Hace medio siglo Constantino II salía al exilio y la monarquía griega desaparecía (tal vez para siempre)

El 13 de diciembre se cumplieron 50 años desde que el rey Constantino II abandonara Grecia. Faltaría poco para que Grecia se autoproclamara una República y sellara el fin definitivo de una monarquía turbulenta que había reinado durante 100 años. La muerte del rey Pablo I, amado por los griegos, en 1964, supuso el fin de una breve era dorada de la monarquía helénica, que durante un siglo no había experimentado -y superado a duras penas- tragedias, guerras y turbulencias políticas.

El primer rey, el príncipe Otto de Baviera, tuvo que escapar de Grecia en 1863 debido a una crisis política que no sabía manejar. En 1863 se eligió “Rey de los Helenos” al joven príncipe Guillermo de Dinamarca, quien pasó a ser conocido como el rey Jorge I. Casado con una gran duquesa de Rusia, fundó una familia numerosa que se expandió por todos los rincones de Europa gracias a una estratégica red de matrimonios arreglados que dio vigor y prestigio a la monarquía griega.

Pero en 1913 el rey Jorge I fue asesinado y desde entonces las cosas fueron de mal en peor para su familia. Su hijo y sucesor, Constantino I, reinó durante varias guerras, incluida la Primera Guerra Mundial, y tuvo que irse del país en medio de una catástrofe política. Su hijo, Alejandro I, reinó como un monarca “títere” en manos de un dictador y murió a causa de la mordida de un mono rabioso en 1920.

La última reunión de la familia real en Grecia (1963)

 

La Primera Guerra Mundial resultó provechosa para Grecia, que había decidido permanecer neutral, pero las fuerzas aliadas la habían obligado a combatir a su lado. El resultado sin embargo no favoreció a la monarquía y en diciembre de ese mismo año el rey Jorge II fue depuesto, para establecerse años después una República que duraría menos de dos años.

En noviembre de 1935 el Parlamento griego decidió restaurar la monarquía y Jorge II volvió al país. Su reinado le duraría hasta que las tropas germano-italianas ocuparon el país al comienzo de la Segunda Guerra Mundial y nuevamente el rey tuvo que abandonar el país.

Jorge II pudo tener un poco de paz al volver a Grecia (por tercera vez en su vida) después de la Segunda Guerra Mundial, aunque se encontró con un país empobrecido y derrotado moralmente. A su muerte, en 1947, le sucedió su hermano, Pablo I (1901-1964), casado con Federica de Hannover, de sangre prusiana, danesa e inglesa. Fueron padres de doña Sofía, reina de España.

Pablo I fue sucedido por Constantino II, un joven atractivo, soltero, deportista y bastante popular que, por otro lado, no tenía preparación para hacer frente a los asuntos de Estado. La prensa griega comenzó a mostrarse más crítica con el rey, y especialmente con la reina madre, Federica, a la que acusaban de manipuladora, de derrochar dinero público y “culpable de todos los males del país”.

Funeral del rey Pablo (1964)

El reinado de Constantino II duró tres años. Ya en los inicios de su reinado, las tormentas políticas rodearon a la monarquía. En julio de 1965, el rey rehusó permitir al entonces primer ministro Papandreu realizar una purga de los oficiales derechistas del Ejército y ello provocó violentas manifestaciones que desembocaron en la renuncia del premier. La decisión de Constantino II de no realizar una purga en el ejército dio lugar a tres meses de manifestaciones antimonárquicas y a una hostilidad parlamentaria contra su persona. Pero de modo gradual, el rey pareció ir dominando la situación.

El rey se enfrentó con el primer ministro, Georgios Papandreu y lo destituyó en julio de 1965, lo que provocó una crisis constitucional. La crisis fue tan profunda que el Ejército griego decidió intervenir y el 21 de abril de 1967 un grupo de oficiales, dirigido por el coronel Georgios Papadopoulos, tomó el mando y estableció una dictadura.

Tres coroneles, el propio Makarezos, Yorgos Papadópulos y Stilianos Patakós -el único que aún vive-, aprovecharon la convulsión reinante en el país (se sucedían las huelgas y las insidias minaban la política) para, en nombre de la lucha contra el comunismo, dar un golpe incruento contra el Gobierno constitucional.

La Junta, como llaman los griegos a la dictadura de los coroneles, impuso la ley marcial, la censura y la represión de políticos -incluido Andreas Papandreu-, que llenaron en masa las prisiones y algunas islas, convertidas en penales flotantes. Sólo en los primeros años de la Junta hubo unos 8.000 presos políticos. Ignorante de sus planes, el rey primeramente rehusó dar su firma a los decretos de la junta militar pero aceptó el hecho consumado, posteriormente, cuando los civiles se reunieron al gobierno apoyado por los militares, ante la insistencia real.

Con el palacio real rodeado de tanques y todo el personal de la casa real arrestado por los golpistas, Constantino II se vio obligado a avalar el nuevo régimen, un grave error. El 13 de diciembre del mismo año, el rey lanzó un contragolpe para restablecer la democracia en Grecia pero ya era tarde.

Pocos meses después de su ascenso al trono, Constantino II se casó con la princesa Ana María de Dinamarca, con la que tuvo una hija en 1965, la princesa Alexia, y al heredero, Pablo, en mayo de 1967. Los cuatro tuvieron que abandonar apresuradamente Atenas en compañía de la reina madre y de la princesa Irene, hermana del rey.

Boda de Constantino II y Ana María

Según el testimonio del rey Juan Carlos de España, su cuñado abandonó Grecia con lo puesto y sin llevarse más que a su esposa e hijos. Roma fue el primer destino de este exilio que duraría 50 años. La familia real se establecería después en Dinamarca y finalmente en Inglaterra, países donde vivieron gracias a la generosidad de sus parientes de las casas reales.

El coronel Papadopoulos, declarado presidente de Grecia, proclamó la República y convocó a un dudoso referéndum en 1973, donde los griegos votaron a favor de la abolición de la monarquía. En 1974 Constantinos Caramanlis, que se puso al frente del país tras la caída de la junta de coroneles, realizó otro referéndum que demostró que solo el 30% de los griegos estaba a favor de reinstaurar a Constantino II en el trono.

En 1975, el depuesto rey Constantino preparó un golpe de Estado militar en Grecia para restablecer la monarquía, según los archivos del ex jefe de Estado Constantin Caramanlis, pero el plan fracasó gracias al poco apoyo que prestó al monarca el Ejército y a la respuesta del gobierno. Las propiedades de la familia real fueron confiscadas durante décadas, el pasaporte del rey fue anulado y se le prohibió pisar suelo griego durante décadas. “El pueblo griego ya ha decidido que quiere una república y me parece bien”, diría Constantino.

Desde el referendum, la familia real griega luchó por lo que consideran suyo, llegando incluso a apelar al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. En 1994 el Parlamento aprobó una ley según la cual la ‘fortuna real’ sería confiscada por el Estado y no fue sino hasta 2000 cuando el Tribunal de Estrasburgo decidió indemnizar a la familia real con 12 millones de euros al rey Constantino por las tierras y palacios confiscados, y concede otras asignaciones a dos de sus familiares, su hermana la princesa Irene, y su tía Catalina. Ese año, Constantino pisó su patria natal después de 30 años de ausencia pero no fue recibido como un rey. El “ciudadano Constantino Glucksburg” es un desconocido para una ciudadanía que se autoproclama republicana.

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