Hace 300 años: el día que el Zar de Rusia alzó en sus brazos al Rey de Francia

El flamante presidente de Francia, Emmanuel Macron, recibió este lunes 29 de mayo al presidente de Rusia, Vladimir Putin, en el palacio de Versalles, residencia de la antigua monarquía francesa en las afueras de París.

La visita tiene un gran simbolismo, pues durante los meses de mayo y junio el palacio se encuentra conmemorando los 300 años de la visita del zar Pedro “el Grande” de Rusia a Francia, donde fue recibido por el joven rey Luis XV.

Corría el año 1717, cuando el emperador estaba convencido de que su tarea histórica era convertir a Rusia en una de las más grandes potencias europeas, a la par de Francia, Austria y Gran Bretaña. Para ello, tenía que entablar relaciones diplomáticas con los soberanos de aquellos países, y decidió emprender un viaje histórico.

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El zar llegó a París el 17 de mayo de 1717. Fue el primer emperador de Rusia que viajó al extranjero. Una vez instalado en el Hotel Lesdisguiéres, dijo con cierto aire de superioridad que esperaría allí sentado a que el rey de Francia (que tenía 7 años de edad) fuera a saludarlo.

El gobierno francés le anunció que la tradición era que el visitante acudiera al palacio de Versalles para ser recibido por el rey, y no al revés, lo que Pedro II no aceptó. Al día siguiente de su llegada, fue a saludarlo el duque de Orleáns, regente de Francia, a quien Pedro II abrazó y luego dejó solo para retirarse sin ningún tipo de cortesía. Unos días más tarde, el pequeño rey Luis XV llegó con gran pompa al hotel para conocer a su visitante.

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El zar, olvidando toda la etiqueta y buenos modales observados por la pomposa corte de Francia, tomó al niño en sus brazos. “Todos quedamos sorprendidos al ver que el zar tomaba al rey entre sus brazos“, escribió el duque de Saint-Simon. “Lo alzaba hasta su nivel, lo estrechaba sosteniéndolo. Y el rey, pese a su edad y aunque no podía estar preparado, no tuvo ningún miedo

Llamó la atención la actitud agraciada que tuvo ante el rey, el aire de ternura que le manifestó, una cortesía espontánea que surgía naturalmente, a la vez mezclada de grandeza, de noción de igualdad de rango y de un poco de la superioridad de los años. Todo esto se hizo sentir muy claramente“.

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Según uno de los cortesanos presentes, el zar le dijo al rey niño: “Señor, esto no es un beso de Judas”.

Terminada la reunión, el paternal Pedro acompañó al rey Luis hasta su carroza y lo despidió tiernamente. Ese mismo día escribió a Rusia una carta dirigida a su esposa, la emperatriz Catalina: “Te anuncio que fui visitado por el reyezuelo de estos lugares, que mide dos dedos más que nuestro Lucas [un enano de la corte], un niño extremadamente agraciado de cuerpo y de rostro y bastante inteligente para su edad“.

 

 

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