Rusia

El “Gabinete de Curiosidades” de Pedro el Grande estaba repleto de cadáveres, dentaduras y fenómenos

El más grande de los zares que tuvo Rusia, Pedro I (1672-1725) fue muy cuidadoso a la hora de recopilar toda clase de curiosidades, desde los dientes de sus sirvientes hasta la cabeza de una de sus amantes, la condesa María Hamilton, acusada de infanticidio.

El propio emperador se había presentado en el momento de la ejecución a besar a la desdichada y, cuando su cabeza rodó por el suelo, la tomó por los cabellos y explicó tranquilamente a los presentes los órganos que había seccionado el hacha. Acto seguido, ordenó que esa cabeza fuera introducida en formol porque deseaba darle un lugar privilegiado en su particular colección de rarezas.

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Fascinado por los enanos, los gigantes y cualquier ser humano deforme, Pedro llevó desde Francia a un coloso gordo y blando de 2,26 metros de estatura llamado Burgeois y lo hizo casarse con una mujer finesa de la misma estatura, esperando que tuvieran hijos monstruosos.

Cuando se informó que la pareja no podría tener hijos, Pedro suspendió su renta anual y obligó a Burgeois a participar de las ceremonias grotescas, disfrazado de niño pequeño y llevado en andador por enanos.

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Su fascinación por las rarezas llevó a Pedro a construir un “Gabinete de Curiosidades”, una colección que abarcaba cualquier cosa curiosa que encontrara y considerara digna de ser atesorada: penes de diferentes tamaños y formas conservados en formol, lenguas humanas, cadáveres de bebés con deformidades, el cuerpo embalsamado del gigante Burgeois, su esqueleto separado, su estómago, hígado y riñones conservados en alcohol, dentaduras, un hombre privado de genitales, un niño de tres cabezas, un cordero de cinco patas, un feto deforme, etc…

Hasta el guardián del gabinete era un fenómeno: un enano con dos dedos en cada mano y cada pie que, a su muerte, fue embalsamado y colocado como una pieza más del fantástico museo. Un decreto imperial ordenó a los gobernadores de las provincias rusas buscar y enviar a San Petersburgo los fenómenos, hombres o animales, vivos o muertos, que se encontraran en sus territorios, para que el zar los examinara y conservara.

De la misma forma, los directores de los hospitales de San Petersburgo tenían orden de informar al zar cuando tuvieran que hacer una operación, sin importar la hora y el lugar. A modo de preparación, Pedro dejó varias veces San Petersburgo para hacer viajes educativos de incógnito por Europa, durante los cuales reunía gran cantidad de conocimientos (y, por supuesto, rarezas) que luego llevaba a su país y trataba que se aplicaran.

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Pedro exigía que todos aquellos que lo acompañaran que demostraran el mismo interés que él y se enfureció cuando, en una ocasión, durante una lección de anatomía a la que asistió en Holanda, sus acompañantes hicieron gestos y ruidos de disgusto al ver cómo un cadáver era diseccionado.

El zar ordenó que todos ellos se acercaran al cadáver, hundieran la cabeza en él, y se comieran un pedazo de su carne. En otra ocasión, exhumó el cadáver de la zarina Marta, esposa de Fiodor III, para comprobar si en verdad, como se hablaba en la corte, había muerto virgen.

tablet-1156403_1280Esta historia forma parte de “Secretos Cortesanos”, una selección de 100 historias de amores, escándalos y frivolidades de la realeza.

Lea los primeros católicos del libro aquí.

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Creador y autor de Secretos Cortesanos. En Twitter y en Instagram soy @dariosilvad.