Historias

Hace 65 años un golpe arrebataba la corona a Farouk, el “último faraón” de Egipto

Hace 65 años, el 26 de julio de 1952, el rey Farouk I de Egipto fue derrocado por la revolución de los oficiales libres liderada por Gamal Abdel Naser. El monarca se vio obligado abdicar a favor de su hijo, el príncipe Ahmed Fuad, un niño de apenas cuatro meses de vida. Aunque en teoría el pequeño fue rey, se considera que Farouk fue el último rey y “último faraón” egipcio, ya que unos meses después una nueva revolución acababa con la monarquía.

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Farouk (1920-1965), rey de Egipto, soberano de Nuhia, de Kordofan y de Darfur y descendiente de Mohamed Ali Pachá, fundador de la dinastía turco-albanesa, reinaba desde 1936 en la corte más esplendorosa que existía en el Oriente Medio en la primera mitad del siglo XX.

Fue el único hijo varón del rey Fuad y la reina Nazli, y tuvo cuatro hermanas. Entre ellas se encuentran la princesa Fawzia, la primera esposa (repudiada) del último shah de Irán, y la princesa Fathia, quien escandalizó a la corte egipcia al casarse con un cristiano que la asesinaría a balazos en los años 70.

Farouk nunca había gobernado como un déspota oriental porque en Egipto eso era ya imposible: había partidos políticos, elecciones libres, un Parlamento, prensa opositora y una fuerte influencia occidental, producto de las relaciones diplomáticas de su padre.

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En sus 16 años como monarca, Farouk estableció la enseñanza obligatoria, favoreció el desarrollo agrícola con ayudas a los campesinos pobres –casi todos- y la sanidad pública y tuvo la visión de estadista de crear la Liga Árabe. Sin embargo, tenía gestos de aquellos déspotas orientales de los que hablaban ya los antiguos griegos, mitad reyes, mitad dioses.

Poderosamente extravagante y con fama de cleptómano, Farouk era un hombre gordo y malhumorado, con costumbres absolutamente caprichosas. Fue capaz de matar él solo en una cacería 344 patos, de comer el caviar con cuchara sopera, y de hacer que su segunda esposa, la reina Narriman, luciera un vestido de boda adornado con 120.000 diamantes.

Todas las mañanas el “último faraón” desayunaba 30 huevos con pan tostado, abundantemente acompañados de cordero, langosta, avena y tazas de chocolate. Por las noches, mientras jugaba al póker disfrutaba de espaguetis, caviar, carne y varias copas de helado. Todas las semanas hacía exportar desde Copenhague 600 ostras en avión.

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Farouk acaparó la atención de la prensa europea cuando tenía 18 años, al casarse por primera vez con una bella aristócrata llamada Safinaz Zulfikar, a quien le dio el nombre de Reina Faridah. En 1938 nació su primera hija, la princesa Ferial, a la que siguieron otras dos mujeres, las princesa Fawzia y Fadia,pero el asunto del heredero arruinó la relación del matrimonio real y fue una de las causas de su divorcio, en 1948.

Farouk se casó de nuevo en 1951 con Narriman Sadeq, quien el 1952 le dio el esperado heredero del trono, Ahmed Fuad. Este niño tenía pocos meses de vida cuando el golpe militar derrocó a la monarquía en julio de ese año. La familia real tuvo que huir del país e instalarse en Italia con las tres niñas y el heredero. Dos años después, Farouk se divorció y el rey sin corona se estableció con sus hijos en Suiza.

Sus excesos comenzaron a pasarle factura siendo muy joven, hasta convertirle en “el monarca obeso y vicioso de los chismes de la prensa occidental”, en palabras de su sobrina, la princesa Ashraf de Irán. A los 40 años, aquel joven rey “guapo, alto, delgado, patriota e idealista” era un hombre arruinado. En 1965 falleció en Roma, en la mesa de un restaurante, mientras se atracaba con una cena extraordinaria: había pedido, como era su costumbre, todos los platos del menú. Tenía 45 años y pesaba 140 kilos.

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