Gran Bretaña

Historias, costumbres y curiosidades de los nacimientos reales en Inglaterra

Hubo un tiempo en que los nacimientos reales eran largos, dolorosos y estaban muy lejos de ser una cuestión privada. Afortunadamente, la práctica de decenas de personas atestiguando el parto de una reina o una princesa quedó atrás. Pero la historia de los nacimientos reales en la monarquía británica es curiosa, asombrosa y muy interesante y aprovechamos el inminente nacimiento del tercer hijo de los Duques de Cambridge para rememorarlos.

Cuando los análisis de ADN no existían, la única forma de comprobar que un niño era hijo de su madre era observando atentamente cuando la mujer daba a luz. Esto era mucho más importante cuando el hijo por nacer era heredero de la corona inglesa: era necesario que una nube de personas importantes del Reino presenciaran el evento en calidad de testigos, sin importar la comodidad de la parturienta.

Médicos, enfermeras, parteras, damas de honor, sirvientes, ministros, religiosos, cortesanos… todos se congregaban en torno a la simulada sala de parto -que usualmente era en algún castillo real- para ver si la reina era la que verdaderamente daba a luz o si el bebé no era cambiado por otro. Incluso el arzobispo de Canterbury debía estar presente, como líder de la iglesia de Inglaterra, pero hubo una excepción en 1841, cuando nació el primer hijo de la reina Victoria y el arzobispo llegó tarde. Se creía que esta tradición provenía del miedo de que algunos monarcas inescrupulosos reemplazaran a un bebé muerto con otro varón recién nacido, llevado a escondidas a la cama de nacimiento.

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LA REINA CARLOTA, ESPOSA DE JORGE III, TUVO 16 HIJOS.

Después de la Reforma, los protestantes tenían miedo de que la dinastía católica de los Estuardo engañara de esta forma para desviar la sucesión de los Hannoverianos protestantes. Según se reportó, hubo 42 personajes públicos eminentes llamados a verificar el nacimiento del hijo del rey Jacobo II de Inglaterra en 1688 en el Palacio de St. James. La gente cuestionaba el hecho de que la esposa del rey estuviera genuinamente embarazada y cuando empezó su trabajo de parto se esparcieron los rumores de que el bebé realmente era un niño que una sirvienta había traído a la habitación en una olla o que lo habían metido por una puerta secreta.

Victoria modificó esta tradición cuando se preparaba para el nacimiento de su primer hijo. “La tradición establecía que los partos reales fueran presenciados por docenas de observadores oficiales, desde los funcionarios de la residencia a los ministros del gobierno“, escribe la historiadora Carolly Erickson. “Durante siglos, las reinas habían dado a luz en habitaciones mal ventiladas, en medio de ruidosos grupos. Victoria no estaba dispuesta a aceptar nada de eso (…) Se toleraría la presencia de testigos oficiales en una habitación contigua, pero en la sala del parte, ella sólo permitiría la presencia del doctor mismo, la señora Lilly, enfermera permanente, y su marido“.

Los ministros y los consejeros privados estuvieron presentes con las damas de honor hasta 1894, cuando la reina Victoria decidió que para el nacimiento de su bisnieto, el futuro Eduardo VIII, el secretario del Interior sería suficiente como testigo. El secretario de Asuntos Internos Sir William Joynson-Hicks, asistió al nacimiento de la actual reina Isabel II en 1926, en el número 17 de la calle londinense de Bruton Street. La princesa Margarita, segunda hija del rey Jorge VI, obligó al secretario del gobierno a viajar hasta el remoto castillo escocés de Glamis para presenciar su parto, en agosto de 1930. Pero esta práctica fue abolida en 1948, por decisión de Jorge VI y antes del nacimiento de su primer nieto, el príncipe Carlos.

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VICTORIA FUE LA PRIMERA REINA EN DAR A LUZ SIN DOLOR, EN 1853, CUANDO NACIÓ EL PRÍNCIPE LEOPOLDO.

Otra cuestión espinosa, que ya no preocupa, es la del sexo del bebé real. Hasta hace pocas décadas, el primer hijo de un rey o reina no heredaría el trono a menos que fuera un niño. “Oh, Señora, es una princesa”, dijo absolutamente decepcionado el doctor Charles Locock a la reina Victoria, cuando esta dio a luz a su primer vástago, la princesa Vicky, en 1840. “No importa”, respondió la joven reina, “El próximo será un príncipe”.

