Europa

La reina sin corona que trabajó como empleada de las tiendas “Macy’s”

Este 1 de agosto se conmemora el primer año desde la muerte de la reina Ana de Rumania. Fallecida a los 92 años, Ana fue la “reina sin corona” de un país cuyo idioma no hablaba y cuyo suelo no pisó hasta que tuvo casi 70 años.

Emparentada con la mayoría de las familias reales de Europa, y esposa del derrocado rey Miguel, siempre se manifestó feliz de vivir como un ama de casa. Su gran sencillez y adaptabilidad fueron atributos de valor incalculable en su matrimonio con un hombre serio que fue despojado de la corona de su país y obligado a abdicar y exiliarse hace casi 70 años.

UN LINAJE IMPRESIONANTE

Anne Antoinette Françoise Charlotte, princesa de la casa ducal de Borbón-Parma, nació en París el 18 de septiembre de 1923, y fue la única mujer entre los hijos del príncipe René de Borbón-Parma (1894-1962), descendiente del rey Felipe V de España y hermano de la última emperatriz austrohúngara, Zita de Borbón-Parma.

Los abuelos de René fueron Carlos III de Parma y la princesa María Luisa de Francia, hermana del conde de Chambord y nieta de Carlos X. La Casa de Borbón-Parma es una rama de la casa real española que a principios del siglo XVIII heredó el ducado italiano de Parma.

Su madre fue la princesa Margarita de Dinamarca (1895-1992), quien, como nieta del rey danés Christian IX -apodado “el Suegro de Europa”- emparentaba con numerosas casas reinantes y enlazaba con uno de los linajes más antiguos del Viejo Continente.

Gracias a la sangre de sus padres, Ana podía podía contar entre sus antepasados tanto al último rey de Francia, Carlos X (1757-1836) como al primer Rey de los Franceses, Luis Felipe I (1773-1850), además de varios duques de Parma, reyes de España, de Portugal y de Dinamarca y de los emperadores de Brasil.

LOS “POBRES” DE LA REALEZA

ana de rumania 1

La familia de René y Margarita era relativamente pobre a pesar que, desde finales del siglo XIX, la Casa ducal de Borbón-Parma disfrutó de unas rentas muy abultadas al heredar las grandes propiedades de los Borbones franceses a la muerte del conde de Chambord, descendientes de Luis XIII.

Entre estas grandes propiedades se puede encontrar el castillo renacentista de Chambord, situado en el Valle del Loira. Sin embargo, sus primeros años de vida no fueron muy lujosos.

Las vacaciones familiares de la princesa Ana fueron siempre en casas prestadas: en Villa Pianore en Lucca (Italia) con la duquesa de Parma, o en el Castillo de Bernstorff (Dinamarca), hogar del abuelo materno de Ana, el príncipe Waldemar de Dinamarca. Allí, Ana y sus hermanos se encontraban algunas veces con sus tías, la reina Alejandra de Gran Bretaña, la zarina Maria Feodorovna de Rusia, y la duquesa de Brunswick.

En 1939, el príncipe René y su familia huyeron de Francia ante la invasión nazi y se refugiaron en España. Desde ahí se fueron a Portugal y luego a Nueva York, donde se vieron obligados a trabajar para ganarse la vida. El príncipe René encontró trabajo en una compañía nacional de gas, mientras su esposa fabricaba sombreros.

La princesa Ana trabajó durante un tiempo como asistente en la gigantesca tienda departamental “Macy’s”. Allí, la princesa adolescente atendía personalmente a los compradores americanos que salían de la tienda sin saber que habían sido atendidos por un miembro de la realeza.

La joven recibía el salario mínimo, que invertía para pagar las clases en la “Parsons’ School Of Degign”. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, se alistó como conductora de ambulancias en el Ejército Libre Francés y entró en servicio en el Norte de África e Italia antes de llegar a St. Maxime (sur de Francia). Se le honró por su servicio con la Cruz de Guerra.

REYES EN EL EXILIO

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La princesa Ana acompañó a su padre a Londres en noviembre de 1947, como invitados a la boda de la princesa Isabel (la actual reina de Inglaterra) con Felipe Mountbatten, un príncipe griego que adoptó la ciudadanía inglesa.

Fue durante la ceremonia nupcial en Londres cuando Ana conoció al joven rey Miguel de Rumania, de 26 años, quien se hallaba en serios problemas luego de la llegada de los soviéticos a su país. Semanas más tarde Miguel fue obligado a abdicar a punta de pistola y abandonar Rumania.

Después de una serie de reuniones familiares, Miguel y la princesa Ana se casaron el 10 de junio de 1948 en el Palacio Real en Atenas, como invitados del rey Pablo de Grecia, hermano de la reina Helena, madre de Miguel. Como católicos sus padres no podían asistir a la ceremonia.

El rey Pablo concedió la pareja de todos los privilegios debido a su estatus real y se casaron en presencia del gobierno griego y la jerarquía ortodoxa. La familia de Ana estuvo representada sólo por su tío, Erik de Dinamarca.

Por su matrimonio, la princesa Ana de Borbón-Parma se convirtió en reina de un país que no conoció sino hasta los años 90. Pero también pasó a integrar una dinastía (la Casa de Hohenzollern) que remonta sus orígenes hasta el siglo XIII y que fue entronizada en Rumania en 1866.

Además, su esposo era hijo de una princesa griega, Helena (1890-1982), lo que lo convertía en pariente de casi todas las casas europeas por ser descendiente de Christian IX de Dinamarca, al igual que la reina Ana. Por otra parte, el rey Miguel es descendiente de la reina Victoria de Gran Bretaña a través de su abuela, la reina Marie.

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