIPE V, LA REINA ISABEL Y SU FAMIILIA EN UN RETRATO DE 1743.

La boda de los Príncipes de Asturias se celebró el 20 de enero de 1722. Pero recién casados no eran más de que dos niños menores de veinte años sin la menor preparación para reinar, y tampoco fueron preparados para cumplir su misión de dar a España un heredero al trono. Se cree que por esta razón jamás pudieron tener hijos.

Apenas dos años después, cuando el príncipe Luis tenía 17 años, fue proclamado rey de España. Sus súbditos no tardaron mucho en apodar a su esposa francesa como “la Reina Loca” a causa de los rumores que corrían por todo el reino sobre la pésima conducta de Luisa Isabel.

Para los cortesanos, era cada vez más evidente que Luisa Isabel tenía un tornillo flojo. La reina comía durante días para luego esconderse y comer de modo compulsivo todo lo que encontraba a mano, fuera comestible o no, y acompañaba sus comidas con abundante vino, cerveza y aguardiente.

Se dedica a eructar y ventosear en público, se niega a hablar, presenta una peculiar tendencia a comer a escondidas dulces y también rábanos que flotan en gran cantidad de vinagre“, escribe la biógrafa Alejandra Vallejo-Nájera.

De este modo, el personal del palacio se acostumbró a verla correr por salones palaciegos y jardines, completamente borracha y, a veces, casi desnuda. ¡Un escándalo! Los ciudadanos comunes, sin embargo, la veían con gracia, pues pensaban que así era como se comportaban los franceses.

Se murmuraba que, de una sola vez, la reina era capaz de comerse una sopa, dos platos de carne, dos huevos cocidos, dos platos de asado con ensalada y, como postre, se llenaba hasta el cansancio de toda clase de dulces. “¡Se come hasta el lacre de los sobres!”, le contó el marqués de Santa Cruz al rey Felipe V.

Cuando Luisa Isabel visitaba al rey Felipe V, en su palacio real de La Granja (Segovia) se burlaba de todo, empezando por el protocolo cortesano, las pelucas de los nobles y hasta de su suegro, que vagaba deplorablemente vestido, sin bañarse y sin dormir, víctima de su propia locura. En uno de sus momentos de lucidez, Felipe V amenazó con encerrarla si seguí portándose así.

En el campo, Luisa Isabel se dedicaba a corretear por terrazas y jardines vestidas apenas con un camisón fino que dejaba entrever su silueta. Impiadosamente, la reina buscaba que el viento levantara su camisón y mostrara su desnudez a cualquiera que se le cruzara. En cierta ocasión, cuando el noble marqués de Magny, mayordomo de semana, intentó ayudarla a bajar de un árbol al que había trepado casi desnuda, la reina lo acusó de haberla violado.

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LUIS I, EL MÁS BREVE MONARCA ESPAÑOL

El lamentable incidente fue aireado a los cuatro vientos por Luisa Isabel, comentándolo con detalles y palabras de muy mal gusto ante cualquiera que quisiera oírla. El suegro Felipe V tuvo la mala suerte de ser uno de estos espectadores mientras la reina Isabel se daba golpes en el pecho y exclamaba: “Hemos hecho una terrible adquisición”.

Por su parte, el embajador inglés escribió al rey de Inglaterra: “No hay nada que justifique la conducta inconveniente de la reina. A sus extravagancias, como jugar desnuda en los jardines del palacio; a su pereza, desaseo y afición al vino; a sus demostraciones de ignorar al joven monarca, responde el alejamiento cada vez más patente del rey ante ella“.

Cuando ya era muy obvio que la reina sufría desórdenes psíquicos, solía presentarse sucia y maloliente, escandalizando a los nobles y la diplomacia. A la desnudez y los eructos en público se sumó también la extraña obsesión por la limpieza: en una recepción, los presentes pudieron ver atónitos cómo la reina se desnudaba y limpiaba con su vestido los cristales del salón. ¡Aquello fue el colmo!

El rey don Luis, destrozado, escribió a su padre: “No veo otro remedio que encerrarla lo más pronto posible, pues su desarreglo va en aumento”. Una tarde en que Luisa Isabel fue a dar un paseo por la Casa de Campo, fue detenida por un escuadrón de guardias de corps y, por orden de Su Majestad, encerrada en el alcázar con apenas un puñado de personas a su servicio.

Dos semanas de penoso encierro parecieron encausar a la reina rebelde, quien envió varias cartas al rey Luis pidiéndole perdón y mostrándole su arrepentimiento por su conducta. Poco después, Luisa Isabel tuvo oportunidad de demostrar este arrepentimiento al permanecer al lado de su marido cuando enfermó de viruela y lo acompañó hasta su último día de vida, el 31 de agosto de 1724.

Luis I (“el Breve”) tenía diecisiete años y había reinado durante 229 días. El rey padre, Felipe V, bastante recuperado de sus vapores, volvió a reinar en España y su esposa, la influyente reina Isabel, le aconsejó que lo mejor para todos sería devolver a Luisa Isabel a Francia. España se libraba, por fin, de una reina loca, para volver a caer en manos de un rey loco.-

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TRAS ENVIUDAR, LUISA ISABEL FUE “DEVUELTA” A FRANCIA, DONDE MURIÓ EN 1742.

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