Y así fue: en noviembre de 1841 nació el príncipe Alberto Eduardo, el nuevo príncipe de Gales que corrió un lugar en la sucesión a su hermana mayor, Vicky. Los londinenses se volcaron a las calles cuando oyeron repicar las campanas y el sonido de los cañonazos que saludaban al heredero del trono. Fue una ocasión única, ya que desde hacía 61 años que no nacía un príncipe inglés. La reina Carlota, esposa de Jorge III, había sido la última madre de un niño en la corona británica en 1780, cuando nació su 15° hijo, el príncipe Alfredo. Carlota fue una de las reinas más prolífica de la historia inglesa, con dieciséis niños, al igual que su antecesora del siglo XIII, Leonor de Castilla.

Su nieta, Victoria, fue la siguiente en número de hijos: tuvo un total de nueve en dieciocho años, pero “Victoria disfrutaba el sexo pero odiaba el embarazo, que ella llamaba el ‘lado oscuro’ del matrimonio”, según la historiadora real Sarah Bradford. El trabajo de parto hacía sufrir mucho a la reina Victoria, quien exigió al doctor John Snow administrarle cloroformo en un pañuelo para dormirla durante el nacimiento de sus dos últimos hijos, el príncipe Leopoldo y la princesa Beatriz, y así evitarle los espantosos dolores. Según contó el doctor Snow en su libro Sobre el cloroformo y otros anestésicos en 1858, la misma reina Victoria lo llamó “ese cloroformo bendecido” y elogió su efecto “calmante y delicioso”.

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LOS CUATRO HIJOS DE LA REINA ISABEL II NACIERON EN PALACIOS REALES.

La historia recuerda experiencia particularmente espantosa de la hija única del rey Jorge IV, la Princesa Carlota de Gales, cuya insoportable muerte en el parto en 1817 condujo a la eventual coronación de su prima, Victoria, como reina de Inglaterra. Con tan solo 21 años y locamente enamorada de su esposo, Leopoldo de Sajonia-Coburgo, la pobre Carlota soportó 50 horas de parto antes de dar a luz a un hijo muerto.

La princesa murió en menos de 24 horas después de una hemorragia dolorosa causada por la torpeza de los médicos. El responsable principal se suicidó días más tarde, abatido por la desgracia a la que sumió a la monarquía. Aunque Carlota había vivido apartada de la mirada pública en Claremont, en las afueras de Londres, en los meses previos a su confinamiento había sido objeto de intensas especulaciones de la prensa y grandes apuestas sobre el sexo de su bebé por nacer fueron colocadas en la Bolsa de Valores.

La reina Victoria nació en 1819 en el palacio de Kensington, el actual hogar de los príncipe Guillermo y Harry. La muerte de Carlota había llevado preocupación a la casa real, ya que los hermanos de Jorge IV tenían muchos hijos ilegítimos, pero ninguno “decente” para heredera el trono. Uno de ellos, Eduardo, duque de Kent, abandonó a su amante para casarse con Victoria de Sajonia-Coburgo-Gotha, con la que tuvo una única hija, Alejandrina Victoria.

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LA MUERTE DE LA PRINCESA CARLOTA EN 1818, TRAS 50 HORAS DE PARTO, CONMOCIONÓ A GRAN BRETAÑA.

El parto duró más de seis horas y el duque de Kent se mantuvo al lado de su esposa durante toda la prueba, elogiándola por su “paciencia”. Después, Kent describió a su hija recién nacida como una “Hércules de bolsillo” y “regordeta como una perdiz”. El duque estaba convencido de que sería el padre del futuro heredero de Inglaterra, diciendo que “la corona vendrá a mí y a mis hijos”, mucho antes del nacimiento del niño. Cuando tomó por primera vez a su bebé en sus brazos, dijo emocionado: “Ella será la Reina de Inglaterra”. Pero el duque no viviría para ver esto, ya que murió de neumonía antes de que su hija tuviera un año de edad.

