Historias

La historia de una joya de la realeza británica: una fortuna fabulosa y un príncipe muy tacaño

La tradición de la familia real británica, que se repite en la mayoría de las familias reales, es que sus reinas y princesas utilicen las joyas familiares todo el tiempo que deseen pero no pueden legarlas, regalarlas ni venderlas. Tan solo pueden prestarlas. Las poseedoras suelen recibirlas como regalos de bodas, u otras ocasiones, de parte de una mujer de otra generación dinástica.

Esto ocurre actualmente con Catalina, duquesa de Cambridge, quien en las galas reales suele aparecer utilizando las joyas (tiaras, collares, broches, etc.) que han utilizado mujeres como la reina Isabel, la reina madre o la princesa Diana.

Una de las joyas que Isabel II ha pasado a la esposa de su nieto es el Collar Hyderabad, que tiene un nombre de innegable origen oriental y proviene de uno de los hombres más exóticos que existieron en las monarquías asiáticas.

EL PRÍNCIPE MÁS RICO DEL MUNDO

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Estamos hablando de Asaf Jah VII, nizam (príncipe soberano) de Hyderabad, uno de los muchos principados que componían antiguamente el Imperio Indio. Dueño de una fortuna que alcanzaba los US$ 210.000 millones, el soberano fue catalogado como el hombre más rico del mundo por la revista Forbes en 1937 y se hizo famoso al aparecer como “hombre del año” en el magazine norteamericano TIME con su vestimenta tradicional. Los occidentales supieron entonces que este pintoresco personaje llevaba en la lejana India una vida absolutamente curiosa.

Padre de 100 hijos, el su magnífico palacio este soberano indio disponía en 1937 de un servicio compuesto por 11.000 criados, de los cuales 38 se dedicaban exclusivamente a quitar el polvo a los candelabros. Gran parte de su fortuna la usó en la compra de singulares objetos, como zapatos usados, latas oxidadas y colchones de segunda mano, pero llegó a poseer también una colección de perlas tan grande y fantástica que, se decía, que podía “tapizar con ellas las aceras de Piccadilly Circus”, según TIME.

Los visitantes de su corte afirman que, en otro de sus palacios reales, el maharajá tenía una bóveda subterránea repleta de camiones destartalados en cuyo interior guardaba miles de gemas, perlas y monedas de oro. El asiento del Rolls-Royce con el que desfilaba por las calles de su principado fue remplazado por un trono, ligeramente más alto que el del chofer, para que el príncipe demostrara así su supremacía sobre los hombres.

AVARO PERO GENEROSO

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Pero la fortuna del príncipe llegó a ser comparable con su legendaria avaricia y conservó toda su vida la manía de vivir austeramente: no podía gastar más de 1 dólar por día. Cuando estaba solo en su palacio y las audiencias de gobierno no requerían su presencia, el monarca vestía miserablemente con pijamas remendados y sandalias compradas en un mercado público.

Un diplomático británico aseguró en los años ‘20 que el palacio de Jah VII “estaba lleno de lugares secretos en los que había escondido toneladas de oro, baúles de piedras preciosas y rupias papel, muchos millones de los cuales se decían que habían sido destruidos por las hormigas blancas…”.

En 1947, cuando la princesa Isabel (actual reina) de Inglaterra se casó con Felipe, los soberanos de la India, todavía parte del Imperio Británico, fueron invitados a hacer generosos regalos a la futura reina-emperatriz. Este maharajá dio instrucciones a la célebre joyería francesa Cartier para que la princesa escogiera cualquier cosa de su vidriera para su regalo sin importar el precio. La princesa eligió el collar de diamantes que recibió el nombre del principado de Asaf Jah VII.

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