Akihito será el primer emperador japonés que abdica en más de dos siglos

El 30 de abril de 2019 Akihito se convertirá en el primer emperador de Japón que abdica al “trono del Crisantemo” después de 200 años. El anterior monarca fue Kokaku (1771-1840), antepasado directo de la actual dinastía. Todos pensaban que el emperador Kokaku, antes llamado príncipe Morohito, se entregaría al sacerdocio, pero el destino tenía otros planes.

Había nacido en el Palacio Imperial y era miembro de uno de los clanes ligados a la dinastía nipona, pero no estaba destinado a reinar. En 1779, cuando apenas tenía 8 años, fue adoptado como hijo por el moribundo emperador Go-Momozono, que era un primo suyo. Pocos días después, al morir el emperador, Morohito fue entronizado como el 119º “tenno” (príncipe celestial) de Japón.

La historia oficial cuenta que el emperador Kokaku, apasionado por el arte y la cultura, trabajó para restablecer olvidadas ceremonias imperiales y religiosas. En 1817 abdicó en favor de su hijo, el emperador Ninko. Pero Kokaku no fue el único “tenno” que abandonó el trono.

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La línea imperial, que tiene más de 2.600 años, registra numerosas abdicaciones en las que los emperadores reinantes (“tenno heika“) se retiraban para convertirse en emperadores monjes (“joko heika“). Este último sería el título que recibirá el emperador Akihito tras su abdicación.

Se cree que el primer emperador que abdicó fue Kogyoku, que entregó el trono al emperador Kotoku durante la reforma política de Taika-no-Kaishin que puso a la casa imperial en control de Japón en el siglo VII. Desde entonces, 58 de los 125 emperadores reinantes abdicaron al trono.

Además, en los reinados precedentes a Kokaku, la mayoría de los emperadores de Japón había muerto jóvenes (en muchos casos, siendo todavía niños), por lo que Kokaku fue el primero en varios siglos en reinar más allá de los 40 años de edad, precisamente desde la abdicación del emperador Ogimachi en 1586.

Akihito, primer emperador del Japón desprovisto de trato divino, y de cualesquiera atribuciones salvo las estrictamente ceremoniales y simbólicas que le otorga la Constitución democrática de la posguerra, es una personalidad reservada y afable que desde su ascenso al trono en 1989, con motivo de la muerte de su padre Hirohito.

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La monarquía nipona, que pasará a estar regida por el príncipe Naruhito a partir del 1 de mayo de 2019, no tiene parangón en el mundo porque se basa en una única dinastía histórica, la Yamato, que remonta su origen al legendario emperador Jimmu. Según la tradición, Jimmu era descendiente directo de la diosa shintoísta del Sol, Amaterasu Omikami, y el fundador de la nación japonesa en el año 660 a.C.

Hasta la derrota en la Segunda Guerra Mundial y la imposición por Estados Unidos de una Constitución democrática, el emperador o tenno (rey celestial) gozaba de consideración divina, era literalmente un kami en la Tierra (okigami, siendo kami el concepto para referirse, singular o colectivamente, a lo numinoso o divino), y su obediencia reverencial alcanzaba la categoría de culto religioso.

El emperador Akihito continúa siendo, aunque sólo de manera simbólica y sobreentendida, la cabeza del shintoísmo, la religión ancestral del Japón. Continuando la costumbre multisecular, el nombre póstumo de Akihito, primer emperador que no recibe aquel tipo de adoración desde el día de su subida al Trono (su padre renunció a cualquier aureola mítica en 1946), será Heisei-tenno.

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