Europa, Historias

Esposa plebeya y contactos peligrosos: el ‘enfant terrible’ de la corona de Grecia

Al joven príncipe Pedro de Grecia no podía haberle tocado una familia más curiosa: su padre, el príncipe Jorge, se había casado siendo bastante mayor pero mantuvo toda su vida un romance con su propio tío, el príncipe Waldemar de Dinamarca. Su madre, la princesa María Bonaparte, dejó de prestar atención a sus hijos y se refugió en el mundo de psicoanálisis, en un intento por escapar del aburrido matrimonio que había concretado.

Al crecer, el príncipe Pedro se convirtió en el ‘enfant terrible’ de la monarquía griega y, según documentos confidenciales del gobierno británico, en un alborotador político que guardaba peligrosas amistades con “descontentos derechistas” y una piedra en el camino de la lucha contra el nazismo. ¡Vaya príncipe!

Nacido en 1908, Pedro fue soldado y un experto en antropología, sociología y química, y su futuro parecía muy prometedor. Pero el joven mostró por primera vez su faceta rebelde cuando se habló por primera vez de su vida matrimonial. Su padre pensó que la candidata ideal era la princesa alemana Federica de Hannover, pero este noviazgo no prosperó y la joven terminó casándose con el primo de Pedro, el príncipe Pablo.

En los años 30, Pedro conoció a una joven rusa llamada Irina Alexandrovna Ovtchinikova, hija de un orfebre y separada de un marqués francés. El noviazgo hizo estallar una guerra familiar en la que el principal opositor era su tío, el rey Jorge II: Pedro tenía derecho de sucesión al trono y no podía casarse fuera de la realeza. Incluso su madre se opuso: “Espero que Pedro no quiera convertirse en una figura lamentable como el rey [de Inglaterra] que acaba de abandonar el trono por la señora Simpson”.

“Ella sería a partir de entonces, para muchos miembros de la familia real griega, la causante de todos los desvaríos de Pedro Algunos dicen incluso que le interesaba la magia negra. El hecho de que Irina fuese una mujer casada en trámite de divorcio horrorizaba a los príncipes griegos y ponía a Pedro en la disyuntiva de perder sus derechos dinásticos como segundo en la línea de sucesión después del príncipe Pablo”. [Amadeo Martín Rey-Cabieses]

En 1939, la familia real griega leyó en la prensa, con mucha sorpresa, que Pedro se había casado en Madrás (India) con Irina Ovtchinikova. El rey Jorge I le retiró sus derechos al trono y su padre le prohibió la entrada a él y su esposa en todas las residencias de la familia. La única persona que no tomó revancha fue su madre, quien decidió no retirarle la ayuda financiera que le enviaba, aunque el matrimonio le causó mucho dolor.

“El tío Jorge [II] está tan molesto y furioso que se niega a volver a verle”, escribió la princesa Alicia a su hijo Felipe en 1940. “Ya sabes lo que significa si Freddy [la princesa Federica] sólo tiene hijas, pues creo que la Constitución de aquí requiere que la reina sea nacida princesa. Las princesas sin dinero no importan si hay una lista civil. Por otra parte, cuando Jorge habló conmigo del matrimonio de Pedro, me dijo que no espera que los príncipes se casen con sangre azul, siempre que la chica sea decente y buena“.

QUERÍA SER REY

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Los documentos secretos del Foreign Office británico demuestran que Pedro fue considerado como “una fuente constante de problemas”, que Winstor Churchill lo consideraba un derechista potencialmente peligroso y que incluso el príncipe planeó convertirse en rey de Grecia cuando su tío se exilió. Los documentos muestran que las autoridades militares británicas en 1943 creyeron que él era “probablemente el miembro más inteligente de la familia real griega y temperamentalmente el mejor aliado para el pueblo griego“.

Para mantenerlo alejado, Pedro fue comisionado como miembro del ejército inglés en Creta acompañado de su esposa, pero cometió muchas imprudencias y trataba de interferir en decisiones importantes, por lo que hubo reiterados intentos de las autoridades militares británicas para enviarlo a América. Más tarde, ayudó a reorganizar a las fuerzas griegas libres que lucharon junto a Montgomery en el desierto occidental.

En enero de 1943, los principales funcionarios de la oficina extranjera escribieron: “La impresión general es que el príncipe Pedro es un foco de intriga para los desplazados o descontentos de derecha, que obviamente piensan que tiene acceso directo al rey. Aparte de los aspectos problemáticos de su personaje, carece de las sólidas cualidades del rey y del príncipe heredero, hizo un matrimonio esencialmente estúpido… Para resumir, el príncipe Pedro es un elemento inquietante en el Oriente Medio, y su traslado a otro lugar sería en interés del esfuerzo de guerra griego”.

Tras la muerte del rey Jorge II (en 1946) Pedro mantuvo una relación aún más punzante con el nuevo rey, su primo Pablo I, y especialmente con la reina Federica, quien nunca lo admitió en la corte ateniense. Una y otra vez los monarcas le solicitaron que renunciara a sus derechos al trono griego a cambio de recibirlo nuevamente en el seno de la familia (con todos los beneficios que implicara), pero Pedro se negó a hacerlo, ganándose el castigo del exilio.

Pedro inició un viaje que lo llevó a conocer la India, Pakistán, el Tíbet y Sri Lanka, donde estudió los diversos grupos humanos llevado por su interés por la antropología. Estaba especialmente interesado por estudiar la práctica tibetana de la poliandria, en la que las mujeres toman varios maridos. En una ocasión describió cómo casi se convirtió en el octavo esposo de una mujer tibetana: “Pero mi verdadera esposa pensó que esto estaba llevando a la ciencia un poco demasiado lejos”.

En 1957, el gobierno indio declaró al príncipe ‘persona non grata’ por considerarlo agente anglo-estadounidense y años más tarde fue considerado por el gobierno de los EE.UU. como “un riesgo para la seguridad”.

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La familia real griega reunida por el centenario de la monarquía (1963)

En 1964, Pedro fue invitado a los festejos por el centenario de la monarquía griega a condición de que no apareciera con su esposa. Unos meses más tarde, asistió a los funerales del rey Pablo y presenció la entronización de su sobrino Constantino II, el último rey de Grecia. Tiempo más tarde dio una conferencia de prensa en la que criticó abiertamente a la reina viuda, Federica, y la decisión de declarar heredera a la princesa Alexia, primogénita del nuevo rey.

Además, afirmó que reclamaría el trono en el caso de que Constantino II no tuviera hijos varones, lo cual escandalizó a toda Grecia. En ese mismo tiempo, en una prestigiosa revista francesa, vaticinó una revolución en Grecia a causa del comportamiento excéntrico de la reina Federica, a quien tildó como la causa de todos los males del país. La prensa europea dijo que ese enfrentamiento se debía al supuesto compromiso que nunca se celebró entre Pedro y Federica en los años 30.

El “príncipe rebelde” de Grecia jamás renunció a sus derechos al trono. Tras la abolición de la monarquía, vivió con su esposa en Londres hasta su muerte en 1980. Los funerales se celebraron en una iglesia greco-ortodoxa de la capital británica y a ellos asistieron el rey Constantino y la reina Federica. Los testigos aseguran que ningún miembro de la familia real griega se acercó a dar el pésame a la viuda del príncipe. El gobierno griego prohibió que los restos del príncipe fueran sepultados en su país natal.

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