Gran Bretaña

Desayuno con tabaco y vodka: La decadente rutina de la princesa Margarita

La vida de las personas de sangre azul puede llegar a ser difícil. Compromisos oficiales, cenas con personas indeseables, charlas aburridas con políticos y viajes a los lugares más lejanos en los que hay que saludar personalmente a mil personas por día.

En el plano íntimo, la vida de los miembros de la realeza puede ser, también, muy diferente a la de nosotros. Recordemos, por ejemplo, que la reina Isabel II de Inglaterra y su familia tienen prohibido jugar al Monopoly, para que no se hagan adictos al juego de azar.

Pero no todo es condenación, aburrimiento y tristeza. Las ventajas de ser un príncipe o una princesa también son bastante buenas, sobre todo si tenemos en cuenta la rutina que llevó la hermana menor de Isabel II, la princesa Margarita (1930-2002). Según el libro “Ma’am Darling”, escrito por Craig Brown, la rutina matutina de Margarita comenzaba a las 9 de la mañana, la hora en que se se despertaba, y no cambió durante mucho tiempo.

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Según este libro, en 1955 la princesa -quien vivía en Clarence House con su madre- desayunaba y fumaba en la cama, mientras escuchaba la radio y leía los periódicos del día. El ritmo se aceleraba un poco a las 11 de la mañana, cuando la princesa por fin salía de la cama y se dirigía, acompañada por una doncella, a la bañera, donde pasaba una hora completa en el más absoluto relax. Margarita tenía por costumbre pegar cajas de fósforos en sus vasos de whisky para encender más fácil sus cigarros.

Al mediodía, “una hora en el baño es seguida la peluquería y el maquillaje en su tocador y luego se pone ropa limpia“, explica Brown. “Como se esperaría de una princesa, la princesa Margarita nunca usó ninguna de sus prendas más de una vez sin lavarla antes“. Era a las 12.30 del mediodía cuando el día de Margarita empezaba realmente, hora en la que salía de su suite y bajaba las escaleras para desayunar ¡vodka!

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Margarita de Inglaterra, quien murió en 2002, claramente apreciaba las cosas buenas de la vida. Seis años menor que su hermana, Isabel II, las diferencias entre las niñas eran abismales: mientras “Lilibet” pasaba largas horas estudiando Historia, geografía y matemática, Margarita prefería las clases de canto y baila, la pintura, los discos de música de moda, las revistas de celebridades y, más adelante, el tabaco y el alcohol.

Su estilo la llevaría a la muerte a muy corta edad. Margarita pasó los últimos años de su vida enclaustrada, dejando atrás los años en los que pasaba las noches en los clubes nocturnos de Londres, bailando y bebiendo hasta el amanecer. Un cáncer de pulmón la obligó y otros problemas de saludo la obligaron a encerrarse cada vez más. “A cierta edad“, dijo una vez, “la mujer debe estar sola. Tener a un hombre al lado puede ser una molestia. Es mi opinión personal, pero estoy segura que muchas mujeres están de acuerdo conmigo“.

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