Rusia

La tragedia de Ella de Rusia: la princesa más bella de Europa, santa y mártir

Isabel de Hesse-Darmstadt, apodada “Ella” por su familia y rebautizada Elizaveta en Rusia, nació siendo una princesa alemana; fue la segunda hija del gran duque Luis IV de Hesse-Darmstadt y de la princesa Alicia de Inglaterra.

Cuando llegó a Rusia para contraer matrimonio fue conocida como la princesa más hermosa de Europa y durante el resto de su vida ayudó a los pobres. Por su labor, fue canonizada como santa de la Iglesia ortodoxa tras su muerte durante la Revolución rusa. Este año se cumple un siglo de su ejecución.

La vida de Isabel (1864-1918) estuvo marcada por la tragedia de principio a fin. En 1873 su hermanito menor, Federico, enfermo de hemofilia, falleció al caer desde una ventana a la edad de tres años. Cinco años más tarde, en noviembre de 1878 una terrible epidemia de difteria asoló el ducado de Hesse y no pasó por alto a la familia ducal.

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La princesa María, la hija pequeña de la familia, falleció pocos días después de serle diagnosticada la enfermedad. La princesa Alicia, en su papel de madre abnegada, se encontraba consolando a su hijo Ernesto, contagiado también, y le dio un beso en la mejilla. Aquel gesto condenó a Alicia, quien falleció de difteria pocos días después, el 14 de diciembre de 1878. Su hija Ella tenía 14 años.

Isabel fue muy religiosa desde su infancia y participaba junto a su madre en acciones de carácter caritativo. Aunque al superar la adolescencia la princesa alemana llevaba una vida solitaria y no parecía estar interesada en el matrimonio, era necesario para la corte ducal de Hesse que se casara con un importante príncipe europeo y el elegido fue Sergei Alexandrovich, el quinto hijo del zar Alejandro II de Rusia.

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Uno de los muchos pretendientes que tuvo fue el káiser Guillermo II de Alemania, quien nunca olvidó su belleza hasta el punto de haber intentado rescatarla de Rusia cuando estalló la revolución. Obediente al destino que todo el mundo había planificado para ella, Isabel viajó a Rusia y, a la edad de veinte años, se comprometió con Sergei y se convirtió a la fe ortodoxa, contra las objeciones de su padre, adoptando un nuevo nombre, el de Elizaveta Fiodorovna Romanova.

Desde el primer día de su nueva vida en Rusia, Elizaveta hizo todo lo que pudo para conocer el idioma y las tradiciones de Rusia, y muy pronto llegó a conocer ambas cosas a la perfección, lo que le granjeó popularidad tanto en la corte como entre los súbditos del emperador. Su hermana menor, Alix de Hesse, se casó en 1894 con el zar Nicolás II pero por su carácter, melancolía y fanatismo religioso, nunca llegó a ser querida por los rusos.

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Como esposa del gobernador general de Moscú (cargo que Sergei ocupó desde 1891), Elizaveta organizó la Sociedad Caritativa Elizaveta en 1892. Las actividades de la sociedad pronto se extendieron a lo largo de toda la provincia de Moscú. En todas las parroquias de la capital se crearon Comités Isabelinos. Además de eso, Elizaveta dirigía el Comité de Mujeres de la Cruz Roja.

Tras el comienzo de la guerra ruso-japonesa, Elizaveta organizó el Comité Especial de Ayuda a los Soldados, bajo cuyos auspicios fue creado un centro de donación en el Gran Palacio del Kremlin: en el mismo se almacenaba vendajes, se cosía ropa, se reunían paquetes postales, y fueron creadas iglesias ambulantes. Pero la crisis política, militar, social y económica del imperio era insostenible.

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Caos, huelgas, protestas y ataques terroristas hicieron estallar la Revolución. El gran duque Sergei consideraba que se debían tomar medidas más severas contra los revolucionarios, sin embargo presentó su renuncia. A pesar de ello, el Comité de Combate Revolucionario-Socialista lo sentenció a muerte y el 18 de febrero de 1905 fue asesinado por la explosión de una bomba lanzada por Iván Kaliáiev.

Poco tiempo después de la muerte de su esposo, Elizaveta vendió sus objetos de valor, habiendo antes devuelto al tesoro público la parte de estos pertenecientes a la dinastía Romanov, y destinó el dinero a compra de una propiedad en la calle Bolshaya Ordinka, con cuatro casas y un espacioso jardín en donde estableció el Convento de Santa Marta y Santa María (Marfo-Mariinski) en el año 1909.

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Una vez establecida en el convento, la gran duquesa comenzó a llevar una vida de asceta: por las noches cuidaba de los heridos graves y durante el día leía del Libro de los Salmos; día tras día trabajaba junto a las hermanas caminando por distritos más pobres de Moscú. Además, visitaba el Mercado de Jitrov, el lugar más peligroso de Moscú en aquellos tiempos, para rescatar de allí a los niños desprotegidos.

Cuando los bocheviques llegaron al poder en 1917 y derrocaron al zar Nicolás II, Elizaveta se negó a abandonar Rusia. En la primavera de 1918 la gran duquesa fue arrestada y trasladada desde Moscú al exilio en la ciudad de Perm y luego, en mayo del año 1918, llevada a Ekaterimburgo donde se reunió con otros miembros de la familia imperial.

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Dos meses después, Elizaveta y el grupo de miembros de la familia imperial que la acompañaba en el cautiverio fueron enviados a Alapáyevsk, en compañía de los grandes duques Ivan, Constantino e Igor Constantinovich, el gran duque Sergei Mihailovich y el príncipe Vladimir Paley. La noche del 18 de julio de 1918, todos fueron arrojados a una mina abandonada, tiroteados y abandonados. Algunos testigos dicen que durante varios días se oyeron los cantos religiosos de la gran duquesa herida de muerte.

En 1992 la Iglesia ortodoxa rusa canonizó a la Elizaveta como Santa y mártir. Los restos de la gran duquesa salieron de Rusia en 1917 y se conservaron durante décadas en la Iglesia de Santa María Magdalena de Jerusalén. Desde allí, en 2009, una parte de su cuerpo, los dos húmeros depositados en una caja de cristal, fueron llevados al Convento de Marta y María al cumplirse un siglo de su fundación.

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