Europa

Recuerdos imperiales: así fue, hace 105 años, la última boda real del Imperio Alemán

El 24 de mayo de 1913, hace 105 años, por última vez en Berlín sonaron las fanfarrias y valses en la corte del káiser Guillermo. Menos de un año después, el mundo se vería castigado por la mayor conflagración bélica de la historia y, cinco años después, los imperios europeos como el Alemán o el Austro-húngaro ya eran historia. Se puede decir que fue, sin embargo, que gracias a las ansias del káiser por lucir su poder y esplendor, la de su hija fue la primera boda real mediática del siglo XX.

La protagonista de esta última boda fue la princesa Victoria Luisa, la única hija, la favorita, del emperador Guillermo II; la madre de la reina Federica de Grecia, la abuela de la reina doña Sofía de España y la bisabuela del rey don Felipe VI. Su marido era el príncipe alemán Ernesto Augusto de Hannover, hijo del duque de Cumberland, descendiente de los reyes británicos y pretendiente al ducado de Brunswick, que fue restituido a la dinastía Welf como “regalo de bodas” de Guillermo II a su hija.

wilhelm_ii_deutscher_kaiser_18881918

EL KAISER GUILLERMO Y SU HIJA, VICTORIA LUISA

Los reyes de Inglaterra, el zar Nicolás II de Rusia y un gran contingente de príncipes y princesas de toda Europa llegaron hasta Berlín con sus mejores galas a pesar de que la política exterior del káiser ya era considerada una gran amenaza a la paz europea. “A causa del inestable estado de Europa”, escribió la reina María de Inglaterra, “habíamos decidido no hacer ninguna visita oficial ese año, pero como William [el káiser] nos invitó amablemente a ir a Berlín para la boda de su hija, aceptamos la invitación meramente como reunión de familia“:

De los invitados a la boda, los primeros en llegar fueron los reyes de Inglaterra“, escribió la princesa Victoria Luisa en sus memorias. “… A mediodía llegó el zar de Rusia y las coloridas ceremonias de bienvenida empezaron de nuevo. El ciertamente imponente aspecto de Nicolás II provocó en los berlineses que le aguardaban un auténtico frenesí de excitación y admiración“. La boda fue la última oportunidad en que el rey Jorge V de Inglaterra (el primo Georgie) se reunió con su querido primo Nicky de Rusia.

“La llegada de todos los invitados a la boda hizo de Berlín un escaparate magnífico, pues se trataba de un despliegue de realeza raramente visto con anterioridad”, prosigue la novia en sus memorias. “Masas de gente se congregaban en las calles de la capital para presenciar el desfile de los príncipes. Habían venido de todas partes para alinearse en la ruta por donde pasarían los invitados y la vista del inmenso gentío en Unter der Linden, Opera Platz y frente al palacio era indescriptible“.

Prinzessin_Victoria_Luise_und_Prinz_Ernst_August,_1913-01

VICTORIA LUISA Y SU MARIDO, ERNESTO DE HANNOVER

IMG_20180524_053741-01

LA PROCESIÓN NUPCIAL EN EL PALACIO DE BERLÍN

La de Victoria Luisa fue la primera boda real europea que no se celebró en la intimidad, sino públicamente. “La policía tuvo que emplear más que sus manos para proteger las vidas ante la multitud que cada vez presionaba más“, informó el diario Berlin Anzeiger la víspera del casamiento. “La gran, inconmensurable masa de público no rompió, no pudo romper filas… cada carruaje que pasaba era saludado con tremendas aclamaciones. Fue un espectáculo inolvidable. El júbilo del pueblo no conoció límites”.

El presente que me hizo mi padre fue una diadema y un collar de perlas, mientras que mi madre me regaló una tiara de diamantes“, escribió la princesa. “El rey Jorge y la reina María me regalaron una prodigiosa copa de oro y un broche de diamantes; Ernesto Augusto [de Hannover, su futuro suegro], un juego completo de joyería. La reina madre de Inglaterra, Alejandra, me ofreció un broche de esmeraldas. Del zar recibí un collar de aguamarinas y diamantes.

d68bba55bdddfec2e07b062e059d9adf-01

MARÍA DE INGLATERRA VESTIDA DE GALA EL DÍA LA BODA.

IMG_20180524_053756-01

LA BODA FUE LA ÚLTIMA VEZ QUE SE VIERON LOS PRIMOS “NICKY” Y “GEORGIE”

Los reyes de Italia me enviaron vasos antiguos de plata y la reina Guillermina de Holanda un antiguo reloj de péndulo. Me hicieron regalos en abundancia, desde los reyes de Dinamarca y Suecia hasta diversas ciudades de Alemania, y desde Brunswick recibí una diadema que había pertenecido a Josefina, emperatriz de Francia. El número de presentes fue tan grande que hicieron falta varios furgones de mudanzas para transportarlos“.

La boda civil se realizó el soleado 24 de mayo en el palacio imperial de Berlín y posteriormente se celebró la boda religiosa en la capilla. “La reina María de Inglaterra se sintió tan conmovida por la ceremonia que prorrumpió en lágrimas”, contó Victoria Luisa. “Más tarde se llegaría a decir que sollozó porque en aquel momento tuvo el presentimiento del próximo desastre de la guerra que al año siguiente estallaría sobre todos nosotros. Eso no son más que ganas de hablar. La reina María se sentía muy unida a la familia Welf y es comprensible que la ceremonia la emocionara“.

