Boda Real, Crónica

¿Por qué Meghan Markle no será “Princess Meghan” cuando se case con el príncipe Harry?

¿Por qué Meghan Markle no será “Princess Meghan” cuando se case con el príncipe Harry? Esta pregunta se ha hecho constantemente durante la primera semana después de que el príncipe Carlos de Inglaterra anunciara el compromiso de su hijo menor con la actriz estadounidense.

Aunque se han dado decenas de hipótesis y explicaciones con escaso fundamento, el asunto no es tan complejo como parece. Para empezar, hay que conocer las costumbres de Gran Bretaña, país en el cual las mujeres adoptan el apellido, a veces el nombre (y el título, si es noble) del hombre con quien se casan. Es por eso que la cantante Victoria Adams se convirtió legalmente en Victoria Beckham cuando se casó con el futbolista.

Ni por su color de piel, ni por su religión, ni por su estado civil, no por su profesión ni por su origen: Meghan Markle no será discriminada por la monarquía británica al casarse con el príncipe Harry. Quedaron muy lejos los tiempos en que el rey Eduardo VIII se vio obligado a abdicar al trono para casarse con una mujer estadounidense dos veces divorciada y evitar así una crisis constitucional.

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Las leyes internas de la monarquía británica, recogidas en el estatuto que el rey Jorge V firmó en 1917, en plena Primera Guerra Mundial, permiten a los príncipes y princesas de la casa de Windsor casarse con plebeyos. De esta forma, el rey buscaba que su familia, de sangre alemana, emparentara con hombres y mujeres locales que inyectaran sangre británica a una familia acusada de ser germanófila.

Tras la abdicación del rey Eduardo VIII las normas se fueron suavizando en la monarquía inglesa, en la que hasta entonces las personas divorciadas habían estado vetadas por la relación existente entre la Corona y la Iglesia de Inglaterra. En 1978, la hermana de la reina Isabel II, Margarita, sentó un precendente histórico al ser el primer miembro de la monarquía inglesa en divorciarse.

En 1978, se estableció otro precedente cuando el príncipe Michael de Kent, primo de  Isabel II, se casó con una mujer de la aristocracia austíaca que era divorciada, al igual que Meghan. Esto no habría supuesto ningún escollo en el estatus del príncipe, pero el hecho de que la mujer, la baronesa Marie-Christine von Reibnitz, fuera católica hizo que el príncipe perdiera su derecho al trono.

En 2013, la monarquía se modernizó todavía más cuando Isabel II dio su consentimiento a que, a partir de ahora, las personas de la familia real que se casen con católicos no pierdan su derecho al trono. En todo caso, la confesión de Meghan Markle y su estado civil (divorciada) tampoco es un escollo para que reciba un título real.

Y entonces, ¿por qué Meghan Markle no será la “princesa Meghan”? Sarah Ferguson, proveniente de una familia de la alta burguesía inglesa y descendiente de reyes, no se convirtió en princesa cuando se casó con el príncipe Andrés, en 1986. Tampoco la relacionista pública Sophie Rhys-Jones se convirtió en princesa cuando se casó con el príncipe Eduardo, en 1999.

CATALINA MIDDLETON TAMPOCO ES PRINCESA

 

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En 2011, cuando el nieto de la reina Isabel, el príncipe Guillermo, se casó con Catalina Middleton, ella no se convirtió en princesa. Sin embargo, estas tres mujeres tienen un punto en común: las tres adoptaron el título de su marido. Sarah se convirtió en Duquesa de York, Sophie en Condesa de Wessex y Catalina en Duquesa de Cambridge. Isabel II concedió estos títulos a Andrés, Eduardo y Guillermo, respectivamente, como “regalos de bodas”.

Según las últimas refirmas, en la monarquía británica solo son príncipes y princesas los hijos del monarca (en este caso Carlos, Ana, Andrés y Eduardo) y los hijos del heredero al trono (en este caso, Guillermo y Enrique, los hijos de Carlos). Por eso es que ni Sarah, ni Sophie, ni Catalina ni la novia del príncipe Harry pueden titularse princesas.

Meghan Markle solo podría llegar a titularse “princesa Henry de Gales, porque de esta forma estaría adoptando el nombre y el título de su futuro marido. Esto ocurrió en 1978, cuando Marie-Christine von Reibnitz se convirtió en la “Princesa Michael de Kent” al casarse con el príncipe Michael. La reina Isabel II no le concedió ningún título personal a su primo.

UN DUCADO, REGALO DE BODAS

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Y no, no es por su nacionalidad, ni su estado civil ni su profesión: Meghan no será princesa de Gran Bretaña e Irlanda del Norte porque no es hija ni nieta de la reina, sino esposa del nieto de la reina y, en el futuro será nuera del rey Carlos. Lo que posiblemente suceda es que Isabel II regale al príncipe Harry un título ducal el día de su boda, como se acostumbra, por lo cual Meghan se convertirá en la Duquesa.

En 1893, el príncipe Jorge, nieto de la reina Victoria, se casó con Mary de Teck. La monarca le concedió a su nieto, como regalo de bodas, el Ducado de York, con lo que Mary pasó a ser Duquesa. Lo mismo sucedió con los hijos de Jorge y Mary: Alberto (duque de York) se casó con Lady Isabel Bowes-Lyon, quien se convirtió en la Duquesa de York; Enrique (duque de Gloucester) se casó con Lady Alice Montagu-Douglas-Scott, quien se convirtió en la duquesa de Gloucester. Jorge (duque de Kent) fue el único hijo que se casó con una princesa real, Marina de Grecia, quien de todos modos pasó a ser oficialmente la duquesa de Kent.

Los expertos afirman que la reina ha reservado el título de “Duque de Sussex”, un título que no ha sido utilizado por nadie desde 1843, para obsequiar al príncipe Harry el día de su boda, en mayo de 2018. De esta forma, Markle no tendrá que titularse “Princesa Henry” (o “Princesa Enrique”, en castellano), lo que constituye un arcaísmo, sino que será una ‘duquesa consorte’ con el tratamiento de “Alteza Real”. Llegado el momento, la casa real deberá anunciar los títulos que recibirán los hijos de la pareja, para quienes no hay nada preestablecido puesto que no son nietos de un monarca, sino bisnietos.

 

 

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