Emperatriz celosa, María Teresa de Austria creó un escuadrón que cazaba adúlteros

María Teresa (17171780) fue una mujer excepcional: puesto que su padre, Carlos VI, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, murió sin descendencia masculina, en 1740 se convirtió ella en la primera y única Emperatriz de Austria además de Reina de Bohemia y “Rey” de Hungría. “Por primera vez tienen los Habsburgo un hombre (en el poder) y resulta ser una mujer”, escribió una vez el rey Federico II de Prusia sobre la emperatriz por su fuerte carácter.

María Teresa era una niña tímida que a los 5 años ya tenía noticias sobre su futuro esposo. Su primer prometido, Leopoldo de Lorena, debía ir a Viena en 1723 para conocerla, pero murió afectado por la viruela a sus 16 años. Otros pretendientes de la niña heredera de los Habsburgo, fueron descartados, por sus religiones o sus posiciones políticas y finalmente fue el francés Francisco Esteban de Lorena quien se quedó con la niña trofeo.

Para el momento de la boda, niña se había vuelto una apasionada y celosa señorita de 19 años, que quería mucho a su marido pero este comenzó a ser conocido como el hombre más infiel del Imperio. A los 39 años, María Teresa tuvo a su décimosexto y último hijo, Maximiliano, y por estas fechas se supo que dijo: “De no haber estado casi siempre embarazada, hubiera ido sola a los campos de batalla”.

Siempre alegre y trabajadora, la emperatriz jugaba a los naipes y bailaba hasta tarde sin que al día siguiente le faltaran energías para salir a montar o andar en trineo. Pero sus continuos partos y los asuntos de Estado la envejecieron pronto y, por si ello fuera poco, vivía acongojada por las largas ausencias de su marido.

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María Teresa, Francisco Esteban y su gran familia

Aunque se dice que el matrimonio se entendía muy bien y que la emperatriz toleraba las “aventuras” de su marido, estaba atormentada por los rumores que llegaban sobre el mujeriego. Obsesionada con el adulterio, creó la “Comisión para la Castidad”, un escuadrón especial de la policía vienesa encargado de investigar, perseguir, detener y castigar a los adúlteros del imperio.

La piadosa y engañada emperatriz ordenó que aquellas patrullas puritanas recorrieran todos los rincones del imperio, se metieran en los teatros, en reuniones sociales e incluso en casas particulares. Todos aquellos hombres o mujeres que no tuvieran un comportamiento cristiano, eran arrestados, y los extranjeros acusados de corromper a los ciudadanos austriacos eran expulsados de inmediato. Algunos rumores indican que la propia emperatriz formaba parte de las patrullas recorriendo los prostíbulos de Viena en busca de su infiel marido. Pese a todo, María Teresa amaba a su marido.

El 18 de agosto de 1765 Francisco Esteban murió en Innsbruck de una apoplejía fulminante y todo el imperio se preguntó si la valiente María Teresa abandonaría la corona a causa de la tristeza. Como muestra de dolor, la emperatriz se cortó el cabello, cubrió sus aposentos con alfombras, cortinas y tapices negros y vistió de negro el resto de su vida.

Aún gobernó 15 años y lo hizo con su hijo José, pero, acostumbrada a hacerlo sola, se le hizo difícil compartir el gobierno con alguien que tenía opiniones distintas en muchas cosas. “He perdido al más amable de los esposos…”, escribió la emperatriz a una amiga tras los funerales del infiel difunto. “Él era todo el consuelo de mi dura existencia; ahora para mí nada queda”.

Tal era el abatimiento de la emperatriz, que llegó a contar el tiempo exacto que había pasado junto a su amado Francisco: “Francisco I, mi marido, falleció el 18 de agosto, a las nueve y media. Vivió 680 meses, 2.958 semanas, 20.778 días, 496.992 horas. Nuestra feliz unión ha durado 29 años, 6 meses y 6 días, o sea 1.540 semanas, 10.781 días, 358.774 horas…

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