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⚡Fiesta sexual, duelos y chantaje: la vida en la corte del último emperador alemán

Irritantemente nerviosa además de caprichosa, la princesa Carlota de Prusia (1860–1919) fue una de las más grandes decepciones de sus padres, los emperadores Federico III y Victoria de Alemania. La niña despreció todo tipo de educación y prefirió dedicarse a las conspiraciones, las drogas y el sexo, terminando convertida en uno de los personajes más turbios de la corte de su hermano, el káiser Guillermo II.

Apodada “Charly”, se sospecha que la princesa fue victima de la porfiria, una enfermedad parecida a la demencia que había padecido su antepasado, el rey Jorge III de Inglaterra. De hecho, murió en 1919 después de recibir un largo y penoso tratamiento psiquiátrico.

Al crecer, se enfrentó a sus padres y conspiró contra ellos con el apoyo de sus abuelos paternos, los emperadores de Alemania. Se sentía fascinada por su hermano, Guillermo II, a quien la unía sobre todo el odio hacia su madre y los británicos en general. La emperatriz Victoria estaba convencida de que su hija era una persona absolutamente mala.

La princesa no había tenido el menor escrúpulo en ayudar a Guillermo II a inculcar en las pertenencias y cartas de sus padres ¡el mismo día que su padre había muerto!, buscando pruebas que los acusaran de traición a Alemania. Y también tuvo tiempo para buscar arruinar la reputación de su hermana Sofía, casada con el príncipe heredero de Grecia, y de su prima, la futura reina María de Rumania.

Carlota se casó joven, aparentemente después de un “desliz”, con un príncipe de Sajonia, y a menudo se refería a su única hija, la princesa Feodora, como “la estúpida”, prometiendo que jamás tendría otro hijo.

La fidelidad y el amor matrimoniales brillaron por su ausencia y pronto Carlota se hizo conocida como la anfitriona de numerosas fiestas sexuales orgiásticas a menudo tenían como fin sorprender in fraganti y chantajear a los aristócratas que participaban en ellas.

En 2010, el periódico alemán “Dier Spiegel” publicó un artículo que recoge una investigación realizada por el historiador Wolfgang Wippermann, según el cual, “Charly” habría promovido, en enero de 1891, una fiesta de tipo sexual en la que participaron quince miembros de la corte de Guillermo II entre los que se encontraban familiares y amigos íntimos del Kaiser.

La primera reunión se celebró en el Jadgschloss Grunenwald, un pabellón de caza en los bosques de Berlín y entre los asistentes se encontraban un cuñado del kaiser, su maestro de ceremonias, Leberecht von Kotze, una multitud de miembros de la nobleza y hasta un funcionario de la Cancillería.

Wippermann asegura haber encontrado más de doscientas cartas anónimas, algunas de ellas ilustradas con fotografías, que revelan prácticas sexuales prohibidas incluso por la ley de la puritana Prusia de aquellos años. Las cartas sobre la orgía desencadenaron una serie de duelos, promovidos – algunos de ellos – por el propio Guillermo II empeñado en salvaguardar el honor de la familia.

Las cartas de Carlota acusan de innumerables aventuras adúlteras a la duquesa de Hohenau, a la esposa del maestro de ceremonias de la corte se la acusa de lesbiana y se habla de la homosexualidad del príncipe Aribert von Anhalt. Dichas cartas contienen, aparte de morbosas descripciones gráficas, una serie de dibujos explícitos sobre las posiciones sexuales que solían tomar los invitados.

Los intentos de chantaje explotaron en un escándalo de enormes proporciones políticas cuando las noticias de las orgías llegaron a altos representantes de la corte prusiana, así como al propio emperador, y provocaron un acalorado debate en el Reichstag, el parlamento alemán. El caso más famoso fue el del maestro de ceremonias reales, Leberecht von Kotze, quien fue enviado a la cárcel a causa de su asistencia a estas orgías.

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Creador y autor de Secretos Cortesanos. En Twitter y en Instagram soy @dariosilvad.