Europa

Los 80 años de Paola, la italiana que llevó alegría a la triste corte de Bruselas

En los años 50, la corte de Bruselas era un verdadero convento. Las sucesivas muertes del rey Alberto I, en un accidente de alpinismo, y la de la reina Astrid en un accidente de tránsito, habían enlutado a la familia real perpetuamente. Por si ello fuera poco, la familia real permaneció en arresto domiciliario durante la Segunda Guerra Mundial y el rey Leopoldo III fue acusado de colaborar con el nazismo. Asediado por la crítica pública y a punto de estallar una guerra civil, Leopoldo abdicó en un joven, el rey Balduino, marcado desde la infancia por la tragedia, el drama y la convulsión política.

Desde la muerte de Astrid no hubo reina en Bélgica. La segunda esposa de Leopoldo III, la princesa Lilian de Réthy, era detestada por el pueblo belga por haber tenido el atrevimiento de remplazar a la adorada reina Astrid. La viuda del rey Alberto I, Isabel de Baviera, era demasiado excéntrica, artística y comunista como para ser verdaderamente querida por los belgas. La respetaban por su actuación durante la Primera Guerra Mundial, pero no la querían, así que ella prefería ocultarse de la mirada pública.

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Paola Ruffo di Calabria fue la primera princesa que ingresó en el palacio de Laeken, casi un cuarto de siglo después de la muerte de Astrid. Era la prometida del príncipe Alberto, quien posteriormente reinaría con el nombre de Alberto II, y cuñada del rey Balduino. La presencia de esta belleza italiana, de cabellos rubios y ojos hermosos, cautivó a los belgas y llevó una bocanada de aire fresco -aire italiano- a la acongojada corte de Bruselas.

Nacida el 11 de septiembre de 1937 en Fonte di Marmi, una estación balnearia donde su familia poseía una casa de veraneo, la niña recibió los nombres de Paola Margherita Giuseppina Maria Clánsiglia. Poseía, además, una larga lista de apellidos que acreditaban su nobleza italiana: de la madre, Luisa Dei Conti Gazelli di Rossana e di San Sebastiano y del padre, Fulco príncipe de Ruffo, di Calabria, duque de Guardia Lombarda y conde de Sinopoli.

Cuando conoció a Alberto, Paola era una joven de belleza perfecta, que hubiera podido hacer carrera como modelo o como estrella de cine. Pero al decir de los italianos, la boda con Alberto fue obra de su hermano Antonello, el hombre de negocios de la familia, que quería dar un destino más alto al mejor capital de los Ruffo. El “amor a primera vista” se produjo gracias a una invitación de la embajada belga a una recepción en honor de Alberto durante los festejos por la coronación de Juan XXIII como nuevo papa.

BODA EN 1959

boda en 1959

La corte que conoció Paola había quedado paralizada en el tiempo. Era un “convento” lleno de hombres vestidos de gris, regido por un protocolo envarado y animado por una religiosidad excesiva. La boda se celebró el 1959 en la catedral bruselense de San Miguel y Santa Gudula. La aparición de una cuñada también latina, la española Fabiola de Mora y Aragón, justo al cabo de un año de boda, no mejoró las cosas para la “dolce Paola”.

El contraste entre las dos cuñadas no podía ser mayor: Fabiola tenía una vestimenta casi monjil, Paola prefería las minifaldas; la primera prefería rezar, la segunda prefería bailar hasta el amanecer; la española, católica tradicional, la italiana fue expulsada del Vaticano por usar minifalda; la esposa de Balduino, estricta, convencional, apegada al protocolo, la esposa de Alberto, adicta al rock y las fiestas.

A los cuatro años de casada, las cosas no andaban bien para Paola. Sólo aparecía en los actos donde su presencia era imprescindible, se la veía bostezar en los actos aburridos y siempre tenía sueño. Su popularidad empezó a erosionarse y tanto ella como Alberto prefirieron frecuentar otras personas. Según La Libre Belgique, diario conservador y católico escribió que todas las anteriores circunstancias “convirtieron en difícil de vivir su destino de princesa, llegando a perjudicar incluso al equilibrio de la pareja principesca“.

A LAS PUERTAS DEL DIVORCIO

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El cantante italo-belga de expresión francesa Adamo, autor de los bailables más hot de los años 70, le dedicó una canción, lo que dio pie a algunas especulaciones: “Dolce Paola”, con el consiguiente escándalo, ya que los paparazzi los fotografiaron juntos, abrazados, caminando por una playa.

Mientras tanto, Alberto mantuvo un efusivo romance con la esposa de un noble, la baronesa Sybille de Sélys-Longchamps, durante 18 años. Según esta aristócrata, Alberto y Paola estuvieron dos veces al borde del divorcio, pero la marcha atrás de la baronesa frenó el último intento, 15 días antes del anuncio oficial.

El primer intento se produjo en 1969, apenas tres años después de que el exmonarca conociera a Sybille de Sélys. Alberto, ya casado aunque aún sin estar al frente del trono, comunicó a su hermano Balduino, su intención de emprender una nueva vida con Sybille. Aunque al principio se mostró reacio, Balduino acabó asimilando la idea y organizó todo un proceso legal para aclarar las condiciones del divorcio.

La principal era que un príncipe divorciado perdería su derecho al trono y la sucesión pasaría a Felipe (actual rey), el queridísimo sobrino y heredero de Balduino y Fabiola. El rey pidió a su hermano posponer la separación hasta que su hijo Felipe alcanzara la mayoría de edad.

Cuando Sybille estaba a punto de convertirse en la segunda esposa de Alberto, no soportó más la situación y comunicó a su amante que se iría de Bélgica con su hija Délphine, presunta hija de ambos. “Delphine es una hija del amor (…) Es lo que le dije cuando le conté la verdad a sus 17 años”, dijo la amante en una entrevista.

Ante la idea de perderla, Alberto solicitó de nuevo el divorcio, pero 15 días antes del anuncio oficial Sybille se arrepintió. El motivo, según su propio relato, fue la condición que se impuso a Alberto respecto a la relación con sus hijos: podría mantenerla, pero nunca en presencia de la baronesa, que temió quedar retratada como la mala en esta historia.

UN AMOR RENOVADO

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Los 80 años de la reina Paola, la italiana que llevó alegría a la triste corte de Bruselas

En 1999 la historia de Délphine salió a la luz en una biografía de Paola, quien seis años antes, tras la muerte del rey Balduino, se había convertido en reina, como esposa de Alberto II. El libro revelaba detalles de los turbulentos años 60, con un matrimonio roto, unos hijos -Felipe, Astrid y Laurent- completamente abandonados por su madre, una amante oficial, planes de divorcio e hijos ilegítimos.

Délphine llevó a Alberto ante los tribunales de Justicia, que no le dieron la razón. Los jueces sentenciaron que ella no es hija del rey ni hermana del actual rey Felipe. Desde los años 80, no había nubes de tormenta sobre el chateau de Belvedere, residencia de Alberto y Paola. Se dice que fue la santa ayuda de la reina Fabiola lo que ayudó a la pareja a alcanzar la estabilidad y recuperar su apasionado amor.

Para cuando llegaron al trono -y todavía hoy, 24 años después- Alberto II y Paola se presentan como una pareja de ancianos enamorados incomparable en la realeza europea. En 2013, con lágrimas y un nudo en la garganta, Alberto II cedió el trono a su hijo y dijo “Gracias… ¡Y un beso grande!” a que ha sido durante los últimos 60 años el amor de su vida, la dolce Paola.

 

 

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Creador y autor de Secretos Cortesanos. En Twitter y en Instagram soy @dariosilvad.