Crónica

El futuro del Trono del Crisantemo y el desafío de la sucesión

Por Darío Silva D’Andrea / Coronas Reales

La sucesión al trono ha sido un tema espinoso y preocupante en Japón en las últimas décadas y puede convertirse en un gran tema de debate ahora que el emperador Akihito anunció su intención de abdicar en los próximos años. El príncipe heredero del trono, Naruhito, no tiene descendencia masculina. El nacimiento en 2001 de su única hija, la princesa Aiko suscitó en la opinión pública un debate sobre la necesidad de promover una reforma legal que aboliera la ley sálica, permitiendo así a las mujeres sentarse en el Trono. Akihito, atribulado por la falta de herederos varones, mantuvo una cautelosa reserva ante una cuestión que adquirió máxima relevancia en 2004, cuando el Gobierno que encabezaba el primer ministro Junichiro Koizumi anunció su intención de abordar una revisión de la Ley de la Casa Imperial con el objeto de equiparar los derechos sucesorios y dinásticos de los príncipes y las princesas. Para Koizumi, la pronta promulgación de la nueva ley permitiría que Aiko fuera educada para ser la primera emperatriz reinante desde el siglo XVIII, algo que contaba con el apoyo de más del 70% de los japoneses.

En enero de 2006, Koizumi, luego de nombrar un panel de expertos que lo aconsejó, confirmó la intención de enviar a la Dieta un proyecto de reforma de la Ley de la Casa Imperial, que también se encaminaría a permitir a las mujeres mantener su estatus si contraían matrimonio morganático, como ocurría con los miembros masculinos: las dos nueras del emperador, las princesas Masako y Kiko, son plebeyas. En ese momento, los japoneses seguían con vivo interés el hervidero de informaciones y rumores a que estaba dando pie la, en otros tiempos, silenciosa familia imperial. Por un lado, el príncipe Akishino y el príncipe Tomohito (primo del emperador) criticaron abiertamente a los príncipes herederos por no cumplir sus responsabilidades.

Por otro lado, la nonagenaria princesa Takamatsu, tía de Akihito, viuda del príncipe Takamatsu y nuera del emperador Taisho, se convirtió en una de las grandes defensoras de Masako y especialmente de la sucesión de Aiko. Considerada una gran defensora de la igualdad femenina, la princesa -descendiente del último shogún Tukugawa-, expresó su deseo de que Aiko fuera emperatriz apelando a la historia japonesa. “Me siento realmente emocionada con la llegada de la pequeña Aiko al mundo”, dijo. “Pero, ahora, el tema que nos ocupa es que aquellos responsables de la legislación deberían cautelosamente considerar lo que hacer con esa primera cláusula de la Ley de la Casa Imperial. Dada la historia imperial de Japón, no creo que sea antinatural que un miembro femenino de la Familia Imperial pueda convertirse en la 127ª monarca del país”.

El 7 de febrero de 2006 el plan de reforma de la Ley de la Casa Imperial que otorgaría a Aiko derechos sucesorios quedó frenado en seco al anunciar la Casa Imperial que la princesa Kiko (esposa del príncipe Akishino), a los 39 años, estaba embarazada de su tercer hijo. Se habían casado en 1990 y hasta entonces tenían dos hijas, las princesas Mako y Kako. No hubo ningún pronunciamiento oficial hasta el día del parto, el 6 de septiembre de 2006, cuando se supo que, en efecto, el emperador era por primera vez abuelo de un príncipe; el príncipe recibió el nombre de Hisahito y como primer nieto varón del emperador está destinado a sucederlo en el trono imperial. Era el primer varón nacido en la familia después de 41 años.

Más allá de la persona del príncipe Hisahito, sin embargo, la situación puede parecer igualmente preocupante, ya que una dinastía hereditaria se sustenta de herederos, que escasean en el linaje nipón. Siguiendo la tradición, las princesas de la familia pierden su estatus real, su título y todo tipo de privilegios cuando contraen matrimonio, convirtiéndose legalmente en plebeyas y súbditas del emperador. Esto sucedió en 2005, cuando la princesa Sayako, hija de los emperadores, se casó con un funcionario del gobierno de Tokio.

En 2014 la princesa Noriko, sobrina del emperador, contrajo matrimonio con el hijo del sacerdote sintoísta de Izumo Taisha, y dejó de ser miembro de la familia imperial. Tiempo antes, había fallecido el príncipe Katsura, primo del emperador, y años antes había fallecido el príncipe Tomohito. De este modo, la Casa Imperial japonesa, en la que solo los descendientes masculinos por línea masculina cuyo padre o abuelo paterno haya sido emperador pueden ocupar el trono, está viendo amenazada su supervivencia por el previsible fallecimiento de sus miembros masculinos y la salida de los femeninos que contraen matrimonio.

