Crónica

En medio de la crisis, renace la esperanza de la monarquía en Brasil

Por Darío Silva D’Andrea

Con la presidenta Dilma Rousseff al borde del juicio político que podría destituirla y el Brasil en crisis política, no son pocos los brasileños que se preguntan si vale la pena continuar con el sistema republicano. De hecho, en las recientes marchas antigubernamentales, multitudinarias, por cierto, en Río de Janeiro y San Pablo, muchos son los ciudadanos que hicieron volar las banderas del viejo Imperio de Brasil en lugar de la actual bandera. Los nostágicos de la desaparecida monarquía brasileña proponen una solución mirando al pasado: ¿por qué no restaurar el régimen derrocado por el republicanismo hace 127 años?

El monarquismo de Brasil admira a los descendientes de don Pedro II, el último emperador, muerto en el exilio, y recuerda con devoción y cariño a la princesa Isabel, la regente que abolió la esclavitud antes de que los terratenientes y otros poderosos del imperio decidieran expulsar a la dinastía. La voz más activa de los descendientes de Isabel es la del príncipe don Bertrand de Orleáns-Braganza, de 75 años, bisnieto de Pedro II y segundo en la sucesión dinástica.

El príncipe, abogado de profesión, preside la casa real debido a la mala salud de su hermano mayor, el príncipe Luiz, de 77 años, y ha salido a las calles junto a miles de brasileños para protestar contra la presidenta Rousseff. Según el diario Folha, decenas de admiradores de la vieja monarquía lo alentaron, lo vivaron y se hicieron fotos con él. “Mientras que acepta el carácter no partidista que debe tener el monarca de un imperio, Bertrand centra su crítica en PT, partido que ve como el artífice de un plan para imponer el socialismo en el país“, dice Folha.

“Nuestra bandera es de color verde y amarillo y nunca será roja”, repite sin cesar el príncipe en discursos y pronunciamientos publicados por internet. El príncipe ha repudiado públicamente a aquellos que tienen la intención de aplicar en nuestro país algo que fracasó al otro lado del telón de acero. En medio de la actual insatisfacción popular con el gobierno que encabeza Rousseff, el príncipe considera este un momento ideal para atraer adeptos a la idea de sustituir al presidente por un emperador de la Casa Orleáns-Braganza, y asegura que hay cada vez mayor interés en la causa imperial.

La monarquía asegura la unidad, la estabilidad y la continuidad“, dice don Bertrand, que propone un Segundo Imperio actualizado con las circunstancias, es decir, constitucional y parlamentario, con un primer ministro que tome decisiones basado en el consenso parlamentario y el consejo del emperador. El monarca, como sucede en países como España, Gran Bretaña, Holanda, Suecia, etc, ostentaría un poder simbólico encargado de aconsejar, advertir y alentar a los funcionarios electos por el voto popular.

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El príncipe Bertrand en una marcha en la Avenida Paulista

¿Tiene la monarquía en Brasil tanto apoyo como parece? El 7 de septiembre 1993 se celebró un referéndum nacional que había sido prometido por el régimen que derrocó a Pedro II, en 1889. En esta ocasión, más de un siglo después, solo el 10 por ciento de los brasileños se manifestó a favor de reinstaurar a la Casa de Orleáns-Braganza en el trono. Pero actualmente parece ser mayor el número de ciudadanos que apoya la causa monárquica, convencida de que el país necesita un “árbitro” entre los partidos políticos y ofrezca neutralidad y estabilidad al sistema democrático.

Otro de los actuales descendientes del emperador Pedro II es el príncipe João Henrique de Orleans e Bragança, de 61 años, perteneciente a otra rama de la familia, quien no está muy seguro de que Brasil tenga ganas de instaurar una monarquía, pero afirma que esto tiene ventajas: “Las familias reales son educadas desde pequeños a los principios que se relacionan con Brasil, las instituciones, la democracia, y esto tiene un gran peso público. Ninguno de nosotros tiene funciones partidistas o políticas”.

“La realidad del mundo muestra que la monarquía parlamentaria es mucho más austera que la república, pues cuesta mucho menos dinero”, dijo en una oportunidad otro príncipe imperial, el fallecido don Pedro Gastão, tío del rey Juan Carlos de España. “El ex presidente Sarney estuvo en la Unión Soviética con dos Jumbos llenos de gente. Don Pedro II fue a Rusia con una comitiva de cuatro personas y todo pagado de su bolsillo. La pompa puede existir sin costar nada y hasta rendir dividendos con el turismo“. La discusión sobre el sistema -presidencialista o parlamentario- ya está abierta y los monárquicos no se quedan atrás en su campaña para llevar al trono a un heredero de Pedro II.

La familia Orleáns-Bragança es descendiente en línea directa de grandes reyes de Europa, como Carlomagno, Fernando I de León y Castilla, Guillermo I de Inglaterra o Luis XIII de Francia, nexo de unión de los Borbones españoles y los Orleans de Francia. Cuando el rey João VI de Portugal salió de Lisboa rumbo a sus colonias sudamericanas huyendo de Napoleón el 29 de noviembre de 1807, se instaló en Río de Janeiro principio/rey que en marzo de 1808 se instaló en Río de Janeiro con su familia y 15.000 cortesanos.

El rey transformó a Brasil en un imperio que luego declaró su independencia con su hijo, Pedro I, a la cabeza. Su nieta, la princesa Isabel Leopoldina, propiciaría la abolición de la esclavitud en 1888 y por inercia la República (15 de noviembre de 1889). Pedro II (1825-1891), el último emperador, salió junto con su familia hacia el exilio el 17 de noviembre de 1889, dos días después de proclamarse la república. Desde entonces, Brasil no tuvo estabilidad política: seis disoluciones del Congreso, tres presidentes impedidos de asumir, nueve gobiernos autoritarios, dos largos periodos dictatoriales, 19 rebeliones militares, 12 estados de sitio y, hoy, una presidenta acusada de corrupción y a punto de ser destituida.

LOS HEREDEROS. Don Bertrand vive junto a su hermano Luiz en São Paulo, en un apartamento en el barrio de Higienópolis. Se dedican a dar conferencias en varias instituciones y universidades y para subsistir también recibes donaciones de monárquicos. Durante el imperio, el centro de la corte estuvo en Petrópolis, lugar escogido por los miembros de la familia imperial para veranear. En la ciudad todavía se puede visitar, por ejemplo, el antiguo palacio imperial donde veraneó durante 50 años Pedro II hasta que fue exiliado a Europa. Más de un siglo después, quienes venden edificios en el centro de esta ciudad de la región serrana de Río de Janeiro tienen que pagar lo que se llama el “laudemio”, un 2,5% del valor del inmueble, a los herederos del último emperador de Brasil.
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Creador y autor de Secretos Cortesanos. En Twitter y en Instagram soy @dariosilvad.