Historias

“No cabe duda, nuestro rey está loco…”

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El rey Jorge III de Inglaterra (1751-1820) estaba fascinado con los patos que habitaban en los parques de sus palacios. Los cronistas cuentan que les hablaba y les gritaba ordenándoles que lo acompañen en sus paseos. El pato que no obedeciera el mandato real era perseguido por el mismo monarca, quien se les sentaba encima y le mantenía la cabeza bajo el agua para ahogarlo y luego exponer el cuerpo frente a los otros patos para que aprendan la lección y tomaran como ejemplo de lo que sucedería si no obedecían al rey. Después de mucho matizar los síntomas, el médico real emitió el único veredicto posible: “No cabe duda, nuestro rey está loco…”.

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