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El emperador glotón que se comía hasta las ofrendas de los dioses

El 69 d.C. fue un año inusual en el Imperio Romano porque en el transcurso de sus doce meses reinaron cuatro emperadores: tras la muerte de Nerón reinaron Galba y Otón, ambos muertos de forma trágica. El último de ellos fue el emperador Aulo Vitelio (15-69 d.C.), que reinó apenas nueve meses pero fue el más extravagante. Durante años no había hecho más que adular emperadores para conseguir poder: fue uno de los amantes masculinos del perverso emperador Tiberio, fue admirado por Calígula por su destreza con los caballos, cercano a Claudio y querido por Nerón porque solía elogiarlo descaradamente en público.

Vitelio fue conocido por su extrema crueldad, pero sobre todo por su glotonería: amante de las ostras, por ejemplo, era capaz de comerse hasta 1.200 en una sola tarde. Organizaba fiestas tres veces o cuatro veces al día y en el poco tiempo que ocupó el divino trono gastó 900 millones de sestercios tan sólo en comida. Sus platos favoritos, que comía abundantemente, eran a base de ingredientes traídos de todo el imperio romano, y se dice que desmedido afán por la comida lo llevaba a recoger las sobras del día anterior o las que habían caído al piso.

Cornelio Tácito, en su libro «Historia», escribió: “Él tenía una pasión desagradable, insaciable por los alimentos. Los caminos que llevaban desde los dos mares, temblaban bajo el estruendo de los carros, que cargaban todo lo que podría excitar su apetito. En las ciudades se organizaban fiestas, acabando con el suministro urbano de alimentos”. El emperador, incluso, llegaba a robar las ofrendas de comida hechas a los dioses en los templos romanos.

El banquete más famoso fue en honor por la llegada de su hermano, sirviéndose dos mil peces y siete mil aves. El propio emperador logró opacar esta fiesta, con un gigantesco plato que el propio lo llamó el “escudo de Minerva”, según «Los Doce Césares»: “Habían mezclado en él hígados de escaro, sesos de faisanes, lenguas de flamencos y huevos de lampreas. Barcas y trirremes habían ido a buscar estas cosas desde el país de los partos hasta el mar de España”.

Plinio escribió que para su preparación se construyó un horno al aire libre. Allí fueron mezclados los ingredientes más exóticos: peces de muchas especies, la anguila morena, los cerebros de faisán y de pavo real, lenguas de flamenco, para las cuales envió barcos…” Otros cronistas detallan que en las ceremonias más importantes de la corte Vitelio se hacía servir sus alimentos en una bandeja humana, protagonizada por una doncella joven y completamente desnuda.

Al igual que los reinados de sus antecesores, el de Vitelio fue breve y terminó muy mal. Perseguido por la guardia imperial, fue encontrado escondido tras una cama y, al ser capturado, negó cobardemente ser el emperador. La guardia le ató los pies y las manos y, entre una escandalosa multitud que le gritaba “¡Gordo!” y “¡Glotón!” fue conducido hasta el río Tíber, a cuyas agua fue arrojado después de ser ejecutado.

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Creador y autor de Secretos Cortesanos. En Twitter y en Instagram soy @dariosilvad.