Rusia

Ni por amor, ni conveniencia: Cuando los zares de Rusia elegían esposa en “concursos de belleza”

Poco tiempo después de ser coronado como Zar de Rusia, Iván IV -también conocido como “el Terrible”- se vio en la obligación de elegir una esposa en un “concurso” de belleza.

El zar debía elegir como esposa a una joven de la pequeña nobleza y, con tal motivo, en 1547 fueron convocadas a la corte de Moscú unas 500 doncellas, procedentes de todos los rincones del reino, para participar de un verdadero concurso de belleza.

Una vez llegadas a palacio, las muchachas eran agrupadas en el “terem” -una especie de harén-, donde las viejas y expertas damas y los médicos de la corte las examinaban sexualmente, las interrogaban, las desvestían, las palpaban para ver si eran dignas de los favores imperiales y, finalmente, hacían una lista de las mejor calificadas.

Las doncellas calificadas como inadecuadas para la consumación y procreación, eran devueltas a su casa mientras las demás eran escoltadas al dormitorio común. El día señalado para la selección final, las postulantes eran lavadas, peinadas, maquilladas, vestidas con las mejores sedas y presentadas una por una ante el zar sentado en el trono.

El Terrible examinaba una por una hasta ponerse de pie frente a la que le gustaba. Sin pronunciar palabra, Iván le entregaba un pañuelo a una chica, señal de que era la elegida. En 1547, la ganadora del “concurso” fue una joven llamada Anastasia Románovna Zakharina-Yúrieva, el gran amor de su vida.

La tradición zarista de elegir esposa de esta forma se mantuvo hasta el reinado del zar Alexei (1629-1676), quien eligió esposa del mismo modo: 200 de las jovencitas más bellas de la nobleza viajaron hasta la corte moscovita para ser inspeccionadas por él. Alexei eligió a Eufemia Vsevolozhskaia, pero cuando la llevaron para su primer encuentro con el zar, la joven se desmayó.

Todo el mundo creyó que la joven sufría de epilepsia, una enfermedad que antiguamente se relacionaba con la demencia, y por orden de Alexis, Eufemia fue enviada a Siberia, donde permaneció soltera durante el resto de su vida. Nadie osó jamás pedir la mano de aquella mujer a la que el zar había pretendido.

 


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Creador y autor de Secretos Cortesanos. En Twitter y en Instagram soy @dariosilvad.