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El zoológico más antiguo del mundo existe gracias a la curiosidad de un emperador de Austria

Durante el reinado de María Teresa de Austria, el palacio imperial de Schönbrunn albergó un hermoso zoológico que todavía existe, que hoy es una gran atracción turística de Viena y es el parque de animales más antiguo del mundo. Se trata del Tierngarten Schonbrunn, que nació cuando el esposo de la emperatriz, decidió crear un jardín botánico de especies exóticas para disfrute personal.

El extravagante consorte Francisco Esteban de Lorena (1708-1765), elegido Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en 1745, era un gran aficionado de las ciencias y la naturaleza. Había mantenido contacto desde su infancia con las ideas de la Ilustración, ya que la residencia de su padre, con bibliotecas y galerías de arte, fue considerada una de las residencias más ilustradas de Europa Central.

El hijo no solo continuó la tradición, sino que gracias a sus éxitos económicos pudo sentar las bases de numerosas instituciones que aún se encuentran entre los lugares más importantes de Viena: la colección de monedas y medallas, así como tapices en el Museo de Historia del Arte de Viena (Kunsthistorisches Museum) y la Casa de las Fieras (Menagerie), que comenzó en 1751.

Según la escritora, Cristina Morató, Francisco Esteban ese año comenzó a reunir “una insólita colección de animales salvajes, que mandó instalar en un lugar del jardín donde pudiera contemplarlos mientras desayunaba. Su zoológico privado incluía un camello enviado por un sultán, un puma, un rinoceronte, ardillas rojas y vistosos loros de colores que hacían las delicias de los niños“.

A principios del año 1752, la construcción había progresado tanto ya que era posible comenzar a criar animales. Las instrucciones imperiales fueron para los embajadores, embajadores, comerciantes y hombres de negocios en los grandes puertos. Además, un cuidador de animales bien informado fue enviado a Amsterdam para realizar compras locales.

Francisco Esteban quería sobre todo raras aves exóticas y de ninguna manera “monos, loros y todos los animales que tenían que ser alimentados con carne”, debido a la molestia de los olores.

En ese momento, las colecciones de animales salvajes eran comunes en las cortes reales de toda Europa. Los monarcas vivían rodeados de animales traídos de misiones exploratorias financiadas por familias gobernantes y brindaban la oportunidad de mostrar sus adquisiciones mientras permitían a los eruditos estudiar las ciencias naturales.

En general, la cría de animales ha sido parte de los gobernantes de Europa Central desde los comienzos del período moderno: servían para la caza, la representación y el esplendor, como en el Versalles de Luis XIV. Sin embargo, fue el príncipe Eugenio de Saboya (1663-1736), mecenas de las artes y diplomático, quien estableció nuevos estándares.

En su residencia de verano Belvedere tenía un zoológico semicircular junto al castillo superior, cuya rica población de animales se podía observar en las salas estatales del palacio. Tras su muerte, en 1736, el emperador Carlos VI envió a los animales a Viena, dejando en Belvedere solo un buitre de cabeza blanca que murió en 1824, después de haber pasado 117 años en cautiverio.

La colección animal más antigua e históricamente verificable en Austria data de 1452, cuando el alcalde de Viena tenía algunos animales en el foso para Ladislaus Postumus (1440-1457), rey de Hungría y Bohemia, un niño de doce años. El emperador Fernando I (1503-1564) tuvo en su corte leones, tigres, leopardos, osos, monos y una gran cantidad de “cuervos indios”, como se llamaba a los loros.

Maximiliano II (1527-1576) instituyó el que quizás fue el primer jardín zoológico de Viena en su castillo de Kaiserebersdorf, para dar alojamiento adecuado de un elefante que llevó desde España. El animal causó tal revuelo en su a Viena, que muchas posadas y hoteles, que aún llevan el nombre de “Zum Elefanten” , dan testimonio de esto. La “Menagerie” (casa de fieras) de Maximiliano tenía leones, guepardos y tigres.

El zoológico de Francisco Esteban de Lorena es sin embargo, es único que perduró en el tiempo y hoy es el más antiguo del mundo, ya que la mayoría de los anteriores eran cerrados después de la muerte del emperador que los fundó.

