Una taza de té arruinó el matrimonio del príncipe Alberto I de Mónaco

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El matrimonio del príncipe monegasco Alberto I (1849-1922) con la aristócrata británica Lady María Victoria Douglas-Hamilton estuvo condenado a fracasar desde el principio. El príncipe, hombre malhumorado y obsesionado por el mar y la ciencia, pasaba la mayor parte del año navegando.

Abandonada, María Victoria no tardó en morirse de aburrimiento en Mónaco, pero lo que causó la ruptura definitiva fue una simple taza de té. Alberto Grimaldi desaprobaba las tradiciones escocesas que su esposa había introducido en el palacio (incluidos los scones).

Un día apareció una prima de Escocia a la hora del té, pero cuando la visita pidió otra taza, dispuesta a seguir intercambiando chismes, el príncipe le prohibió al criado que trajera más té.

Hubo una gran discusión que concluyó con el príncipe arrojando las tazas y la prima expulsada del palacio. La princesa hizo sus valijas y se volvió a su tierra natal. Nunca más puso un pie en Mónaco porque para los británicos, la hora del té es sagrada.

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