Crónica

Alexander, un nombre con antecedentes trágicos en la realeza europea

El miembro más joven de la monarquía sueca, el príncipe Alejandro, duque de Södermanland, es el quinto nieto de los reyes de este país escandinavo. Su nombre, Alejandro (Alexander, en sueco) no encuentra precedentes en la extensa monarquía sueca, de 1.000 años de historia.

De hecho, muy pocos personajes de la realeza europea se llamaron Alejandro en los últimos siglos y la mayoría vivieron y murieron marcados por la tragedia. Uno de ellos, el rey Alejandro III de Escocia (1241-1486) murió accidentalmente, a la edad de 44 años, luego de una caída de caballo cuando se dirigía en una noche de tormenta al encuentro de su esposa.

El ya desaparecido Imperio Ruso tuvo tres zares y un puñado de grandes duques llamados Alejandro. Uno de ellos, Alejandro III, que reinó entre 1855 y 1881, fue asesinado por un revolucionario que arrojó una bomba al carruaje del zar. Su nieto, el gran duque Alejandro, destinado a ser zar ruso, murió de meningitis cuando tenía muy pocos meses de vida. En Inglaterra, uno de los 42 nietos de la reina Victoria, el príncipe Alejandro de Gales, nació en 1870 pero gozaba de una salud tan mala que murió un día después de su alumbramiento.

En Grecia, hubo un rey llamado Alejandro I, catapultado al trono en 1917 tras una revolución que lo convirtió en un rey títere y prisionero. En 1920, a los 27 años de edad, uno de los monos que criaba en su palacio lo mordió y le contagió rabia, muriendo el soberano unas horas después. Catorce años más tarde, en 1934, el rey Alejandro Karadjorgevich de Yugoslavia murió asesinado en Marsella, Francia. Su antecesor, el rey Alejandro Obrenovich, fue asesinado en 1903 tras haber causado una gran indignación popular con su matrimonio con una plebeya.

 

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