LA JIRAFA QUE MARCÓ TENDENCIA

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FRANCISCO ESTEBAN DE LORENA

Después de un año, el emperador pudo caminar orgullosamente más allá de los 13 recintos dispuestos alrededor de un pabellón barroco. El 31 de julio de 1752, el duque de Khevenhüller-Metsch, Chamberlán de la Corte, señaló en su diario: “Por la tarde, el emperador llevó a algunos espectadores a la Casa de Fieras, que ahora se ha concluido en su mayoría”.

La “Menagerie” estuvo especialmente reservada a la familia imperial, diplomáticos e invitados especiales de los emperadores. Pero a partir de 1778, años después de la muerte de Franciso Esteban, el zoológico imperial y el parque se abrieron a “personas decentemente vestidas”. El hijo de Francisco Esteban, el emperador José II, se encargó de que todos sus súbditos fueran bienvenidos en la Casa de las Fieras.

En los años siguientes llegaron desde todas partes a Schönbrunn, bajo la influencia de las guerras napoleónicas, aves acuáticas, pollos exóticos, faisanes de la India, un rinoceronte llegado en barco por el río Danubio, elefantes africanos, osos polares, lobos, hienas y canguros. A principios del siglo XIX, cientos de curiosos y estudiantes visitaban el zoológico imperial.

Durante el reinado de Francisco II, el zoológico de Schönbrunn recibió una jirafa por primera vez como un regalo del virrey de Egipto. Su llegada, en 1828, influyó en la moda, la artesanía y la vida social en Viena y condujo a una afluencia de visitantes sin precedentes. Fue tal la emoción por la llegada de la jirafa a Viena, que se crearon vestidos, guantes y utensilios con motivos de jirafa, peinados y un perfume “à la Giraffe”.

También se inventaron un pastel de jirafa y un bizcocho llamado “Giraffeln”, que se comercializó en muchísimas panaderías vienesas hasta bien entrado el siglo XX. Incluso el compositor teatral Adolf Bäuerle se inspiró para escribir la obra “La jirafa en Viena”. Sin embargo, cuando la desafortunada jirafa murió menos de un año después de su llegada, la locura terminó bruscamente.

Aunque abierta al público, la Casa de las Fieras continuó siendo propiedad privada de la familia imperial hasta el final de la monarquía austro-húngara, en 1918. Para entonces, el zoológico contaba con casi 3.500 animales de más de 700 especies, incluidos elefantes, rinocerontes, hipopótamos, tapires, jirafas, osos hormigueros, focas y numerosas especies de grandes felinos y osos. Era uno de los zoológicos más bellos del mundo.

EL FIN DE LOS HABSBURGO

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El estallido de la Primera Guerra Mundial, la muerte del emperador Francisco José y la caída de los Habsburgo terminó un período de gran crecimiento y modernización, y debido a que muchos cuidadores de animales experimentados fueron reclutados para el servicio militar, el zoológico comenzó a morir.

La escasez de suministros de alimentos, especialmente carne para los carnívoros también se cobró un grave precio, obligando a los cuidadores del zoológico restantes a tomar decisiones difíciles. Muchos de los animales fueron sacrificados y utilizados para alimentar a los demás.

Los animales no fueron los únicos que soportaron las dificultades: la escasez de alimentos imperaba en toda Europa Central. En 1918, un soldado mató a tiros a uno de los osos polares de Schonbrunn y, tras ser arrestado, afirmó que le disparó al animal porque “él obtiene 10 kilogramos de carne todos los días mientras que yo tengo que pasar hambre”. (En realidad, el desafortunado oso subsistía principalmente con cabezas de pescado).

En los años ’20, una eminencia de la biología, el doctor Otto Antonius, comenzó a dirigir el zoológico haciendo hincapié en la protección de las especies. Años más tarde, abrazó el nazismo y, tras la anexión de Austria en 1938 por la Alemania nazi, modernizó el zoológico y lo decoró con una multitud de banderas con cruces esvásticas.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el zoológico sufrió un daño extenso por los bombardeos aliados, que resultó en la muerte de muchos animales, incluyendo un elefante y un hipopótamo. En 1945, año del final de la guerra, solo quedaban 300 animales. El día en que llegaron las tropas soviéticas, tanto Antonius como su esposa se quitaron la vida.

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