Del palacio al Coliseo: el emperador que quiso ser gladiador

Déspota, cruel, extravagante, degenerado, maledu­cado y hermoso… Cómodo (161–192), emperador de Roma, fue un apa­sionado por la lucha de gladiadores y compitió en la arena más de 700 veces. Era el hijo de Marco Aurelio, un auténtico pensador filosófico, político firme y un gran militar. Tras la muerte de su padre, en 180 d.C., el joven Cómodo inició su reinado con el visto bueno de todo el mundo, sobre todo desde que actuó contra los abusos de los recaudadores de impuestos y apoyó a las minorías, como la de los cristianos.

Pero tras el incendio en el Foro de Vespaciano, el comportamiento de Cómodo pareció llegar al extremo del absurdo. Una de sus primeras medidas fue reconstruir Roma y bautizarla con su nombre: “La Inmortal y Próspera Colonia Lucia Ania Comodiana”. También hizo que las legiones pretorianas pasaran a llamarse “Comodianas Hercúleas”, que el Senado pasara a denominarse “Senado Comodiano” y cambió el nombre del mes de julio por el de Cómodo. Para rematar, hizo celebrar como una fiesta nacional el día en que hizo tales anuncios como el “Día de Cómodo”.

De la enorme estatua del Coloso que veneran los romanos y que representa la imagen del sol hizo cortar la cabeza y mandó poner la suya, ordenando que inscribieran en su base los habituales títulos imperiales y de su familia, pero en lugar del calificativo de «Germánico» puso el de «Vencedor de Mil Gladiadores»”, relata Herodiano, un funcionario ro­mano. Las estatuas del musculoso emperador comenzaron a llenar plazas y palacios de toda Roma y él comenzó a sentirse un dios…

De repente, el prometedor emperador se convirtió en un hombre déspota, cruel, extravagante, degenerado y maleducado. Los cronistas de la época condenaban a Cómodo como uno de los emperadores más repugnantes de su siglo y lo comparaban con Calígula o Domiciano por sus excesos. Tras un siglo de oro llegó uno de hierro”, escribió el historiador Dión Casio al relatar la crisis provocada por la sucesión de Marco Aurelio. “No es de naturaleza malvada pero, por el contrario, es el hombre menos honesto que jamás ha vivido. Su gran simplicidad, unida a su cobardía, le han hecho ser esclavo de sus compañeros. Las malas influencias le han hecho desviarse del camino del buen hacer y, al principio por su ignorancia y al final por la creación de una segunda naturaleza, han hecho que sus actos crueles y lujuriosos se hayan convertido en un hábito”. Al final de su reinado, Cómodo había dilapidado las riquezas del Imperio en todo tipo de caprichos, como las grandes cenas y espectáculos circenses que ofrecía o el oro en polvo que utilizaba para que sus rubios cabellos brillaran con esplendor.

Herodiano recordó con gran detallismo la pasión de este emperador por la lucha: “… ordenó la cele­bración de espectáculos públi­cos, anunciando que daría muerte con su propia mano a todo tipo de animales salvajes y que como un gladiador se en­frentaría a los jóvenes más fuertes. (…) Animales de la In­dia y de Etiopía, del sur y del Norte, si antes eran descono­ci­dos, los mostraba a los romanos a la vez que les daba muerte (…) aunque su actuación, a excepción de su valor y puntería, era im­propia de un emperador, todavía gozaba de cierto ca­risma entre el pueblo.

Pero cuando entró en el anfiteatro desnudo y, blan­diendo sus armas, se puso a luchar como un gladiador, en­tonces el pueblo contempló un triste espectáculo: el muy noble emperador de Roma, después de tantas victorias conseguidas por su padre y sus antepasados, no tomaba sus ar­mas de soldado contra los bárbaros en una acción digna del imperio romano, sino que ultrajaba su pro­pia dignidad con una imagen vergonzosa en extremo y deshonrosa (…) A tal grado de locura llegó que ya ni quería habitar el palacio im­perial sino que quiso trasladarse a la es­cuela de gladiado­res. (…) De la enorme estatua del Coloso que veneran los roma­nos y que representa la imagen del sol hizo cortar la cabeza y mandó poner la suya, ordenando que inscribieran en su base los habitua­les títulos imperiales y de su familia, pero en lugar del calificativo de «Germánico» puso el de «Vencedor de Mil Gladiadores»”.

Lo peor estaba por llegar. Cómodo, un bello atleta, acostumbrado al ejercicio físico diario, se identificó con Hércules y se divertía en Roma con los juegos del circo y un día decidió bajar él mismo a la arena para ser aclamado como gladiador o cazador (venator). A partir de entonces, en unas 700 ocasiones luchó contra gladiadores desarmados y que daba muerte a muchos de ellos, que aniquilaba a lisiados que se arrastraban por las calles de Roma, que mataba animales, torturaba esclavos y celebraba grandes orgías en las que dilapidaba las riquezas del reino. Además, brilló en las cacerías de animales, las ‘venationes’: Él solo, con sus propias manos, mató cinco hipopótamos y dos elefantes en dos días seguidos”, escribe Dion Casio. “Y también mató rinocerontes y un camello”. Herodiano, por otra parte, contó que en una ocasión mató a cien tigres utilizando exactamente cien jabalinas.

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