Crónica

Palacios y museos de Austria celebran el 300 aniversario de la emperatriz María Teresa

La imponente figura de la emperatriz María Teresa de Austria (1717-1890), madre y abuela de reinas y reyes de toda Europa, forjadora de la grandeza de los Habsburgo y estadista sin par en el siglo XVIII, es el eje de un homenaje abierto hasta fin de noviembre en cuatro exposiciones simultáneas en Viena y Baja Austria. “Maria Teresa: Estratega-Madre-Reformadora” explora los claroscuros de su reinado y su vida personal en ocasión del tercer centenario de su nacimiento. En los castillos Hof y Niederweiden, en la región de Marchfeld en Baja Austria, los temas de las muestras aluden a las alianzas y enemistades, así como la modernización y la reforma.

María Teresa surge de la exhibición en el castillo de Hof como una figura ambivalente en lo político, con un reinado signado por las reformas y la modernización pero también la guerra y la intolerancia: fueron los años de la Guerra de Sucesión Austríaca y la Guerra de los Siete Años. En Niederweiden, una joya barroca que María Teresa hizo reformar por el arquitecto de la corte, Nicolaus von Pacassi, se examina también las relaciones entre la monarca, ultracatólica, y las ideas de su siglo marcado por la Ilustración.

Dos son las muestras que se le dedican en Viena: en el Hofmobiliendepot, la Colección de Mobiliario Imperial, se aborda a María Teresa como jefa de familia. La emperatriz tuvo 16 hijos y persiguió una intensa política de alianzas matrimoniales que la convirtieron en la “suegra de Europa”: una hábil negociadora política, pero también causante de la desdicha de muchos de sus hijos. La más célebres es probablemente María Antonieta, que siendo una adolescente pasó de los fastos vieneses a los de Versailles, para casarse con el futuro Luis XVI e iniciar, sin saberlo, el camino a la guillotina. Las distintas exhibiciones que la muestran en el corazón de los Habsburgo tienen también lugar para otros célebres miembros de la familia, como Francisco José y su esposa Sisi, que ya en los años finales le pusieron a la dinastía tanto amor como tragedia.

En esta muestra también se examina el uso de la imagen para legitimar su imperio y se recuerda el impresionante legado del rococó vinculado a su proyecto del Palacio de Schonnbrun, la residencia de verano de los Habsburgo. Es allí precisamente donde se encuentra el Museo de los Carruajes Imperiales, que la conmemora especialmente poniendo el ojo en las celebraciones públicas de los Habsburgo y en la imagen que proyectaba de sí misma como cabeza del imperio, poderosa y a la vez profundamente femenina.

Quien llegara al trono de Austria mediante una guerra se consolidó gracias a su imagen de madre pero también de mujer gozosa de la vida, el baile y los paseos, que la acercaron a su pueblo. Aquí se pueden ver numerosos carruajes y ornamentos utilizados en sus traslados por ella y sus sucesores. El año dedicado a María Teresa y el despliegue de una única exhibición en cuatro sedes es fruto de la colaboración entre varios museos e instituciones de arte e historia, que lograron un enfoque original para iluminar la compleja personalidad de la soberana. El símbolo del tricentenario es una imagen al pastel pintada por Jean-Etienne Liotard, que fue el resultado de un encuentro espontáneo entre la reina y el artista y la muestra sin insignias monárquicas, como una persona particular alejada de los fastos imperiales.

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Creador y autor de Secretos Cortesanos. En Twitter y en Instagram soy @dariosilvad.