Crónica

El inigualable esplendor del Palacio de Caserta, el Versalles italiano

De todas las espléndidas obras que los Borbones crearon para embellecer y modernizar el Reino de las Dos Sicilias, la más preciosa es el Palacio Real de Caserta, Italia, proyectada por el arquitecto holandés Ludwig Van Wittel (en italiano, Vanvitelli). El Palacio y su parque, incluidos por la UNESCO en la World Heritage List en 1997, son dos joyas de inigualable esplendor.

El suntuoso palacio es una fusión ideal y original de otras dos residencias reales: el Palacio de Versalles de los reyes de Francia y el madrileño Palacio del Escorial, antigua residencia de los reyes de España. Fue construido por petición del rey Carlos VII de Nápoles (futuro rey Carlos III de España, nieto del Rey Sol de Francia), quien concibió la residencia como una forma de simbolizar y glorificar su poder.

Aparte, pretendía situar en Caserta la corte y todo el aparato del Estado, creando una suerte de segunda capital más cómoda, más salubre y segura que Nápoles. Además, buscaba un lugar de recreo en el que poder cazar, y Caserta reunía todas las condiciones requeridas. Sumamente cuidado en los detalles y estructurado a partir de cuatro patios monumentales, la construcción aparece introducida por un escenográfico parque, meta de miles de turistas.

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El Palacio aparece con un auténtico conjunto monumental que ocupa 45.000 metros cuadrados y que, con sus cinco plantas, alcanza una altura de 36 metros. En la fachada principal se abren 143 ventanas y cuenta con nada menos que 1200 habitaciones y 34 escalinatas. El edificio de ladrillo y los pisos inferiores aparecen revestidos con lastras de travertino. Toda la estructura se corona con una amplia cúpula central.

En su interior sorprende la sucesión continua de estucos, bajorrelieves, frescos, esculturas y suelos de taracea. Son destacables los de la Sala de Astrea, de la Sala de Marte y de la Sala del Trono. Esta última es la mayor de los apartamentos reales y venía utilizada como sala de recibimiento de las personalidades. Las partes más impresionantes del palacio son, probablemente, el conjunto del atrio, la monumental escala de honor y la capilla.

La Capilla Palatina, diseñada en su totalidad (incluida la decoración) por Vanvitelli es el espacio que más que ningún otro muestra una clara analogía con el modelo de Versalles. Destaca también el Teatro de la Corte (1769), admirable ejemplo de arquitectura teatral del siglo XVIII compuesta por una sala en forma de herradura redondeada y solemnizada por la particular disposición de las columnas, de orden gigante.

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Pero no son los únicos ambientes que impresionan. La pinacoteca en su interior se dispone a través de una serie de habitaciones unidas entre sí donde se exponen numerosas pinturas de naturalezas muertas, acontecimientos bélicos y retratos de la rama de la Casa española de Borbón que reinó sobre las Dos Sicilias durante el siglo XIX.

El Apartamento Vecchio acoge el pesebre borbónico, gran afición de la noble familia de la cual derivó la conocida tradición napolitana para la decoración navideña. La Biblioteca Palatina (1784) se encuentra al lado de los Apartamentos de la Reina. El espacio aparece delicadamente decorado con relieves y frescos, como el de los signos del Zodíaco y las constelaciones, siguiendo un diseño del mismo Vanvitelli. Son evocadoras las salas dedicadas a las cuatro estaciones.

Pero gran parte de la majestuosidad y de la belleza del Palacio Real de Caserta se encuentra en el parque, un típico ejemplo de jardín de estilo italiano, constituido por vastos prados, céspedes cuadrados y, sobre todo, una celebración de los juegos de agua. A lo largo del eje central se suceden estanques, fuentes y cascadas, adornadas con grandes conjuntos escultóricos.

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El resultado es de un efecto espectacular de gran impacto que culmina con la Gran Cascada. El parque se extiende hasta lo alto de la colina que precede al palacio, donde un jardín inglés sirve de marco para un paseo entre plantas exóticas. Singular es el hecho de que el jardín inglés, menos simétrico respecto al italiano, fue un deseo de la reina María Carolina de Austria y se plantaron numerosas plantas autóctonas y exóticas, entre ellas algunos bellísimos cedros del Líbano.

Ni Carlos de Borbón ni Vanvitelli vieron el palacio terminado. Don Carlos heredó el trono de España tras la muerte de su hermano Fernando VI y se trasladó a su país natal en 1759 para reinar con el nombre de Carlos III. El segundo murió en Caserta en 1773 cuando el edificio aún no se había concluido. Hoy no son los miembros de la familia real, los nobles cortesanos o sus huéspedes ilustres (como Goethe) quienes ocupan la reggia de Caserta.

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