La noche previa hubo una gran celebración de gala con una representación de “Lohengrin”, de Richard Wagner. Tras la ceremonia, hubo un gran banquete para 1.000 invitados que comenzó a las 7 de la tarde en el Salón Blanco del palacio y los mil platos fueron servidos por dos altos generales prusianos que se los pasaban a los lacayos, quienes les entregaban los platos a los oficiales de la corte y estos finalmente a los comensales.

IMG_20180524_053746-01

LA BODA SE CELEBRÓ EN EL PALACIO DE MARMOL, POTSDAM.

756d370f15cce91477f370cf9d029312-01

FUE LA ÚLTIMA GRAN BODA ANTES DE LA CAÍDA DEL IMPERIO

Se hizo todo cuando pudo pensarse para honrar la ocasión con el objeto de añadirle pompa y solemindad, pues aquel fue realmente el día de triunfo supremo del káiser, quien se vio a sí mismo como anfitrión de los dos monarcas más poderosos, recibidos ambos en su corte“, escribió la princesa Cecilia, cuñada de Victoria Luisa.

Los regalos que cayeron sobre la novia fueron de un valor fabuloso y comprendían, entre otras cosas, las piedras familiares de los duques de Brunswick, que habían sido confiscadas por Prusia cuando Hannover fue conquistado y que habían reposado en un depósito de Berlín hasta que fueron retiradas y entregadas como regalos de boda a la princesa Victoria Luisa.

“Entre ellas”, prosigue la princesa Cecilia, “estaba una tiara de diamantes [Tiara Brunswick] que era considerada una de las más bellas del mundo y que había formado parte de la dote de la infortunada reina Sofía Dorotea de Hannover, quien había terminado sus días como solitaria prisionera en el castillo de Ahlden, en Prusia. Algunas de las piedras de esa tiara habían llegado a Alemania desde Francia con la madre de aquella reina, la bella Eleonore d’Olbreus (…) Pero también estaban las famosas perlas que, en otro tiempo, habían pertenecido a la reina Carlota de Inglaterra, la consorte de Jorge III…”

40d6a950dfdd6c6174bd6a194ca23fb9.jpg

VICTORIA LUISA Y LA TIARA BRUNSWICK, DE LA REINA SOFÍA DOROTEA DE INGLATERRA.

Durante el banquete, el káiser pronunció un emotivo discurso:

“Mi querida hija, hoy cuando dejas nuestra casa, quiero darte las gracias desde el fondo de mi corazón por toda la alegría que nos has dado a mí y a tu madre, y por el rayo de sol que has sido en nuestra casa. Has entregado tu mano y tu corazón a un hombre que procede de una honorable casa soberana y una vieja estirpe alemana”.

“No hay que decirte que eres libre de seguir los dictados de tu corazón y elegir al hombre que amas”, agregó Guillermo II mirando a su hija en su aclamado discurso. Dirigiéndose a su flamante yerno, el káiser le dijo: “Tenemos la más absoluta confianza en que la protegerás y la cuidarás y estamos completamente seguros de que su rayo de sol entrará en tu casa…”

Uno de los invitados describió la gala nupcial como “un espectáculo espléndido, lleno de dignidad y encanto” y relató el momento del baile: “Venía el novio llevando a la novia de la mano y las cuatro damas de honor vistiendo de rosa que le llevaban la cola. Cuando hubo terminado la primera vuelta, la novia se acercó al káiser, hizo una reverencia y le invitó, así como al duque de Cumberland, a unirse al baile.

02c91591e12eb6072386b0058db1fab2-01

VICTORIA LUISA Y ERNESTO DE HANNOVER, BISABUELOS DEL REY FELIPE VI DE ESPAÑA.

“Al mismo tiempo, el novio se acercó a la kaiserina y a la duquesa de Cumberland y les invitó a unirse a él. A la siguiente, la novia pidió al rey de Inglaterra y al zar de Rusia que bailaran, mientras que el novio lo hacía con la reina de Inglaterra y la princesa de la Corona”.

“El espectáculo de mi baile con el rey de Inglaterra y el zar de Rusia fascinó a todos los presentes”, relató Victoria Luisa. “No era algo que ocurriera todos los días, por supuesto; pero allí estaban los soberanos de las dos naciones más poderosas de la Tierra, con la hija del káiser alemán entre ellos, todos bailando juntos. Al finalizar el baile, el zar se volvió hacia mí y me dijo: ‘Mi deseo es que seas tan feliz como lo soy yo’. Nunca he olvidado esas palabras. Fueron las últimas que oiría del zar Nicolás”.

Esa misma noche, la emperatriz Augusta de Alemania dio por finalizado el diario que había empezado a escribir el día que nació su hija, en 1882: “Me arrodillé ante la cama durante la noche y pedí a Dios que proteja a mi niña, a mi pequeña. ¡Que sea feliz, oh Señor!”. Como si de verdad presintiera que los días de gloria de Europa llegarían pronto a su fin, la reina María escribió: “Nos despedimos todos con tristeza después de tan encantadora visita”.

Anuncios
This entry was posted in: Europa

por

Creador y autor de Secretos Cortesanos. En Twitter y en Instagram soy @dariosilvad.