Gran Bretaña

El centenario de la Casa de Windsor: de patitos feos alemanes a cisnes ingleses

Ana I fue la última reina de Inglaterra perteneciente a la turbulenta Casa de los Estuardo, que reinó durante más de un siglo en reemplazo de la Casa de los Tudor. La reina no tenía ningún descendiente vivo por lo que, a su muerte en 1714, la corona de Inglaterra debió pasar a un primo suyo, el alemán Jorge de Hannover.

Jorge I no hablaba inglés y se interesaba más por su país natal que por Inglaterra, su nuevo reino, donde procuraba pasar el menor tiempo posible, y hasta sus amantes eran exportadas de Hannover.

Durante los siguientes 200 años, el trono de Inglaterra estuvo ocupado por reyes y reinas alemanes en sus costumbres, su lenguaje y sus sentimientos. Jorge I y Jorge II nacieron en Alemania y Jorge III fue el primero de la saga que nació en Inglaterra. Las esposas de estos tres monarcas, así como las de los siguientes (Jorge IV y Guillermo IV) fueron alemanas.

Alemanes también fueron la madre y el esposo de la reina Victoria, la última Hannover, quien una vez había dicho que era “muy necesario apreciar y preservar el elemento germánico en nuestro hogar”. Mientras tanto, el rey Jorge V estaba casado con María de Teck, hija de un duque alemán.

LA INGLATERRA GERMANÓFOBA

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El gran problema llegó en 1914, mientras el trono de Gran Bretaña estaba hacía ya dos siglos ocupado por alemanes. El 4 de agosto de ese año, el rey Jorge V declaró la guerra al Imperio Alemán, gobernado por su “primo Willy” el káiser Guillermo II. Los británicos se manifestaron a favor de esta decisión, pero al poco tiempo surgió un histérico sentimiento antialemán en la sociedad.

Todo lo que fuera alemán mereció la reprobación de los británicos, empezando por el príncipe Luis de Battenberg (1854-1921), de la casa ducal de Hesse, nacido en Austria, criado en Alemania y casado con una nieta alemana de la reina Victoria, quien ocupaba el puesto militar de mayor responsabilidad, el mando de la Marina.

Para demostrar su repulsión hacia Alemania, los ingleses eliminaron las obras literarias alemanas de las escuelas y los teatros vetaron las obras de Motzar, Beethoven o Wagner. Los comerciantes con apellidos alemanes vieron destruidos sus negocios por hordas de fanáticos antigermánicos.

La gente insultaba a las gobernantas alemanas, contó Lord Louis Mountbatten. “Incluso descargaban patadas contra los perros salchicha por la calle. Los ingleses veían espías bajo todas las camas y la prensa excitaba todavía más la histeria, empeorando las cosas. Atacaron a mi padre a causa de mi apellido alemán“.

En marzo de 1917 el zar Nicolás II de Rusia (“el primo Nicky” de Jorge V) fue obligado a abdicar, en gran medida por estar casado con una alemana a quien el rey culpaba del “caos que impera actualmente en Rusia”. El secretario del rey dijo sobre la zarina: “Además de ser alemana de nacimiento, la emperatriz lo es de sentimiento. Ha hecho cuanto ha podido para propiciar pactos con Alemania. Hoy se la considera una criminal, o una loca criminal“.

Cuando “Nicky” y “Alix” de Rusia buscaron refugio para ellos y sus cinco hijos en Inglaterra, el gobierno de Londres estaba dispuesto a recibirlos, pero Jorge V se opuso. El secretario del rey escribió alegando que los monarcas serían “rechazados enérgicamente por el público y sin duda comprometerían la posición del rey y la reina”.

La caída del imperio de Rusia agravó las cosas. “¿Cómo podemos ganar la guerra contra Alemania si nuestro propio rey es alemán?”, se preguntaban los ingleses. Y, en cierta medida, estaban en lo cierto. A pesar de haber nacido y sido criado en Inglaterra, el rey Jorge V tenía ancestros ingleses por todos los costados: 12 de sus 16 tatarabuelos eran alemanes. Cuando un parlamentario lo llamó “el carnicero alemán”, el rey perdió los estribos”.

ADIÓS AL QUERIDO PRIMO WILLY

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Jorge V reunido con los monarcas europeos de 1910.

 

Jorge V dejó inmediatamente de dirigirse al káiser Guillermo II, jefe del ejército alemán, como el “querido primo Willy” y los gemanófobos empezaron a llamar “Willy” al miembro viril y a la materia fecal. El odio imperante en Inglaterra contra los alemanes llegó a tales extremos que la madre del rey rogó a su hijo que retirara de la capilla de San Jorge los estandartes del káiser y otros soberanos alemanes.

