Crónica

Irán protesta contra la teocracia y reclama el regreso de la dinastía Pahlevi

Miles de personas salen a las calles estos días en Irán para protestar contra el gobierno de este país. En las protestas en Irán ya participaron unas 42.000 personas, según dijo el ministro del Interior, Abdulurea Rahmani Fasli. Muchos de los manifestantes señalaron al príncipe heredero de la desaparecida monarquía Pahlevi como el líder de la nación después de que la dictadura teocrática sea derrocada.

Días antes, hubo informes de que una gran multitud fuera de las mezquitas de Qom y Mashad se manifestó a favor de la dinastía Pahlavi al grito de “¡Sha de Irán, regresen a Irán!”. Aunque la mayoría de los manifestantes no vivió durante la monarquía, muchos iraníes creen que este sistema es la mejor opción ante la corrupción y el absolutismo de los líderes religiosos y seculares que gobiernan el país.

El príncipe Rezah II es el hijo de Mohammed Rezah Pahlevi, el último “shah” de Irán, muerto en 1980, y de la emperatriz Farah. Días después de estas protestas, el príncipe respondió a los manifestantes describiendo al país como una “dictadura teocrática fallida”: “El fracaso de la tiranía teocrática en Irán: la segunda tasa más alta de ejecuciones en el mundo“. Atento a la realidad de su país natal, Rezah II escribió: “Millones se fueron a Siria, Líbano, Iraq y Yemen: La desaparición de nuestro querido Lago Urmia y la desertificación de muchas provincias. Record alto desempleo“.

La mayoría de los iraníes no estaban vivos cuando el último shah-an-shah (“rey de reyes”) de Irán huyó al exilio en Egipto en enero de 1979 y fue reemplazado unas semanas más tarde por el ayatolá Ruhollah Jomeini y la nueva República Islámica. El último emperador murió de cáncer en 1980 y su hijo de 57 años, Rezah II, ahora vive en Maryland, en los Estados Unidos.

Los opositores al retorno de los Pahlevi recuerdan la SAVAK, la policía secreta del shah, que a menudo torturaba a personas que se oponían a la monarquía absoluta, que gobernaba en nombre de una élite gobernante y sus aliados políticos y amigos de negocios en los Estados Unidos y Europa occidental. También atacan a la familia imperial afirmando que el príncipe Rezah recibe fondos de los Estados Unidos.

Lisa Daftari, una comentarista iraní-estadounidense de Oriente Medio y editora en jefe de “The Foreign Desk“, asegura que dos tercios de la población iraní de 81 millones nacieron después la Revolución Islámica de 1979, pero dijo que todavía encontraba “sorprendente” que fueran invocando el nombre del shah.

“Pero hay una nostalgia que subraya este movimiento”, explicó Daftari. “Existe el deseo de volver en el tiempo a un Irán no islámico secular cuando la gente podría ser simplemente iraní”. “Esto no es solo un movimiento multitudinario de Teherán“, dijo la observadora, quien asegura que también las ciudades de Mashhad, Esfahan y Qom fueron protagonistas de protestas antigubernamentales.

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El último shah de Irán murió en el exilio.

Ciro el Grande fue el fundador del Imperio aqueménida en el siglo VI a.C. y gobernó la antigua Persia durante unos 30 años, capturando a Babilonia en el proceso. La dinastía Pahlavi afirmaba ser descendiente de Ciro y de los otros grandes reyes persas, que una vez gobernaron un poderoso imperio que se extendía por Medio Oriente. Pero en el siglo XX, Persia, que pasó a llamarse Irán en 1935, era un estado débil y propenso a la intimidación del Imperio británico y más tarde de los Estados Unidos, ambos conscientes de la creciente importancia de su industria petrolera.

Mohammed Rezah Pahlevi, que aseguraba ser descendiente de Ciro, ascendió al trono de Irán en 1941 y dirigió una revolucionaria etapa que modernizó y transformó al país. Pero en enero de 1979, después de un año de protestas y manifestaciones, el shah finalmente accedió a marcharse y dejar lugar a la Revolución Islámica. Miles de iraníes de clase media y alta se exiliaron en lugar de vivir en un país que tenía una línea dura de carácter musulmán chiíta.

Hoy las protestas antigubernamentales son cada vez más violentas. Al menos 19 personas murieron, cientos fueron detenidas y numerosos edificios públicos como comisarías o cuarteles militares fueron atacados. Para el máximo líder de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, no se trata de protestas sino de un levantamiento dirigido desde el exterior. Jamenei comparó a los manifestantes con los “mercenarios”, a los que se paga, para dañar la república islámica.

La vida política de Irán, agitada por violentas protestas, está marcada por dos nombres que dan vida a la teocracia. Por un lado está el líder supremo, el ayatolá Jamenei, que tiene la última palabra en todos los asuntos políticos, jurídicos y militares. Por otro, el presidente, Hassan Rohani, elegido por el pueblo pero obligado a seguir la política del máximo líder.

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El príncipe Rezah en la coronación de su padre, en 1967.

ezLa vida política de Irán, agitada por violentas protestas, está marcada por dos nombres que dan vida a la teocracia. Por un lado está el líder supremo, el ayatolá Jamenei, que tiene la última palabra en todos los asuntos políticos, jurídicos y militares. Por otro, el presidente, Hassan Rohani, elegido por el pueblo pero obligado a seguir la política del máximo líder.

Desde la Revolución Islámica de 1979, el líder supremo es el gran ayatolá, un cargo vitalicio designado por la Asamblea de Expertos, compuesta por 86 clérigos y elegida por el pueblo cada ocho años. Durante los primeros diez años de la República Islámica el líder supremo fue el ayatolá Ruhollah Jomeini. Tras su muerte, en 1989, le sucedió Ali Jamenei.

El gran ayatolá también nombra al Consejo de Guardianes, formado por seis clérigos y seis juristas, que a su vez supervisa a los candidatos a las elecciones y da el visto bueno a todas las leyes. A pesar de su indiscutible autoridad, Jamenei suele mantenerse al margen de la actividad política cotidiana, aunque marca el curso en los temas importantes. Nacido en 1939 en Mashhad, Jamenei fue presidente de Irán entre 1981 y 1989, por lo que conoce el funcionamiento del Gobierno y la diplomacia.

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