Crónica

Secretos Cortesanos | El amante infiel de Catalina la Grande

Entre la enorme corte de fogosos amantes que coleccionó Catalina II de Rusia a lo largo de su agitada vida, destacaba el militar Gregory Potemkim (1739-1791), diez años más joven, a quien, en sus ardientes cartas, ella llenaba de besos y apodos: “mi alma gemela”, “mi tigre”, “mi lorito”, “mi infiel”, “mi león de la jungla”, “mi querida mascota”, “mi palomo”, “mi querido muñeco”, “pene dorado” y “mi bum bum profesional”.

El tuerto Potemkin fue el menos hermoso de todos los amores que tuvo Catalina. Ella lo deslumbraba y él correspondía sus atenciones llamándola “mi belleza marmórea”, aunque a veces le reprocha el hecho de que haya tenido tantos amantes antes que él. Potemkin se instaló en 1773 en el palacio imperial. Solamente tenía que subir una escalera en espiral y llegaba a los aposentos de Catalina, quien lo esperaba desnuda.

El militar la divertía, la asombraba, la encantaba: “Siento la cabeza como si fuera la de una gata en celo”, confesaba ella. Como no estaban casados, Potemkin se sentía en la libertad de compartir su cama con otras mujeres, lo que enfurecía y un poco excitaba a la emperatriz: “¡En todo mi cuerpo no hay una célula que no te busque, oh, infiel!”, le escribió.

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