Hoy la familia imperial está conformada por 20 miembros, incluyendo al emperador y a su tío, el príncipe Mikasa, que tiene 100 años. En la línea sucesoria hay cinco hombres: Naruhito, el príncipe Akishino, su hijo Hisahito; el príncipe Hitachi, hermano menor del actual emperador; y el príncipe Mikasa, hermano menor de Hirohito. Ateniéndonos a la realidad, es previsible que los príncipes Hitachi y Mikasa sean los primeros en fallecer, por ser los más longevos.

Por otra parte, en vista de las edades que tienen tanto el príncipe heredero como su hermano y sus respectivas consortes, no hay esperanzas de que tengan más descendencia. Así, dentro de una o dos décadas, la familia imperial podría quedar reducida a cinco miembros: el actual príncipe heredero, su hermano el príncipe de Akishino, sus respectivas consortes y el príncipe Hisahito. El aislamiento del niño heredero, al no tener otros miembros masculinos en su misma generación, hace augurar una situación crítica cuando llegue al trono, ya que lo haría como “emperador solitario”.

EL NIÑO QUE SALVÓ A LA DINASTÍA

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Hisahito nació el 6 de septiembre de 2006 como el primer nieto varón del emperador. El nombre de quien ocupa desde entonces el tercer lugar en la línea de sucesión nipona se compone de los ideogramas “Hisa”, -que significa “lejano” o “sosegado”- y “Hito” -que significa “persona virtuosa” y es un sufijo que se añade al nombre de pila de los príncipes imperiales desde el Período Heian (794-1185). Sus padres le llaman afectuosamente “Yu-yu” o “Yu-chan”, apelativos cariñosos para los niños nipones.

Dentro de los muros palaciegos, el curioso príncipe Hisahito hoy lleva una vida casi monástica y con escaso contacto con gente común. Juega en los jardines, lee libros sobre peces y observa insectos, despreocupado por el futuro que le espera como 127 emperador y poco -o quizás nada- consciente de que su nacimiento liberó al sistema monárquico de su país de grandes dolores de cabeza. Su vida transcurre por ahora lejos de la agitación mediática, al igual que el resto de la familia imperial, cuyos actos, gestos y mensajes son revisados y tratados con impecable meticulosidad por la Kunaicho, confiriendo a sus miembros un aura de intocable y misteriosa divinidad.

La educación del heredero está planificada al milímetro por la familia imperial y la corte. “El joven príncipe debe recibir una educación mediante la cual puede llegar a afrontar sus responsabilidades”, dijo el profesor de la Universidad de Kyoto Sangyo Isao Tokoro, un experto en asuntos imperiales. “Él tiene que adquirir un marco intelectual y espiritual considerado indispensable para un emperador, como la cortesía, la estoicidad, la disciplina y el respeto hacia los demás. Clásicos de la literatura japonesa, historia imperial, poemas y otros temas como la caligrafía tradicional son las asignaturas consideradas necesarias para un miembro de la familia Imperial”.

Para cuando llegó al trono, el joven emperador Hirohito había asistido a una escuela instalada exclusivamente para él y otros cinco compañeros de clase (hijos de nobles y sacerdotes) en el palacio imperial. Fue el primer príncipe imperial educado de esta forma. Allí se le instruyó en un amplia abanico de temas, como la historia nipona, la ética, las matemáticas, clásicos chinos, y reconocidos expertos y funcionarios militares le enseñaron a montar a caballo.

Debido a la guerra, no se pudo crear ninguna escuela especial el futuro emperador Akihito, pero desde la primaria hasta la universidad asistió a Gakushuin, una institución educativa privada de Tokio establecida originalmente para miembros de la familia imperial y los hijos de la nobleza. Allí también asistieron sus hijos, los príncipes Naruhito y Akishino. Pero Hisahito no es heredero directo del trono. El niño es, de momento, sólo un príncipe de una de las varias ramas colaterales de la familia imperial, por lo que su educación se deja en manos de sus padres para que ellos tomen las decisiones, lo que ofrece a Hisahito una gran libertad.

No creo que el príncipe Hisahito juegue a los videojuegos al igual que otros niños de su edad, pero parece llevar una infancia sin grandes restricciones”, opina el cronista Shinji Yamashita al «Japan Times». La “serenidad” de su nombre se traslada a su vida diaria. Según los voceros imperiales, el príncipe se muestra muy interesado en el aprendizaje de los complejos “kanji”, ideogramas de origen chino utilizados en la escritura japonesa y que forman uno de sus tres alfabetos, y cuando no se encuentra en el colegio, le gusta regar las plantas de arroz de su jardín. Si el mecanismo dinástico transcurre la misma serenidad, Hisahito ascenderá al trono tras su abuelo, su tío Naruhito y su padre, a mediados del siglo XXI.

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