Crónica, Rumania

Obituario | Miguel I, el último rey de Rumania (1921-2017)

La larga vida de Miguel I de Rumania, fallecido este 5 de diciembre, reunió muchas curiosidades. Fue coronado rey a los seis años de edad: era apenas un niño en edad escolar cuando la muerte de su abuelo, el rey Fernando I, le obligó a convertirse en el jefe de Estado de esta monarquía balcánica.

Posteriormente, se dio la curiosidad de que Miguel fue sucedido en el trono por su padre, Carol II, quien había regresado del exilio para reclamar su derecho al trono, y finalmente sucedió a su padre para reinar por segunda vez. Si el reinado de Miguel I, entronizado en 1927, no hubiera sido interrumpido por la guerra o por el comunismo, hubiera alcanzado 90 años de reinado. Una vida realmente excepcional.

Sin embargo, uno de los mayores logros históricos de Miguel es el haber preservado miles de vidas en la Segunda Guerra Mundial cuando, a los 22 años, tuvo la valentía de arrestar al dictador fascista del país, Antonescu, un amigo y “títere” de Hitler. Acto seguido, Miguel sacó a Rumania del grupo de países aliados de la Alemania nazi y, según muchos historiadores, su acción podría haber salvado decenas de miles de vidas.

Pasaron más de 40 años en los que Miguel, sin trono, ni corona, ni documento rumano, trabajó como mecánico de aviones, agente de bolsa y criador de pollos. Pero cuando Rumania ejecutó a Nicolae Ceacescu, su último líder soviético, Miguel I regresó a su patria natal como un héroe. Para la mayoría de los rumanos, Miguel se había ido como rey y había vuelto como rey.

HIJO DE UN MATRIMONIO ROTO

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El príncipe Mihai Hohenzollern-Sigmaringen nació el 25 de octubre de 1921, en el palacio real de Sinaia. Su padre era el príncipe heredero Carol, admirador de Benito Mussolini, inteligente y elegante, gran coleccionista de sellos, que había abandonado Rumania por amor de una mujer, Zizi Lambrino; su madre, la era la princesa Elena de Grecia, sobrina del último káiser de Alemania y bisnieta de la reina Victoria de Inglaterra.

El matrimonio fue un fracaso desde que se concertó en 1920 y, en palabras de la reina María, madre de Carol, fue una historia “espantosa, trágica, llena de insoportables dolor, sufrimiento, pesar, humillación y vergüenza para todos nosotros, que despertó en el país una verdadera tormenta de pasión“. El príncipe Cristóbal de Grecia dijo que fue “un romance que estaba destinado a convertirse en uno de los mas trágicos” del siglo XX y dijo que su sobrina “ha conocido el sufrimiento como pocas otras mujeres”.

En 1925, Carol, conocido en la prensa europea como el “príncipe playboy”, desató la furia de su familia por una aventura romántica que estaba teniendo con una mujer llamada Magda Lupescu. Ella estaba divorciada y a Carol no le importaba estar casado. Renunció a su derecho al trono y se fue de Rumania, dejando al pequeño Miguel como príncipe heredero del reino. Cuando el padre de Carol, Fernando I, murió el 20 de julio de 1927, su nieto se convirtió en rey a los 5 años de edad.

EL REY NIÑO DE RUMANIA

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Cuando se le dijo que era el rey, se dijo que Miguel respondió: “¿En serio?” Cuando se le aseguró que, de hecho, él era el rey, pidió un pedazo de pastel de chocolate. Como futuro rey, Miguel fue bien educado: tenía niñeras inglesas, francesas y alemanas para enseñarle los idiomas y profesores que le enseñaron lo necesario para saber tomar decisiones de Estado. Pronto adquirió un gran sentido de la dignidad real y recibió una bofetada de su madre cuando, una vez, el niño le respondió: “Señora, yo soy el rey y quiero ser obedecido“.

En junio de 1930, el príncipe Carol, cansado de su vida de “bon vivant” por Europa, regresó a Bucarest para renunciar a su renuncia: los rumanos quedaron espantados al ver al “hijo prógido” de la monarquía regresar a ocupar el lugar que había abandonado. Sin embargo, el gobierno estaba en crisis y se aceptó la entronización de Carol II. Miguel, que tenía 9 años, volvió a ser el príncipe heredero y su nuevo papel no le disgustaba: “Estaba terriblemente cansado de usar pantalones largos y un sombrero rígido e ir a lugares en los que no quiero ir para nada“.

LA GUERRA LE CAMBIA LA VIDA

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Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, Carol II intentó aprovechar el caos político de su país al declarar una “dictadura real”, pero la Unión Soviética y Alemania lo engañaron para apoderarse del territorio rumano. Para aplacar a los indignados fascistas y militares rumanos, Carol II eligió al brutal general Ion Antonescu para dirigir su gobierno. En septiembre de 1940, el general se volvió contra el rey Carol y lo obligó a abdicar. Carol II partió nuevamente al exilio y rara vez volvió a ver a su hijo.