Isabel II fue la última reina inglesa que dio a luz en un palacio real: sus tres hijos varones nacieron en Buckingham, mientras su única hija, la princesa Ana, nació en la residencia londinense de Clarence. En el otoño de 1948, la corte anunció que todos los compromisos de la entonces princesa Isabel serían cancelados y todo el mundo supo qué pasaba: la heredera esperaba un hijo, pero la palabra “embarazo” entonces era un tabú, de mal gusto.

“Se discutió bastante el sitio donde debía nacer el niño”, narra la antigua niñera real Marion Crawford. “Los reyes querían que el alumbramiento tuviera lugar en el rincón más tranquilo del palacio [de Buckingham], que da sobre los jardines y el lago, pues sabían que la muchedumbre, que toma parte en cualquier acontecimiento de la real familia, se estaciona bajo los balcones y llena el Mall, de día y de noche, con su expectante clamor y su ruido jubiloso. Sin embargo, ‘Lilibet’ se mantuvo firme y por una vez su criterio se enfrentó al de sus familiares: ‘Yo quiero que mi hizo nazca en mi cuarto, entre las cosas que conozco’”.

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NADIE SABE DÓNDE NACIÓ LA ESPOSA DEL REY JORGE VI, LADY ELIZABETH BOWES-LYON

Los nacimientos reales se hicieron populares avanzado el siglo XX. Hasta los años 80, cuando una mujer de la realeza daba a luz alcanzaba con colgar el escueto comunicado a las puertas del palacio de Buckingham y, aunque las multitudes desafiaban al clima cantando y brindando en las calles, no pasaba más que ello. Pero la llegada de la cautivante princesa Diana lo cambió todo: cientos de reporteros y fotógrafos de todo el planeta viajaron a Londres en 1982 cuando iba a nacer su primer hijo, el príncipe Guillermo.

Diana dio a luz a su primogénito en el Hospital St. Mary, del barrio londinense de Paddington, con lo que el príncipe Guillermo fue el primer príncipe y futuro rey nacido fuera de un palacio real. Se cuenta que el parto fue inducido porque, según le contó Diana al biógrafo Andrew Morton “no podía soportar la presión de la prensa por más tiempo, se estaba volviendo insoportable. Era como si todo el mundo estuviera monitoreándome cada día”.

El flamante padre, el príncipe Carlos, que presenció el nacimiento, le dijo a su madrina Lady Patricia Brabourne que nunca había visto escenas como las que hubo fuera del hospital cuando se fue esa noche, “todos se habían vuelto locos de emoción”. Hubo una emoción similar durante los nacimientos de los dos hijos del príncipe Guillermo y Kate, duquesa de Cambridge: Jorge, el futuro heredero al trono, nació en 2013, mientras su hermana, Carlota, nació en 2015.

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ANUNCIO DEL NACIMIENTO DEL PRÍNCIPE JORGE DE CAMBRIDGE, BISNIETO DE LA REINA ISABEL II, EN 2013.

Aunque ocurrió ya bien avanzado el siglo XXI, el protocolo fue el mismo: la soberana, Isabel II, fue la primera persona en conocer la noticia cuando su nieto la llamó por teléfono. Inmediatamente después, la reina dio la orden de colocar un boletín informativo sobre la hora del nacimiento del bebé y su sexo en las puertas del palacio de Buckingham. Pero el nacimiento de Jorge y Carlota incluyó nuevos elementos: miles de millones de personas de todo el mundo se enteraron de la noticia a través de Twitter y Facebook.

Por cierto, el lugar de nacimiento de la reina Isabel, esposa de Jorge VI, el 4 de agosto de 1900 sigue siendo uno de los pocos misterios reales del siglo XX sin resolver. Ni la propia reina sabía a ciencia cierta dónde nació e incluso su biógrafo autorizado, William Shawcross, parecía inseguro en su libro publicado en 2009. ¿Fue en Londres o fue St. Paul-Walden Bury, la casa de campo de su familia en Hertfordshire? Nunca lo sabremos. Más de un siglo después, bajo el implacable escrutinio de los medios de todo el mundo, no sucederá lo mismo con su futuro tataranieto o tararanieta: la puerta de la maternidad del Hospital St. Mary está a punto de convertirse en la puerta más famosa y observada del mundo.

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EL HOSPITAL ST. MARY DE LONDRES ESPERA AHORA EL NACIMIENTO DEL TERCER HIJO DE LOS DUQUES DE CAMBRIDGE.

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