España

Viudo de una mujer fea, Fernando VI se convierte en el hombre más triste de España

Tras la muerte del “rey loco” Felipe V de España, en 1746, fue coronado su segundo hijo, Fernando VI (1729-1758), otro loco. A pesar de que su matrimonio con Bárbara de Portugal fue orquestado por una necesidad de Estado, el suyo fue uno de los pocos matrimonios de la dinastía borbónica que llegó a amarse de verdad.

Y eso que doña Bárbara era posiblemente la princesa más fea de Europa; de hecho, cuando se estaba negociando el matrimonio los cortesanos portugueses tardaron varios meses en enviar un retrato a la Corte de Madrid por miedo a que el novio español se arrepintiera.

Tan pocos encantos tenía la mujer, que en una carta el embajador español en Lisboa decía a Felipe V que el rey de Portugal se lamentaba de que en su reino hubiera “una cosa tan fea”. Otro diplomático escribió sobre Bárbara: “La figura de la princesa, aunque cubierta de oro y brillantes, no agradó al príncipe, que la miraba como si creyese que le habían engañado. Su enorme boca, sus labios gruesos y abultados carrillos y sus ojos pequeños, no formaban para él, a lo que pareció, un conjunto agradable: lo único que tiene de bueno es la estatura y el aire noble”.

Cuando Fernando VI y Bárbara llevaban doce años de reinado, en 1758, la reina murió a los 47 años, causando un profundo dolor a su marido. Absolutamente apenado, Fernando VI se encerró en un castillo acompañado de un pequeño séquito. Como su padre, Fernando VI dejó de comer, descuidó su higiene personal y comenzó a presentarse con un aspecto físico deplorable.

FErnando-VI-y-Barbara-de-Braganza

Durante un año el rey Fernando VI no se cambió de ropa ni durmió en una cama, arrojaba los platos y vasos a sus servidores, trataba de ahorcarse con sus sábanas y hasta rogaba que le dieran ideas porque su cabeza, decía, estaba vacía. Los criados debieron empezar a servir la comida en vajilla de plata para que el abatido rey no intentara comerse de cristal. Condenado por sí mismo al ostracismo y la abstinencia, el rey quería ver a nadie, ni a sus ministros y negándose a tomar conocimiento de los asuntos de Estado.

En una carta fechada el 13 de noviembre de 1758, Lord Bristol escribía al ministro británico William Pitt: “El rey católico… no quiere que lo afeiten, y se pasea en bata y camisa; ésta no se la ha cambiado desde hace un tiempo increíble. No se ha acostado durante diez noches. No quiere acostarse porque se imagina que cuando esté en esa posición se morirá”.

Según el historiador José Ignacio Escribano, “su mente se fue degenerando de tal forma que acabó en una profunda locura. En los últimos meses de su vida vagaba por los corredores del pasillo como ánima en pena, preguntando a sus guardias si habían visto pasar a la reina”. Los lamentos y gritos que lanzaba el rey por las noches se oían en todo el palacio real y los criados Fernando VI, el viudo más triste de España, murió en 1759, habiendo perdido completamente la razón pero nunca la esperanza de reencontrarse con su reina.

 


Esta historia forma parte de “Secretos Cortesanos”, una selección de 100 historias de amores, escándalos y frivolidades de la realeza.

Lea gratis los primeros capítulos del libro aquí.

Anuncios
This entry was posted in: España

por

Creador y autor de Secretos Cortesanos. En Twitter y en Instagram soy @dariosilvad.