Crónica, Rumania

“Rumania no es una monarquía”: el premier rumano quiere expulsar a la familia real del palacio

“Rumania no es una monarquía, sino una República”. Las palabras de Mihai Tudose, primer ministro de Rumania, fueron contundentes. “El Palacio debe volver al estado rumano. Los miembros de la casa real pueden permanecer en el palacio Săvârşin o en otros lugares“. El jefe del gobierno rumano se refiere al Palacio Elisabeta, de Bucarest, que el gobierno de la república rumana cedió hace años como residencia de la casa real.

El Palacio Elisabeta fue construido en 1936 para la princesa Isabel de Rumania, hija del rey Fernando y hermana de Carol II. La princesa se instaló allí después de divorciarse del rey de Grecia. Después del bombardeo del Palacio Real de Bucarest, ubicado en la avenida Calea Victoriei, el día después de los acontecimientos del 23 de agosto de 1944, el rey Miguel le pidió permiso a su tía para trasladar su corte temporalmente a Elisabeta.

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En los últimos años del reinado de Miguel I, la corte permaneció en Elisabeta y fue en uno de sus salones donde el monarca se vio obligado a firmar, en lo que se considera un acto ilegal, la abdicación el 30 de diciembre de 1947. El 22 de mayo de 1948, por decisión del gobierno, le fue retirada de la ciudadanía rumana a la princesa Isabel, pese a que esta había sido una gran aliada del comunismo que derrocó a su sobrino.

Cuando la monarquía fue abolida por los soviéticos, el Palacio Elisabeta fue nacionalizado y durante la era comunista fue utilizado como un restaurante. No fue sino hasta 2001 cuando una ley sobre los derechos de las personas que fueron jefes del Estado rumano, el palacio del palacio fue concedido temporalmente al rey Miguel como su residencia oficial.

De conformidad con la ley, los miembros de la familia real se benefician del derecho de “uso libre de una vivienda oficial como destino de residencia” pero “sólo durante el período de vida del titular” de la casa real. Según informaron los medios rumanos, el gobierno de Rumania podría entonces dar vía libre para pedir a la familia real que abandone el palacio 60 días después de la muerte del rey Miguel, es decir, el 3 de febrero de 2018.

Hasta ahora, durante la última década, el palacio fue utilizado por la casa real como si residencia oficial y donde realizan las actividades estatales que el gobierno de la república les solicita. Entre otras cosas, el palacio es utilizado para recibir en la audiencia ministros, diplomáticos, académicos; organizar veladas dedicadas a organizaciones benéficas o culturales, y además conserva la colección de arte real recopilada en las últimas tres décadas.

La casa real, desde la muerte del rey Miguel está presidida por su hija, la princesa Margarita, espera que el nuevo Estatuto de la Casa Real les permita quedarse en el palacio Elisabet. Según esta ley, que espera ser tratada por el parlamento en los próximos meses, la familia real tendría el derecho de usar la residencia de forma gratuita durante 49 años. Los costos de mantenimiento correrían a cargo del presupuesto estatal.

Fueron el actual presidente del Senado rumano, Calin Popescu-Tariceanu, y el presidente de la Cámara de Diputados, Liviu Dragnea, líderes de la coalición gobernante, quienes iniciaron el proyecto de ley que otorga nuevas prerrogativas y privilegios a la casa de Hohenzollern. El primer ministro Tudose, sin embargo, acaba de anunciar que el gobierno no apoyará esta ley.

Ubicado en la calle Soseaua Kisseleff, en Bucarest, el palacio es actualmente la residencia de la princesa Margarita y de su esposo, el exactor Radu Duda. De estilo mediterráneo, fue finalizado en 1937 por el arquitecto Duiliu Marcu y conserva numerosos objetos y otras de arte que conforman el patrimonio de la casa real. Antes del retorno de la familia real a Rumania, el palacio fue utilizado para albergar a los dignatarios extranjeros que llegaban al país.

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El regreso de la familia real a Rumania, tras la caída del régimen soviético de Nicolae Ceaucescu, fue un acontecimiento inédito en la historia moderna de Europa. Actualmente,con una clase política manchada por la corrupción, son muchos los monárquicos que creen que la monarquía es una buena alternativa y ponen como ejemplo a España, que restauró a la dinastía Borbón en 1975 y devolvió al país la democracia y la estabilidad.

Según una encuesta del Instituto Rumano de Evaluación y Estrategia, un 62% de los rumanos se decanta por un sistema republicano, de acuerdo con los datos de IRES, pero siete de cada diez no saben precisar por qué. Al menos un 21% defiende que debería haber un referendo para votar el regreso de la monarquía y el 61% de los encuestados confían en la Casa Real. En otros sondeos, hasta el 30% de los rumanos se manifiesta a favor de la reinstauración de la monarquía.

Todos en Rumanía reconocen la legitimidad de la institución, explicó en 2016 Tudor Visan, director de la Alianza Nacional por la Restauración Monárquica. “Hay un enorme respeto hacia el rey Miguel I. Nos recuerdan cómo esta dinastía luchó por el país; cómo el rey Miguel I rompió sus vínculos con la Alemania nazi; cómo la reina se unió a la Resistencia, antes de conocer al Rey y cómo le apoyó a pesar de haber perdido su corona“.

Tudor Visan defiende que debería llevarse a cabo una consulta para reinstaurar la monarquía. El 45% de los rumanos creen que la casa real, dirigida ahora por Margarita, debería involucrarse más en la vida social rumana y afirman que ayudaría a mejorar sus relaciones con Europa. Margarita, de 64 años, ostenta actualmente el título de “Custodia de la Corona Rumana”.

El funeral de Miguel I, último rey, fallecido a los 96 años, fue una ocasión histórica en la que miles de rumanos se lanzaron a las calles no solo para honrar la vida del rey que enfrentó al fascismo, sino también para manifestar su apoyo al sistema monárquico. Las banderas con el escudo real el cánticos “Monarquía salva a Rumania” demostraron que los rumanos todavía tienen esperanzas de volver a tener un rey.

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