Historias, Rumania

Así fue como, hace 70 años, los comunistas derrocaron al último rey de Rumania

Miguel I era un joven de 19 años, de escasa experiencia política, cuando tuvo que hacerse cargo de las riendas del poder en Rumania. Su padre, que había establecido una “dictadura real” al abrigo de los fascistas, había tenido que renunciar al trono y la situación que dejó a su hijo era peligrosa. Los acontecimiento que rodearon a los siete años de reinado de Miguel de Rumania fueron tormentosos y desencadenaron su abdicación el 30 de diciembre de 1947, hace 70 años.

Miguel I se alió en secreto con las fuerzas antigubernamentales que estaban cobrando fuerza a medida que Alemania comenzaba a perder la guerra. Esta alianza al principio fue secreta, pero a mediados de 1944 Miguel emergió como un símbolo del descontento popular y presionó a Antonescu para que se rindiera a los soviéticos. El general se negó. El rey lo convocó al palacio y le dio nuevamente la orden, golpeando una mesa para enfatizar.

fii_3176_7

El general nuevamente se negó. De inmediato, Miguel I pronunció las palabras en clave preestablecidas, y tres soldados y un oficial se adelantaron para arrestar al general Antonescu. El dictador fue encerrado en una bóveda donde el padre de Miguel había guardado su preciada colección de sellos reales dentro del palacio de Bucarest. Acto seguido, Miguel renunció a la alianza de Rumania con el Tercer Reich.

Cuando los políticos le advirtieron a Miguel sobre los peligros que aquella decisión significaría para la Corona y para Rumania, él se encogió de hombros y el país balcánico se convirtió en el primer “satélite” del Eje en traicionar a Hitler. La venganza del “Fuhrer” no se hizo esperar y el golpe aceleró la toma soviética del país. Para 1947, la Guerra Fría había comenzado y Josef Stalin había ordenado a Rumania deshacerse de su rey.

El primer ministro de Rumania, el soviético Petru Groza, fue persuasivo: amenazó al rey con ejecutar a 1.000 de los partidarios de Miguel, y al propio rey, si no abdicaba. “Fue un chantaje“, dijo Miguel en una entrevista al “New York Times”. “Dijeron: ‘Si no firmas esto de inmediato, ‘estamos obligados’ (…) a matar a más de 1.000 estudiantes que tenían en prisión.” Miguel, el último monarca detrás de la cortina de hierro, abdicó a punta de pistola.

f_i_10932_14

Miguel abandonó su país acompañado por más de 30 familiares y amigos en un tren de ocho vagones que transportaba, entre otras cosas, cuatro automóviles estadounidenses, nueve cajas de ginebra y tres escopetas. El nuevo gobierno rumano aseguró que Miguel había robado valiosas pinturas pertenecientes al Estado, pero siempre lo negó.

El 5 de marzo de 1948, durante un viaje a Londres, el exiliado rey Miguel de Rumania dio una conferencia de prensa en el “Claridge’s Hotel”. El monarca pretendía explicar los motivos por los cuales había dejado de ser rey de Rumania meses atrás, en diciembre de 1947: “Los motivos de los profundos cambios políticos impuestos a los pequeños Estados de Europa del Este ya son demasiado conocidos“, dijo el rey. “En lo que respecta a Rumania, quiero aprovechar personalmente la primera posibilidad para confirmar los hechos tal como sucedieron“.

En la mañana del 30 de diciembre de 1947, el señor Petru Groza y Gheorghiu-Dej, miembros del gabinete rumano, me presentaron el texto del acto de abdicación, instándome a firmarlo de inmediato. Ambos vinieron al Palacio Real después de haberlo rodeado por destacamentos armados, informándome que me harían responsable del derramamiento de sangre que seguiría, como consecuencia de las instrucciones ya emitidas por ellos, en caso de que no firmara dentro del límite de tiempo.

abdicacion

ACTA DE ABDICACIÓN DEL REY MIGUEL

Este acto me lo impuso por la fuerza un gobierno instalado y mantenido en el poder por un país extranjero, un gobierno completamente no representativo de la voluntad del pueblo rumano. Este gobierno había violado las promesas internacionales de obligarlas a respetar la libertad política de los rumanos, habían falsificado las elecciones y aniquilado a los líderes políticos democráticos que gozaban de la confianza del país.

La eliminación de la monarquía constituye un nuevo acto de violencia en la política de esclavización de Rumania. En estas condiciones no me considero obligado de ninguna manera por este acto que se me impone. Con una fe inquebrantable en nuestro futuro animada por el mismo devoción y voluntad de trabajar, continuaré sirviendo al pueblo rumano con el que mi destino está inexorablemente ligado“.

Siga leyendo: Un reinado de 90 años: el “rey niño” de Rumania que superó al nazismo y al comunismo

Anuncios