Historias

El Trono del Amazonas: la increíble saga de los emperadores de Brasil (Parte 2)

Tras la muerte de don Juan VI, el primer emperador de Brasil, su hijo, Pedro I se convirtió en rey de Portugal y emperador, pero su primer acto de gobierno fue abdicar al trono portugués a favor de su hija de siete años, la reina María II (1819-1853).

La reina viuda Carlota Joaquina siguió complotando en Portugal para colocar en el trono a su hijo favorito don Miguel, partidario de la monarquía absolutista. Afortunadamente, no vivió mucho y murió en 1830, olvidada por todos. Pedro I, consciente del daño que había hecho a su padre con sus constantes infidelidades, detestaba a su madre y se refería a ella con el poco cariñoso calificativo de “la perra”.

El historiador estadounidense Neill Macaulay escribe sobre la presencia física del joven emperador: “Su buena apariencia se debía tanto a su porte , orgulloso y erguido, incluso desde su más temprana juventud, como a su impecable preparación. Por lo general limpio y ordenado, en Brasil tomó la costumbre de bañarse con frecuencia“. A pesar de que el biógrafo Otavio Tarquinio de Sousa (1889-1959) escribiera que don Pedro I “era sin sombra de duda inteligente, astuto y perspicaz“, al monarca le gustaban más la caza y la equitación que los libros y las obras de arte.

 

LA EMPERATRIZ MALTRATADA

2 pedro i y leopoldina

Pedro I y la emperatriz Leopoldina

En 1817, el emperador se casó con la archiduquesa Leopoldina de Habsburgo (1797-1826) hija del último emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y emperador de Austria, Francisco II, quien se ganó el cariño y la admiración de los brasileños por su apoyo a la independencia y su buen carácter. Muchos, sin embargo, se compadecían de ella por haberle tocado un esposo tan infiel.

En los años siguientes, mientras la nueva emperatriz tenía y criaba hijos, sufría las constantes infidelidades de su esposo, sobre todo la que mantuvo desde 1822 con la aristócrata brasileña Domitila de Castro Canto y Melo (1797-1867), esposa de un teniente del ejército que, al parecer, la maltrataba. El emperador le compró una casa en Río de Janeiro cerca del palacio imperial y benefició a su familia con puestos importantes y títulos nobiliarios.

La más que pública relación entre don Pedro I y Domilita sorprendía a la corte y a los brasileños. En los siguientes años, Domitila se adquirió tal poder sobre la voluntad del emperador, que no sólo se habían visto beneficiados todos sus familiares, sino que aquellos que deseaban algún favor de Pedro I sabían que la mejor forma de conseguirlo era pasando primero por su amante, Domitila.

domitila de castro

Domitila de Castro, la favorita de Pedro I

La relación humilló y enfermó a la emperatriz Leopoldina y algunas fuentes aseguran que, ante sus celos, el emperador le respondía con maltratos físicos y verbales incluso frente a miembros de la corte. Últimamente me acaba de dar la prueba final de su total olvido de mí, maltratándome en presencia de la que es la causa de mis desgracias, escribió Leopoldina.

En una carta fechada en 1826, la emperatriz escribía que se encontraba “reducida a un estado deplorable de salud y llegada al último punto de mi vida en medio de los mayores sufrimientos, voy a tener la desgracia de no poder dar explicaciones a todos esos sentimientos que hace tiempo había impreso en mi alma”. En la misma misiva relata a su hermana que “por el amor de un monstruo seductor me encuentro reducida a un estado de mayor esclavitud y totalmente olvidada por mi amado Pedro”.

Unos días después de escribir estas palabras, la maltratada emperatriz falleció en Rio de Janeiro, a los veintinueve años. Relatos de la época cuentan que Pedro I le habría dado un puntapié a su esposa en las escaleras de la Quinta da Boa Vista, residencia de la familia imperial, y que en la caída la emperatriz, que estaba embarazada, se habría roto un fémur, muriendo días después.

Sin embargo, en 2013, tras la exhumación de los restos de Leopoldina, la arqueóloga Valdirene do Carmo Ambiel no detectó fractura alguna. El año en que enviudó don Pedro I entregó a su adorada Domitila el título de Marquesa de Santos. “¿Quién iba a soñar que la prostituta Domitila sería marquesa…?”, escribió un antiguo ministro imperial. “¡Que insulto!”

 

LLEGA LA SOFISTICACIÓN

pedro i amalia

Boda de Pedro II y Amelia en Brasil

El viudo Pedro I mantuvo varias relaciones paralelas (entre 1821 y 1825 nacieron nada menos que 8 hijos extramatrimoniales), pero se hizo necesario un segundo matrimonio. El emperador, por supuesto, deseaba que su nueva esposa fuera bella, culta, joven, virtuosa y, por supuesto, de alta cuna, y después de recibir la negativa de hasta ocho princesas europeas, eligió a la francesa Amalia de Beauharnais (1812-1873), nieta de la emperatriz Josefina.

Amalia llegó a Río en 1829, el mismo año que nacieron José (hijo de Pedro I con Joana Mosquera) y Pedro de Alcántara Brasileiro (hijo de Madame Saisset), y poco después de que Pedro I rompiera con Domitila. La belleza de la nueva emperatriz impresionó a todos en la corte carioca y en particular al emperador. Amalia, exquisitamente educada en Francia, no tardaría en traer un aire nuevo y sofisticado a la corte brasileña introduciendo las nuevas modas y costumbres de las cortes europeas.

Amelia demostró pronto su personalidad alejando de la corte a la familia de la amante de su esposo, imponiendo como idioma oficial de la corte el francés y adoptando las formas de las cortes europeas tanto en el vestir como en la música o la gastronomía. Con su belleza, su cultura y sus formas educadas no sólo se ganó el cariño del mujeriego Pedro I (se dice que nunca le fue infiel a Amalia) sino que también quiso mucho a su hijastro, el príncipe heredero Pedro.

 

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El Trono del Amazonas: la increíble saga de los emperadores de Brasil (Parte 1)

El Trono del Amazonas: la increíble saga de los emperadores de Brasil (Parte 2) 

El Trono del Amazonas: la increíble saga de los emperadores de Brasil (Parte 3)

 

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