Los Bernadotte (I): Un francés revolucionario en el trono sueco

Los datos más antiguos e históricamente seguros que existen sobre la monarquía sueca son los relatos del siglo IX sobre el reino de los Svears, recogidos en las leyendas de Ansgar, que describe viajes de ese misionero cristiano a Birka, centro comercial de aquel reino. No obstante, sólo se conoce con seguridad los nombres de los reyes a partir del año 980, aproximadamente.

La lista de reyes suecos durante más de 1.000 años comprende más de 50 monarcas de 11 dinastías distintas. A pesar de semejante e ilustre historia, el actual rey, Carlos XVI Gustavo –los reyes suecos cuyo numeral es par utilizan un segundo nombre– no desciende de ellos. Al menos no directamente. Su dinastía, la de los Bernadotte, es de ascendencia francesa, elegida para ocupar el trono de Suecia en 1810.

Después del golpe de Estado de 1809 fue elegido rey un tío del monarca depuesto, que fue coronado con el nombre de Carlos XIII. Pero Carlos era ya un hombre anciano y enfermo que no tenía hijos (sólo uno ilegítimo) y debió elegir un heredero. Adoptó primero a un pariente joven y danés, Carlos Augusto de Augustenburgo, quien, para simplificar la crisis dinástica, no vaciló en morir un mes después de su elección, a causa de un accidente.

El Parlamento (Riksdag) eligió entonces al mariscal francésJuan Bautista Bernadotte, un general del imperio napoleónico que tomó el nombre de Carlos Juan. Las testas coronadas del Viejo Mundo quedaron sorprendidas y algunas indignadas de que Bernadotte, un simple general, súbdito de Napoleón, fuera elevado a la condición de príncipe de uno de los reinos más ilustres, el cual nunca había conocido.

Bernadotte tenía una brillante carrera como soldado y oficial en la Francia napoleónica. En 1780, a sus 17 años, se alistó como soldado y catorce años más tarde ya era General de División. En 1804, con la coronación de Napoleón Bonaparte, fue designado mariscal del Imperio y único comandante de las fuerzas del norte de Alemania.

En 1818 murió Carlos XIII, y Bernadotte fue coronado Rey de Suecia y Noruega con el nombre de Carlos XIV Juan, pero jamás llegó a hablar el idioma sueco, y sentía gran desconfianza en el pueblo. Razones no le faltaban si recordaba la forma en que los suecos habían tratado a sus últimos gobernantes antes de su llegada a Suecia: Gustavo III había sido asesinado y su hijo, Gustavo IV había sido enviado al exilio luego de ser derrocado. El mismo años de su desembarco en Estocolmo, el más eminente noble del país, el conde Axel von Fersen, había sido muerto a golpes por los ciudadanos bajo la indiferente mirada de las tropas.

Carlos XIV Juan, desconocido extranjero, una especie de usurpador del añejo trono de los suecos, temía una nueva revolución. Sentía la necesidad de hacerse popular, pero su temor a las revoluciones y su inclinación a los agentes secretos y las intrigas repelían a muchos. Se sintió un poco más seguro después del nacimiento de su primer nieto, el príncipe Carlos, en 1826, cuando el futuro de la dinastía estaba asegurado, y mostró su creciente confianza en sí mismo un año más tarde, al dar el nombre de Gustavo (nombre tradicional de los reyes suecos) al segundo hijo del príncipe heredero.

Carlos XIV Juan se esforzó en comprender a los suecos y se dedicó para ello a estudiar fervientemente la historia de su nación. El cumplimiento del deber de la época de los reyes Carlos XI y Carlos XII, la simplicidad y la moderación durante esta fase final de la era de Suecia como gran potencia le atraían.

Al final de su reinado, Carlos XIV elegía personalmente a sus ministros, entre burócratas leales que ejecutaban sus órdenes sin replicar, y se fue haciendo cada vez más evidente que quien gobernaba era sólo él, y que aquel general de la revolución que en Francia desterró a sus reyes, se había convertido en una especie de autócrata real al estilo antiguo.

Tras su muerte se encontró un curioso tatuaje grabado en su cuerpo que decía: “Mort aux rois” (“Muerte a los Reyes”), presumiblemente realizado durante la Revolución Francesa. Bernadotte murió en Estocolmo el 8 de marzo de 1844 y fue sucedido, para orgullo de la oposición política, por su único hijo, el liberal Oscar I.

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