Crónica, Rumania

El rey Miguel, “modelo de moralidad y dignidad” para Rumania, murió a los 96 años

El último rey de Rumania, Miguel I, ha muerto hoy en su residencia de Aubonne, Suiza, a la edad de 96 años y después de una larga batalla contra la leucemia que lo alejó de la vida pública. La noticia fue confirmada en un comunicado de la Casa Real de Rumania y la república balcánica anunció que Miguel I será honrado con funerales de Estado. Su hija mayor, la princesa Margarita, se convierte en la heredera de una casa real que no reina pero tiene amplias prerrogativas en el seno del Estado rumano.

El presidente rumano, Klaus Iohannis, y el primer ministro, Mihai Tudose, destacaron el papel en la historia de Europa de Miguel I: “Fue una de las personalidades más importantes de Rumania y escribió con grandes letras la historia de Rumania“, declaró Iohannis tras conocer el fallecimiento del exmonarca. “Rumania organizará todas las ceremonias procedentes y de declararán días de luto nacional”, confirmó el jefe de Estado.

 

Por su parte, el jefe del Ejecutivo afirmó que “el pueblo rumano se despide con dolor del rey Miguel, un modelo de moralidad y dignidad para los rumanos, una personalidad que ha marcado fuertemente la historia de Rumania“. “Le vamos a echar de menos, sobre todo el próximo año, cuando celebraremos el Centenario de la Gran Unión de 1918 (la constitución del actual Estado de Rumanía), un momento con un significado especial para nuestra nación”, escribió Tudose en la red social Facebook. “El recuerdo de Su Majestad siempre quedará vivo”, concluyó el primer ministro.

Miguel I fue el único hijo del rey Carol II de Rumania y de la princesa Elena de Grecia. El matrimonio fue protagonista de uno de los primeros “escándalos reales” del siglo XX a poco de la boda, cuando Carol abandonó el país, renunció a su derecho al trono y empezó una relación con Elena Lupesco. Años después, Carol, de regreso en Rumania, enviaría a la madre de Miguel al exilio, una separación que duró mucho tiempo. La crisis familiar dejaría una huella en el semblante del pequeño Miguel.

 

Miguel de Hohenzollern-Sigmaringen nació el 25 de octubre de 1921 y fue el cuarto rey de Rumania y reinó en dos ocasiones: fue entronizado en 1927, a los 6 años, al morir su abuelo Fernando I, pero en 1930 fue remplazado por su padre, Carol II, quien regresó del exilio a reclamar su derecho al trono.

Diez años después, con la II Guerra Mundial ya empezada y con Rumanía bajo la dictadura del mariscal Ion Antonescu, aliado de la Alemania nazi, Carlos volvió a huir del país y Miguel fue proclamado de nuevo rey. Su condición de rey títere del régimen filo nazi rumano terminó en 1944, cuando encabezó un golpe contra Antonescu, responsable de haber enviado al exterminio a unos 300.000 judíos rumanos, y se unió a los Aliados.

Tras la invasión soviética de Rumanía, Miguel I se vio primero obligado a nombrar un gobierno dominado por el Partido Comunista y el 20 de diciembre de 1947 fue obligado a abdicar a punta de pistola por el gobierno comunista. Un mes antes, Miguel I había viajado a Londres para asistir a la boda de la futura reina Isabel II y conoció a la princesa Ana de Borbón-Parma, con quien contrajo matrimonio en una ceremonia que se celebró en Atenas en 1948.

Tras su abdicación, el rey rumano se exilió en Suiza junto a su madre, la reina Elena, y un puñado de sirvientes. Durante su exilio trabajó como piloto de pruebas y corredor de Bolsa. Tras la ejecución en 1989 del último dictador comunista, Nicolae Ceaucescu, Miguel trató de regresar a Rumania en 1992, pero fue detenido y expulsado. La reconciliación y el permiso para volver a Rumania no se produjo hasta 1997.

“No veo a Rumanía como una herencia de nuestros padres, sino a un país que hemos tomado prestado de nuestros hijos”, afirmó en octubre de 2011 Miguel I, en su primer discurso ante el Parlamento rumano desde 1947. “La política puede perjudicar a los ciudadanos si se desprecia la ética, se personaliza el poder y se ignora el papel primordial de las instituciones del Estado“, subrayó entonces Miguel, acompañado por su hija, la princesa Margarita.

Tras regresar a Rumanía, Miguel recuperó parte de su patrimonio, como los palacios de Peles, Elisabeta y Savarsin (oeste del país), y el Senado rumano le otorgó en 2001 derechos como ex jefe del Estado. Su popularidad entre los rumanos fue creciendo hasta el punto de que el 30 % de los rumanos respalda, según recientes sondeos, la reinstauración de la monarquía en el país balcánico.-

 

 

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