Crónica

Las carreras de Ascot: cuando la realeza va al hipódromo con distinción

Las tradicionales carreras de caballos de Royal Ascot, en Berkshire, Inglaterra, constituyen quizás el evento deportivo y social más importante de este país. Celebridades, millonarios extranjeros, nobles y políticos se visten con sus mejores galas para disfrutar de las carreras, pero entre sus más distinguidos asistentes se encuentra, sin falta, la reina Isabel II, una gran aficionada a los caballos y las carreras.

El evento tiene lugar en la localidad de Ascot, a 10 kilómetros del castillo de Windsor, la emblemática fortaleza-residencia de Isabel II, y combina a la perfección la pasión inglesa por el deporte ecuestre, los picnics y los sombreros. Cinco días, 30 carreras (incluyendo 17 Class Group) y los mejores caballos del planeta integran el Royal Ascot.

Fue la reina Ana de Inglaterra (1665-1714) quien vio en esa zona las ventajas para que “los caballos galopen al máximo de su capacidad”, y la primera carrera se corrió el 11 de agosto de 1711. En 1713, el Parlamento británico estableció el uso del recinto de Ascot como hipódromo, pese a ser una posesión de la Corona.

En 1768, en el reinado de Jorge III, el evento adquirió el formato de tres días, como se lo conoce hoy en día, y en 1794 se construyó el primer espacio exclusivo para las carreras, con capacidad para 1650 personas, cifra que difiere notablemente de las aproximadamente 300.000 que asisten anualmente a las carreras que se celebran cada año a mediados de junio.

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Cada día abre la jornada llegando en carroza al frente de la Royal Procession, desfile de caruajes al que solo acceden la reina y sus invitados personales. La procesión en calesa transportando a la familia real es una idea de Jorge IV y data de 1825, lo mismo que la institución de la Royal Enclosure, el recinto privado donde de la soberana invitaba a sus amigos.

No importa quién pueda obtener el privilegio de penetrar en el royal box, siempre que haya presentado previamente una carta de presentación ante el Despacho de Ascot, que se encuentra en el Palacio de St. James. Corresponde al marqués de Abergavenny, después de una votación, decidir si la persona que se postula resulta digna de ver las carreras y beber champán con la reina.

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La Royal Procession de las cinco calesas descapotables desde el Castillo de Windsor hasta Ascot constituye un espectáculo que los ingleses adoran. Cada uno es tirado por cuatro caballos. En el primero viajan la reina y el jefe de las Caballerizas Reales; en los otros cuatro, los miembros de la familia real y los invitados calificados. Los lacayos y conductores llevan libreas púrpura, oro y escarlata.

La veterana reina Isabel, de 89 años, es dueña de una importante cuadra y ya ganó 22 veces las carreras de Ascot. Ella, sus familiares y sus invitados especiales presencian las carreras, apuestan y de vez en cuando, ganan algunas libras. Además, miembros de las familias más acaudaladas del país asisten a presenciar y apostar en las carreras, llevando sus propias canastas de picnic con caviar, sandwiches y champán.

El sitio web del hipódromo emite una lista de reglas para la vestimenta de los asistentes. Los caballeros deben vestir una camisa y corbata con una chaqueta o traje. Los pantalones de jean, pantalones cortos, camisetas y ropa deportiva (incluyendo de fútbol y de rugby y zapatillas deportivas) son prendas terminantemente prohibidas. Entre el público femenino, son mal vistos los vestidos que dejan hombros, rodillas y espalda a la vista, pero para los sombreros no hay límites. En 2008 el protocolo de vestimenta se hizo más estricto cuando la reina supo que una joven dama se presentó sin ropa interior.

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