Bomba en la corte de Francia: ¿La Reina dio a luz a una niña africana?

El 9 de junio de 1660, María Teresa de España, hija del rey Felipe IV, se casó con el rey Luis XIV de Francia, reconocido mundialmente como el “Rey Sol”. En su primer encuentro, la infanta española se mostró maravillada con su futuro marido, quien respondió con cierta indiferencia hacia ella.

Madame de Motteville cuenta que, al salir de su primer encuentro con la que sería su esposa, el rey declaró que “en un principio, la fealdad del peinado y del vestido de la infanta lo habían sorprendido, pero que al mirarla con más atención había visto que poseía mucha belleza y entendió que le sería fácil amarla”.

luis xiv

María Teresa se enamoró poco a poco del Rey Sol, pero a él le atraía más la dulce y delicada compañía de su amante, Mademoiselle de La Vallière. Triste y sola en Francia, María Teresa terminó encerrándose en sí misma.

La reina trató de recrear en Versalles la atmósfera que reinaba en la corte de Madrid, comiendo ajo y bebiendo chocolate, una bebida que ella popularizó en Francia, rodeada de criadas españolas, religiosos, perritos y enanos que servían como bufones, mayordomos y hasta consejeros.

“El rey le tenía cariño, la trataba paternalmente”, escribe Nancy Mitford; “ella le adoraba, aunque rehuía quedarse sola con él, pues la intimidaba. Una miraba amable suya la hacía feliz todo el día”.

UN ENANO LLAMADO NABO

maria teresa 1

María Teresa se sintió muy sola tras la muerte de su tía (y a la vez suegra), la reina Ana, quien quizás fuera la única amiga que encontró en Francia. Por eso es que recibió con mucha alegría al esclavo enano y negro que el Duque de Beaufort, almirante de la flota francesa, le llevó como regalo desde África.

La reina lo bautizó “Nabo”, lo integró en su pequeño círculo de gente de confianza y de inmediato desarrolló con él una relación muy intensa. El enano la divertía, la acompañaba, la consolaba… El 16 de noviembre de 1664, poco después de que “Nabo” falleciera, María Teresa dio a luz una niña de rasgos africanos a la que dio el nombre de Luisa María Teresa.

¡La noticia fue una bomba!

Madame de Orleáns, cuñada del rey, escribió en una carta: “El hermano del rey me contó lo difícil de la enfermedad [parto] de la Reina, de cómo su primer capellán se había desmayado de aflicción, y el príncipe y toda la gente junto con él se habían reído de la cara que puso la reina cuando vio que la hija que había dado a luz, se parecía al pequeño mono que sir Beaufort le había traído, que era muy bonito y que siempre estaba con ella. Cuando se dieron cuenta de que la hija de la Reina se parecía a su esclavo, se la llevaron, pero ya era demasiado tarde, y le dijeron que la niñita era horrible, que no viviría y que se lo llevaron o la Reina se moriría”.

LA MONJA NEGRA DE MORET, ¿HIJA DE LA REINA?

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La corte francesa, muy dada a los chismes, habló abiertamente del tema. Se dijo que la niña era de salud muy frágil, que era negra porque la reina comía mucho chocolate, y que era un fenómeno genético. Finalmente, cuarenta días después, la niña, que nunca fue vista en público, fue declarada muerta. Desde entonces se sospechó que, en realidad, la hija de María Teresa fue enviada a un convento donde fue educada para servir a Dios.

Según la hipótesis del historiador André Castelot, la niña de piel mulata sería, lógicamente, producto del amor secreto de la reina española con su joven y vivaz esclavo moro. Se cuenta que la reina visitó frecuentemente hasta su muerte la abadía francesa de Moret-sur-Loing, donde residía la monja Louise-Marie-Thérése (1664-1732), conocida como la “Monja Negra de Moret”.

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La religiosa se hizo famosa en toda Francia a causa de su color y de las historias que circulaban acerca de su parentesco con el rey. Luis XIV, sin que nadie supiera la razón, le concedió una pensión vitalicia. La “Monja Negra” estaba segura de ser hija de la reina y por lo tanto hermana del heredero. El duque de Saint-Simon cuenta que “le oyó decir descuidadamente una vez, al oír que Monseñor [el heredero] cazaba en el bosque: ‘es mi hermano quien está cazando’”.

Madame de Maintenon, la segunda esposa de Luis XIV, ama y señora de Versalles, se tomó el atrevimiento de viajar hasta Moret para que la monja le prometiera que no volvería a decir semejantes cosas. Apaciblemente, la religiosa le respondió con picardía: “La molestia que se toma una dama de su rango en venir a decirme que no soy la hija del rey, sólo me lo confirma”.-

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