Miguel tenía entonces 18 años y volvió a ser rey, o más bien un “rey títere” dirigido por el dictador Antonescu. Miguel permitió el regreso de su madre desde el exilio, pero la atmósfera cortesana era agobiante. El rey rara vez aparecía en público y el gobierno solo le soliticaba su presencia en actos protocolares o simbólicos, como revistar a las tropas. Pero a medida que el joven rey maduró se preparó para actuar, algunos dicen, gracias a la influencia de su madre.

Aunque su corte era digna y sobria, y su madre, dulce y hermosa, le prestaba elegancia, había en ella una atmósfera de tristeza y le faltaba el vigor y la animación de otros tiempos. Pero Miguel era demasiado joven para recordar los alegres días de sus abuelos. Su juventud había sido demasiado triste y se dice que, en cierta ocasión, observó tristemente: “Cuando necesitaba una madre, tuve un padre; cuando necesité un padre, tuve una madre”.

EL SEGUNDO REINADO

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Miguel I se alió en secreto con las fuerzas antigubernamentales que estaban cobrando fuerza a medida que Alemania comenzaba a perder la guerra. Esta alianza al principio fue secreta, pero a mediados de 1944 Miguel emergió como un símbolo del descontento popular y presionó a Antonescu para que se rindiera a los soviéticos. El general se negó. El rey lo convocó al palacio y le dio nuevamente la orden, golpeando una mesa para enfatizar.

El general nuevamente se negó. De inmediato, Miguel I pronunció las palabras en clave preestablecidas, y tres soldados y un oficial se adelantaron para arrestar al general Antonescu. El dictador fue encerrado en una bóveda donde el padre de Miguel había guardado su preciada colección de sellos reales dentro del palacio de Bucarest. Acto seguido, Miguel renunció a la alianza de Rumania con el Tercer Reich.

Cuando los políticos le advirtieron a Miguel sobre los peligros que aquella decisión significaría para la Corona y para Rumania, él se encogió de hombros y Rumania se convirtió en el primer “satélite” del Eje en traicionar a Hitler. La venganza del “Fuhrer” no se hizo esperar y el golpe aceleró la toma soviética del país. Para 1947, la Guerra Fría había comenzado y Josef Stalin había ordenado a Rumania deshacerse de su rey.

ABDICACIÓN A PUNTA DE PISTOLA

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El primer ministro de Rumania, el soviético Petru Groza, fue persuasivo: amenazó al rey con ejecutar a 1.000 de los partidarios de Miguel, y al propio rey, si no abdicaba. “Fue un chantaje“, dijo Miguel en una entrevista al “New York Times”. “Dijeron: ‘Si no firmas esto de inmediato, ‘estamos obligados’ (…) a matar a más de 1.000 estudiantes que tenían en prisión.” Miguel, el último monarca detrás de la cortina de hierro, abdicó a punta de pistola el 30 de diciembre de 1947.

Miguel abandonó su país acompañado por más de 30 familiares y amigos en un tren de ocho vagones que transportaba, entre otras cosas, cuatro automóviles estadounidenses, nueve cajas de ginebra y tres escopetas. El nuevo gobierno rumano aseguró que Miguel había robado valiosas pinturas pertenecientes al Estado, pero siempre lo negó.

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UN ROMANCE EN PLENA TORMENTA

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En noviembre, un mes antes de su derrocamiento, el rey miguel había asistido a la boda de su querido primo y compañero de infancia, el príncipe Felipe de Grecia, con la princesa Isabel de Inglaterra y el príncipe Felipe de Grecia. Allí, en una recepción que se ofreció en la embajada de Luxemburgo en honor a Isabel y Felipe, Miguel I conoció a la princesa católica Ana de Borbón-Parma. Ambos recordaría más tarde que se enamoraron instantáneamente.

La pareja se casó en una ceremonia ortodoxa en Atenas en junio de 1948 después de que el Papa Pío XII se negara a permitir que Anne, que era mitad francesa y mitad danesa, se casara con un no católico. La familia de Ana se abstuvo de participar en la boda y los reyes de Grecia ofrecieron su palacio para la celebración. La pequeña princesa Sofía de Grecia, futura reina de España, sería una de las damitas de honor de la novia.

Sin dejar nunca de informarse sobre todo lo que acontecía en Rumania, reuniéndose en secreto con personajes de la politica y la sociedad rumana y recibiendo informes confidenciales y noticias semanalmente, Miguel comenzó a ganarse la vida en la compañía suiza “Lear Aircraft”, donde se desempeñó coomo supervisor de pilotos, y más tarde trabajó como agente de bolsa. Con recursos muy modestos, comenzó a trabajar en su pasión personal, la mecánica, como director técnico de una empresa de material electónico para aviones.

– Miguel I, cuarto y último rey rumano de la dinastía Hohenzollern-Sigmaringen, nació el 25 de octubre de 1921 en Sinaia (Rumania) y murió el 5 de diciembre de 2017 en Aubonne (Suiza) a los 96 años.

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