Historias

Hace 70 años moría el rey italiano Víctor Manuel III, que colaboró con Mussolini y Hitler y condenó a su dinastía

El 28 de diciembre de 1947, hace 70 años, murió en la ciudad egipcia de Alejandría el rey Víctor Manuel III de Italia, uno de los monarcas europeos más controvertidos del siglo XX. El penúltimo monarca italiano fue quizás el rey que más veces le declaró la guerra a otro Estado en el siglo XX, aunque nunca se le culpó de ello. Once años después de ascender al trono, en 1911, declaró la guerra a Turquía reivindicando la Cirenaica y el predominio de la Costa africana más próxima a Italia.

Más tarde, como ejecutor de los designios del fascismo, le declaró la guerra al emperador de Abisinia, Haile Selassie. Su asunción de las coronas de Etiopía y Albania fue condenada por la Sociedad de Naciones y el Rey de Albania. El rey también permitió que Mussolini liderara a Italia en la Segunda Guerra Mundial como miembro del Eje, y permaneció en la guerra sobre esa base incluso cuando Mussolini había sido derrocado Años después permitió que Italia combatiera contra sus ex aliados en alianza con Alemania.

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Víctor Manuel III aceptó el régimen fascista de Benito Mussolini, y firmó y promulgó las leyes raciales que provocaron la deportación de casi 8.000 judíos italianos a partir de 1943. Es un rey “que traicionó la Constitución, aceptó al fascismo, firmó leyes que suprimían las libertades fundamentales, promulgó leyes racistas y arrastró a Italia a la guerra”, afirma el historiador Piero Craveri.

El monarca saboyano, cuyos antepasados habían reinado en Cerdeña durante siglos, intentó redimirse en 1943 haciendo arrestar al dictador, pero recibió duras críticas por haber tardado 40 días en firmar un armisticio con los Aliados, dándole así tiempo a las tropas alemanas para atrincherarse. El rey fue particularmente criticado por huir de Roma después del armisticio de septiembre de 1943 con los aliados, dejando al país prácticamente a la deriva.

Víctor Manuel arresta a su “amigo” Mussolini

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En 1943, previendo la caída de su trono, Víctor Manuel comenzó una serie de maniobras para acercarse a los Aliados y encargó a su nuera, María José de Bélgica, en su papel de inspectora general de la Cruz Roja, que tratara de tomar contacto con el embajador británico ante el Vaticano, pero no obtuvo ningún resultado. Fue entonces cuando Dino Grandi, un político muy cercano al ‘Duce’ pidió al rey que abdicara o que dejara de apoyar a un régimen que llegaba a su fin.

El rey demoró la decisión con el pretexto de que un monarca constitucional necesitaba más apoyos claros para actuar. El 25 de julio de 1943 el rey esperó a Mussolini en Villa Savoia y le dijo: “Esto se terminó. La moral del ejército está en su nivel más bajo. En este momento, usted es el hombre más odiado de Italia y solo puede contar con sus amigos. Le queda uno solo: yo (…) No debe inquietarse por su seguridad personal. Yo me ocuparé“.

Acto seguido, el rey le comunicó al dictador que había decidido cambiar de jefe de Gobierno. Por orden de Víctor Manuel, los carabinieri rodearon a Mussolini y lo arrestaron. “Con un solo gesto“, escribe Jean Des Cars, “Víctor Manuel III se había vengado de todas las humillaciones que le había infligido el Duce. En el fondo, el rey sabía perfectamente que Mussolini, cuyo ascenso al poder había permitido él mismo veintiún años atrás, pensaba eliminar la monarquía después de haberla usado y rebajado“.

La venganza de Hitler fue personal

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Hitler lanzó su venganza personal contra la familia real. Uno de sus yernos, el rey Boris III de Bulgaria (casado con la princesa Juana), murió misteriosamente en 1943 después de una audiencia con Hitler. Al regresar de Bulgaria, donde participó del funeral de su cuñado, la princesa Mafalda (1902-1945), hija de Victor Manuel, fue capturada por los nazis y encerrada en el campo de concentración de Buchenwald, en el que murieron 56.000 personas.

Nada pudo salvar a la hija de Víctor Manuel III de una muerte lenta y dolorosa. Ni que su marido, Felipe de Hesse-Kassel, perteneciera al partido de Adolf Hitler, ni que su padre, el rey Victor Manuel III, consintiera la entrada de Mussolini en el Gobierno italiano.

El 24 de agosto de 1944 los aliados bombardearon la barraca en la que se alojaba provocándole heridas en todo el cuerpo. Luego de una cirugía torpe, la princesa murió desangrada. Ni siquiera pertenecer a una dinastía reinante evitó que la princesa fuera enterrada en un nicho común y sin una placa con su nombre. Era “262. Una mujer desconocida”.

Otras dos princesas de la casa de Saboya fueron arrestadas por los nazis: Ana de Orleáns, duquesa viuda de Aosta, fue encerrada en un campo de concentración en Austria con sus dos hijas, las pequeñas Margarita y María Cristina, además de su cuñada Irene de Grecia, esposa del duque de Spoletto. Afortunadamente, estas princesas fueron liberadas, pero Víctor Manuel III y la reina Elena quedaron muy afectados por todo lo que había pasado por su familia.

Abdica para salvar a la corona

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La monarquía italiana ya estaba muerta. Terminada la guerra, el rey cedió ante los pedidos de los Aliados y de su gobierno. Nombró teniente general del reino a su hijo, el príncipe Humberto, el primer paso hacia un cambio de soberano. En 1945, Mussolini fue arrestado mientras trataba de huir a Suiza y, junto a su amante, Clara Petacci, fue ejecutado públicamente. Presionado, Víctor Manuel abdicó el 2 de mayo de 1946 para cederle el trono a su hijo, Humberto II, en un intento por salvar la corona.

Los Saboya esperaban que el nuevo reinado levantara la imagen de la Casa Real, pero para entonces el prestigio real había caído estrepitosamente. Los italianos asociaban a la corona con el régimen fascista y recordaba claramente la cobardía de la familia real, que huiría en septiembre de 1943 de Roma ante el ataque de los alemanes, dejando el gobierno desorganizado y al ejército sin órdenes claras. La caída era inevitable.

Humberto II fue rey durante apenas un mes, hasta el 2 de junio de 1946, fecha en que los italianos abolieron en referéndum la monarquía, y optaron por la actual república: 13 millones de votos a favor de la república y 11 millones a favor de la monarquía. Bautizado entonces como el “Re Di Maggio” (Rey de Mayo), el último rey de Italia emprendió el camino del exilio con sus hijos y su esposa, María José de Bélgica.

Víctor Manuel, el monarca que había reinado durante las dos guerras mundiales, murió en Egipto y allí permaneció su cuerpo hasta que el pasado 17 de diciembre fue repatriado a Italia. La reina viuda, Elena, se estableció en Francia, donde murió en 1951. Jamás había simpatizado con los fascistas italianos y se había mantenido voluntariamente ajena a la política italiana desde la llegada de Mussolini. De hecho, al estallar la Segunda Guerra Mundial, escribió una carta a todas las reinas europeas para intentar por todos los medios evitar el baño de sangre que se vaticinaba en el continente.

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