Mientras la guerra avanzaba en 1917, la popularidad de la familia real empezó a descender y el rey Jorge empezó a pensar que era necesario un gran gesto de patriotismo. Consultó al director del Real Colegio de Heráldica para que le dijera cuál era el apellido de su dinastía: Jorge V ya no era un Güelfo (Güelf), el origen familiar de la Casa de Hannover, y tampoco era un Estuardo, casa que se había extinguido en 1714 y traía malos recuerdos.

La reina Victoria (abuela de Jorge V) se había casado con el príncipe alemán Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, pero Sajonia-Coburgo-Gotha era una designación territorial y no un apellido. Los genealogistas intentaron rastrear los apellidos de aquella dinastía ducal para toparse con dos nombres del medioevo: ¿Era acaso un Wetting?

Los Wettin eran una dinastía de condes, duques y príncipes que gobernaban en lo que ahora son los estados de Sajonia y Turingia. Los Sajonia-Coburgo Gotha eran una rama de la llamada Casa de Wettin, que se remonta al menos al siglo X, al rey Dietrich, nacido hacia el año 916 y fallecido hacia 976, conocido también como Thierry I de Liesgau. Jorge V podía contar al menos dos ancestros suyos provenientes de esta Casa.

Con la idea de ocultar su origen germánico, el rey encargó a un consejo de académicos encontrar el apellido de la familia real y quienes barajaron varios nombres: ¿Plantagenet? ¿York? ¿Tudor? El duque de Connaught, el miembro más viejo de la familia real, opinó que el nombre de la dinastía debía ser Tudor-Estuardo, pero Lord Rosebery y Herbert Asquith respondieron que esos nombren tenían implicaciones desagradables.

“George England” (Jorge Inglaterra), sugirió uno de los consejeros…

UN NOMBRE FUERTE Y ETERNO

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En un momento de la reunión, el astuto Lord Stamfordham, secretario privado del rey, dejó boquiabiertos a todos los presentes: el apellido dinástico debía ser Windsor. Dijo que el rey Eduardo III había sido conocido como “Eduardo de Windsor” y las evocaciones eran muy inglesas y sólidas, como el castillo milenario del cual tomaba el nombre.

Construido por el primer rey de Inglaterra hacía 800 años, el castillo de Windsor había sido hasta entonces residencia de la mayoría de los monarcas ingleses, varios de ellos murieron en sus aposentos y nueve estaban sepultados en la cripta del castillo. El nombre bastaba para redimir una corona carente de linaje.

No se discutió más. El 17 de julio de 1917, Jorge V proclamó que desde ese día el “nombre de su Familia Real y Casa” sería Windsor, para él, sus descendientes y para todos los descendientes de la reina Victoria en línea masculina. Además, Jorge V anunció que él y su familia renunciaban a todos los grados, tratamientos, dignidades títulos y honores de los duques de Sajonia-Coburgo-Gotha (por ser descendientes del príncipe Alberto).

Se anunció también un cambio en las tradiciones matrimoniales para que la realeza se pudiera casar con personas inglesas, lo que cambió por completo la naturaleza de los matrimonios reales. En lugar de ser matrimonios arreglados, pueden ser matrimonios por amor siempre que fuera con gente honorable.

La mágica mano del rey de agitó su varita mágica para transformar a los patitos feos alemanes en hermosos cisnes británicos. De la corte de St. James desapareció todo rastro de los Hesse, los Schleswig-Holstein, los Sajonia-Coburgo y los Hohenzollern. Quienes quisieran, podían renunciar a sus títulos y convertirse en nobles ingleses.

Solo quedaba solucionar el tema del acento alemán que tenían Jorge V y su familia…

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Los cuñados de Jorge V, el duque Franz y el príncipe Alexander von Teck renunciaron a sus títulos y apellidos alemanes para convertirse en el marqués de Cambridge y el conde de Athlone, respectivamente. En adelante, el nombre de su familia sería Cambridge. Dos nietas de la reina Victoria, Helena Victoria y María Luisa, renunciaron a sus títulos de princesas de Schleswig-Holstein y pasaron a formar parte de la casa de Windsor.

En la purga también se incluyó a los Battenberg (descendientes de dos hijas de la reina Victoria): el antiguo Primer Lord del Mar, el príncipe Luis, abandonó su título principesco alemán para convertirse en el primer marqués de Milford-Haven. Con el orgullo un poco herido, trocó su apellido alemán Battenberg en Mountbatten (“monte” es “berg” en alemán y “mount” en inglés).

El “Times” alabó al rey por haber elegido “un nombre tan venerable”. Al leer las noticias el 18 de julio, el “querido primo Willy” de Alemania sonrió y abandonó la reunión en la que se encontraba. Dijo que se retiraba para ir al teatro a ver la obra de Shakespeare “Las alegres comadres de Sajonia-Coburgo-Gotha”. El káiser estaba ofendido y esperó veinte años para vengarse: no asistió al funeral de su primo Jorge V pero envió en su nombre al Duque de Sajonia-Coburgo-Gotha vestido con su uniforme nazi.

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