Historias

La realeza portuguesa lleva la última “moda” a Brasil

En noviembre de 1807, Napoleón invadió Portugal y la familia real, encabezada por el rey Juan VI y la reina Carlota Joaquina, emprendió una odisea marítima que los llevó a Brasil, por entonces colonia portuguesa. El 27 de noviembre, más de 15.000 personas se apretujaron en el puerto de Lisboa para embarcar: la nobleza, el clero, los funcionarios del gobierno, cortesanos, sirvientes, escritores…

En la comitiva que surcaría el Océanos Pacífico no faltaron científicos, artesanos, bibliotecarios, archivistas, escultores, ceramistas, músicos junto a gran parte del tesoro del país) atravesarían el Atlántico rumbo a Río de Janeiro. Les acompañaba una enorme flota de barcos que transportaban carruajes de lujo, muebles, tapices, colecciones de arte, bibliotecas completas, y vajillas.

La travesía hasta Brasil no fue bonita. Luego de atravesar varias tormentas, muchas personas enfermaron y hubo que racionar el agua y los alimentos, que eran escasos. También se instaló una epidemia de piojos en el buque que trasladaba a toda la línea sucesoria de la casa de Braganza.

El capitán del navío ordenó que todos los hombres, incluidos el rey y los príncipes, arrojaran sus pelucas al mar y todas las mujeres, la reina Carlora Joaquina incluida, debieron afeitarse la cabeza. Cuando desembarcaron en Brasil, se creyó que esta era la última moda europea y muchas mujeres brasileñas afeitaron sus cabezas y empezaron a usar coloridos turbantes.

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